22.6.20

Beethoven: Trío para piano, violín y violonchelo nº. 3 Op. 1 nº. 3

Los tres Tríos Op. 1 fueron las primeras obras a las que Beethoven consideró dignas de dar un número de opus. A cuento de una de ellas hubo otro encontronazo con Haydn, que os cuento en este fragmento de mi Vida de Ludwig van Beethoven:

Sin duda el proyecto más ambicioso de estos primeros meses en Viena fueron los tres tríos para piano que empezó a escribir en 1794 (aunque es posible que ya se trajese esbozos de Bonn) y que son las primeras obras que consideró merecedoras de llevar un número de opus. Estas piezas musicales se ensayaron a conciencia y se presentaron en casa del príncipe Lichnowsky, a quien están dedicadas. En agosto de 1795, cuando aún no se habían publicado, regresó Haydn de Inglaterra y, como es lógico, se requirió su opinión sobre estas primeras obras importantes del que todo el mundo seguía considerando, sobre todo, su alumno. Ries cuenta que Haydn alabó las obras, que habían causado una «tremenda convulsión», pero aconsejó a Beethoven que no publicase el último de los tríos, ya que, según dijo después al propio Ries, consideraba que el público no lo entendería bien y por lo tanto no sería recibido como se merecía. Sin embargo, Beethoven se lo tomó a mal y consideró que su antiguo maestro hablaba movido por la envidia y no tenía buena disposición hacia él. 

Finalmente, en julio-agosto de 1795, el editor Artaria publicó los tríos tal cual, sin seguir el supuesto consejo de Haydn. Fue una edición por suscripción; el príncipe Lichnowsky compró 20 ejemplares, tres su esposa, la princesa Christiane, y dos cada uno su hermano el conde Moritz (que, como su cuñada, era un excelente pianista) y su hermana la condesa Henriette. En total, se suscribieron 123 personas que se hicieron con 241 ejemplares. Beethoven pagó a Artaria un florín por cada ejemplar y la suscripción fue de 1 ducado. Teniendo en cuenta que, aproximadamente, un ducado equivalía a 4,5 florines, Beethoven obtuvo un beneficio bastante considerable de su primera aventura músico-editorial. (p. 46)

Aquí tenéis el tercero de los Tríos, el objeto de la polémica.

15.6.20

Beethoven: "Las criaturas de Prometeo" Op. 43

Las criaturas de Prometeo es uno de los dos ballets de Beethoven (el otro es el Ritterballet WoO 1, escrito en Bonn en 1790-91 y que en principio se presentó como obra de uno de sus principales protectores allí, el conde Waldstein). Esta segunda pieza, basada en un libreto de Salvatore Viganò que no se conserva, se compuso en 1800-01 y se estrenó el 28 de marzo de 1801. No se publicó su versión orquestal en vida de Beethoven. Va a servir esta obra no muy conocida para hablar de las relaciones de Beethoven con Haydn en los primeros tiempos de Viena; os pongo dos fragmentos de mi Vida de Ludwig van Beethoven:


Muy poco después de la llegada a Viena comenzaron las lecciones con Haydn. Ya el 12 de diciembre [de 1792] hay en el diario la anotación de un pago de 8 groschen para el maestro; en octubre del año siguiente aún se encuentran notas sobre compras de chocolate y café para Haydn. Esto demuestra que las clases se mantuvieron al menos hasta la partida de Haydn para su segundo viaje a Londres, en enero de 1794. 

Las lecciones de Haydn se basaron sobre todo en el contrapunto y utilizó como libro de texto un resumen hecho por él del Gradus ad Parnassum de Johann Joseph Fux. Se conservan 245 ejercicios de los realizados por Beethoven para Haydn, de los cuales 42 están corregidos. Pero hubo fallos cometidos por Beethoven que Haydn no vio y también fallos cometidos por él mismo. Esto demuestra que no dedicó todo el tiempo necesario a la instrucción de su alumno, dado que tenía muchas otras obligaciones, como preparar su inminente y nuevo viaje a Londres. Y esa falta de constancia es lo que seguramente llevó a Beethoven a decir que aunque hubiese recibido algunas lecciones de Haydn jamás había aprendido nada de él y a negarse a poner junto a su nombre en sus primeras obras el añadido «alumno de Haydn», como le hubiese gustado al maestro. (p. 31)

No hay pruebas que indiquen que Beethoven reanudase las clases con Haydn después del regreso de este de Inglaterra, en agosto de 1795. Lo más seguro es que siguiese teniendo el respeto debido a un músico tan venerable, pero no sin críticas e incluso ataques. Ries nos dice que «Haydn rara vez salía sin alguna pulla. El rencor de Beethoven en este caso es probable que se remontase a tiempos anteriores». Otra prueba de esta latente rivalidad fue la innecesaria réplica de Beethoven cuando Haydn lo felicitó por la música que compuso para Las criaturas de Prometeo: «Querido papá, es usted demasiado bueno, pero no es La creación ni mucho menos». La respuesta de Haydn fue lógica: «No, no lo es ni creo que nunca lo sea». (p. 33)

Pues aquí tenéis la obra que provocó el comentario elogioso del maestro, la respuesta insolente del discípulo y la réplica áspera otra vez del maestro:

8.6.20

Beethoven: Seis variaciones sobre "Nel cor più non mi sento" WoO 70

Hablemos de las primeras composiciones de Beethoven tras su llegada a Viena (y de su célebre galantería con las damas):

La variación era un género musical que tenía mucho predicamento en Viena por aquella época. No es de extrañar, pues, que Beethoven (...) se prodigase en sus primeros años en la ciudad escribiendo conjuntos de variaciones sobre determinados fragmentos de obras escénicas populares. Viene a cuento a este respecto una célebre anécdota que narra Wegeler, que hubo de tener lugar hacia finales de junio de 1795 y según la cual, estando Beethoven con una dama «muy querida por él» en el palco de la ópera escuchando La molinara, de Giovanni Paisiello, al llegar el famoso dúo «Nel cor più non mi sento», la joven se lamentó de haber perdido unas variaciones que en su día había tenido sobre este tema. La respuesta de Beethoven fue componer, aquella misma noche, seis variaciones (WoO 70) que le regaló; Wegeler añade que la pieza es tan fácil que seguro que «estaba pensada para que la dama las tocase a primera vista».


(De mi Vida de Ludwig van Beethoven, pp. 43-44)

Aquí tenéis la pieza, en muy buenas manos:

1.6.20

Beethoven: Octeto para instrumentos de viento Op. 103

En la anterior entrada me quejaba de lo abandonada que tenía esta bitácora y hacía propósitos de enmienda, pero... Huelga decir el motivo por el que de nuevo se hubo de abrir un paréntesis.

Voy a procurar cerrarlo. Sigo con Beethoven y he decidido que a partir de ahora voy a intentar que lo que ilustre la pieza musical presentada sea un breve pasaje de mi Vida de Ludwig van Beethoven (que, os recuerdo, si os interesa podéis conseguir aquí).

La obra de hoy es uno de las que nuestro genio compuso cuando aún no había abandonado su Bonn natal. El fragmento de hoy habla de su despedida de aquella ciudad y da una lista de composiciones de aquella época:

Una vez decidida la partida y otorgado a Beethoven solo el dinero necesario para el viaje, aunque con la promesa de mandarle más una vez llegado allí, sus amigos decidieron hacerle un álbum de despedida. No definitiva, pues la idea era que regresase al completar sus estudios y basar su vida profesional en su ciudad aunque realizase numerosas giras de conciertos. No sabía que no volvería nunca. 

El álbum de firmas incluye los nombres de los amigos con que se reunía en el restaurante de la viuda Koch, el Zehrgarten, quince entradas en total, aunque en él no figuran los músicos importantes de la ciudad. No se ha citado todavía a uno de estos amigos, Carl August Malchus, secretario del embajador de Austria, que pronto entabló una gran amistad con Beethoven, como lo demuestra su muy apasionada intervención en tal álbum: 

El firmamento de mi profundo amor une nuestros corazones con lazos que no pueden desatarse y solo la muerte puede destruirlos. Extiende la mano, querido mío, y así sea hasta la muerte.
Tu Malchus 

Eleonore von Breuning, de la cual, según Thayer, también se enamoró Beethoven (algo que, como es lógico su futuro esposo Wegeler no indicó en las Notizen) hizo su aportación citando al filósofo y poeta Johann Gottfried Herder: 

La amistad, con aquello que es bueno, 
crece como la sombra vespertina 
hasta la puesta de sol de la vida. 

Bonn, 1 de noviembre de 1792. Su verdadera amiga, Eleonore von Breuning 

Pero sin duda la anotación más famosa es la muy premonitoria que hizo el conde Waldstein: 

¡Querido Beethoven! Vas a Viena a colmar tus tan largamente frustrados deseos. El Genio de Mozart está de luto y llorando por la muerte de su pupilo. Encontró un refugio pero no ocupación con el incansable Haydn; por medio de él desea formar una unión con otro. Con la ayuda de un trabajo constante, recibirás el espíritu de Mozart de manos de Haydn.


Bonn, 29 de octubre de 1792                                                                                                                  Tu fiel amigo Waldstein. 

La fecha de la anotación de Eleonore demuestra que Beethoven aún se encontraba en Bonn el 1 de noviembre de 1792. Seguramente partió al día siguiente. 

Allí marchaba para estudiar con el compositor vivo más célebre, enviado nada menos que por el tío del emperador y con el aval del conde Waldstein, lo cual le abriría las puertas de los más importantes palacios de la aristocracia. Pero no iba de vacío, pues ya había compuesto bastante música en su ciudad natal. A lo largo de este capítulo se han citado algunas de esas obras. Otras dignas de mención son, por aproximado orden cronológico:

  • Dos preludios para piano u órgano, de c. 1789, publicados en 1803 como Op. 39. 
  • Dos arias para bajo (WoO 89-90), y una escena y aria para soprano (WoO 92) de c. 1791
  • Seis variaciones para piano o arpa sobre una canción suiza (WoO 64) de c. 1791. 
  • Un largo fragmento (259 compases) del primer movimiento de un concierto para violín en do mayor (WoO 5), de c. 1791. 
  • Un trío para piano, violín y violonchelo en mi bemol mayor (WoO 38), de c. 1791. 
  • Un concierto para oboe, perdido (Hess 12). 
  • 14 variaciones para piano, violín y violonchelo en mi bemol mayor, escritas c. 1792 y publicadas en 1804 como Op. 44. 
  • Tres conjuntos de variaciones para piano (WoO 40, 66, 67), todas de c. 1792. 
  • Un octeto para instrumentos de viento en mi bemol mayor, publicado póstumamente como Op. 103. 
  • La mayoría de las ocho canciones que aparecieron publicadas en 1805 como Op. 52, además de las WoO 110-115. 

También se llevó algunas obras comenzadas que concluyó en Viena y allí revisó asimismo piezas que había escrito en Bonn, como veremos en su momento.

Hasta aquí el fragmento de mi librillo y ahora, la música:



4.3.20

Beethoven: Sonata para piano en mi bemol mayor WoO 47 nº 1

No me da la vida, no me da la vida... Son demasiadas cosas y ya se sabe que quien mucho abarca poco aprieta. Quería haber dedicado más tiempo a este desangelado blog este año conmemorativo de los 250 años del nacimiento de Beethoven y aquí estamos, comenzando marzo, con la primera entrada... Pero, siguiendo con refranes, recurramos a eso de que nunca es tarde si la dicha es buena y procuremos enmendarnos. Consideraré esta entrada como un segundo arranque, después de la última, en la que os traje la que tal vez sea la primera obra compuesta por nuestro genio. La de hoy también es muy temprana, forma parte de un grupo de tres sonatas conocidas como Electorales, ya que fueron dedicadas al elector Maximiliano Federico. Datan de 1782 o 1783 y fueron publicadas por Bossler en el otoño del último año mencionado, seguro que con el apoyo de su maestro, Christian Gottlob Neefe. Disfrutad del incipiente talento del Beethoven niño.

16.12.19

¿Arrancamos ya el año Beethoven?


Aunque no hay certeza absoluta, es muy posible que Ludwig van Beethoven naciese el 16 de diciembre de 1770 (sí que se sabe que lo bautizaron al día siguiente). Por tanto, en 366 días se cumplirá el 250º aniversario de su venida al mundo, lo cual hace de 2020 un año de celebraciones. No parece, por tanto, esta de hoy una mala fecha para empezar con los fastos, que espero animen un tanto esta mortecina bitácora. Beethoven es mi ídolo musical y, desde luego, un acicate para seguir adelante. 

El año que pronto empieza verá sin duda una avalancha de publicaciones de todo tipo, empezando por las musicales (ya he contado cuatro ediciones en CD de sus obras completas) y siguiendo por las editoriales. Por cierto, si algún editor lee esto y quiere publicar una versión en español de la biografía de Thayer (la considerada aún canónica y, que yo sepa, nunca ha aparecido en nuestro idioma), que sepa que un servidor la tradujo hace tiempo y el texto está a su entera disposición. En su día me puse en contacto con Princeton University Press, la editorial responsable de la versión original inglesa y me contestaron rápida y amablemente, informándome de que ellos no trataban directamente con autores, pero que estarían encantados de hablar con la editorial que quisiera hacerlo. Pero bueno, ya lo dijo San Juan: "Yo soy la voz del que clama en el desierto".

Y bien, como por aquí lo que suelo hacer es poner música, vamos a ello. Os traigo la que se considera primera obra de Beethoven. Se trata de las nueve variaciones sobre una marcha de Dressler (WoO 63). Fueron escritas en 1782 bajo la supervisión de su maestro, Christian Gottlob Neefe, que además se encargó de que fuesen publicadas.


Como colofón, os recomiendo que, si queréis leer buenas biografías de Beethoven busquéis la de Thayer (en inglés) y, si no domináis la lengua de Shakespeare, os decantéis por las de Maynard Solomon o Jean y Brigitte Massin, que están en nuestra lengua. Pero si queréis algo medianamente válido por poco dinero, me atrevo a incluir aquí mi Vida de Ludwig van Beethoven, escrita con mucho cariño (y utilizando fuentes de lo más sólido). Sólo habla de la vida de Beethoven, de sus acontecimientos, éxitos, fracasos, alegrías y miserias, y no incluye análisis musicales, como es lógico, pero sí un catálogo exhaustivo de toda la obra del genio, incluidos los números de opus, los WoO (con anexos) y, lo que no suele ser habitual, todos los números del catálogo de Hess (que son 335 más 66 de anexos). Y por poco dinerito (en versión papel y Kindle). Aquí la podéis conseguir.

1.10.19

Jessye Norman: Los "Cuatro últimos lieder", de Richard Strauss

Tiempo llevaba buscando el modo de resucitar este blog, que espero esté muy activo el año que viene con los fastos beethovenianos. Me ha llegado una excusa, una triste excusa, pues hoy he sabido de la muerte de Jessye Norman, una de las cantantes míticas del siglo pasado. Conozco bastantes grabaciones suyas, pero si hubiese de destacar una es la que os traigo hoy, quizá muy adecuada por el elemento de despedida que contienen esos versos y esa música: los Vier letze Lieder de Richard Strauss, que registró la gran soprano de Augusta a principios de la década de 1980 con la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig dirigida por Kurt Masur.



17.6.19

Beethoven: "Adelaide"

La producción liederística de Beethoven no está entre lo más conocido de su obra. En su época, el lied tal vez seguía siendo "música de sociedad", pensada para un consumo doméstico en los salones burgueses (los aristócratas se podían permitir el lujo de mantener conjuntos de cámara e incluso orquestas enteras y teatros de ópera). Sin embargo, algunas de las piezas exceden ese mundo cerrado de la vida privada de la era Biedermeier. Tal es el caso de esta "Adelaide", escrita a mediados de la década de 1790 sobre un texto de Matthison. La versión es estupenda...

3.6.19

Humperdinck: Cuarteto en do mayor

¿Engelbert Humperdinck? ¿El de Hansel y Gretel? ¿No será el crooner también conocido como Arnold George Dorsey? Pero no, ese no creo que compusiera cuartetos...

Se trata del primero, por supuesto, tan asociado a esa celebérrima ópera y al entorno de Wagner. Sí, también escribió algo de música de cámara. En el fondo soy un romántico y todavía, de cuando en cuando, hago alguna incursión en las cada vez más desabastecidas tiendas de discos por ver qué me encuentro. Y en la última vi un CD del sello cpo (sí, el de los raritos) con música de cámara (los cuartetos, en concreto) de nuestro protagonista. Me pareció curioso y me lo llevé a casa. Aquí tenéis una muestra de este desconocidísimo repertorio (no hay más que ver cómo es el vídeo).



22.4.19

The Moody Blues: "Dawn is a Feeling"

Sin ningún motivo especial, sencillamente porque me parece una canción magnífica (como lo es todo este álbum, quizá uno de los mejores de la historia de la música pop), empezamos con ella la semana y volvemos al trabajo tras la pausa vacacional. Que la disfrutéis.

1.4.19

Mozart: "Una broma musical", KV 522

Hoy, 1 de abril, es el "día de los inocentes" de los anglosajones, así que, ¡cuidado!, las burradas, falsedades y disparates que de forma habitual se leen en las redes sociales puede que hoy sean de broma. Pensando en bromas musicales (que hay muchas) la primera que me viene a la cabeza es esta escrita por Mozart en 1787, titulada así por él (Eine musikalischer Spass). Trompas desafinadas, un solo de violín que acaba como el Rosario de la Aurora (rotura de cuerda incluida) y unos últimos compases que son una anticipación de la Segunda Escuela de Viena son los aspectos más evidentes de esta broma que seguro oculta otras sutilezas solo reconocibles por los expertos. Ahí la tenéis, April Fools...

18.3.19

Mozart: "In quali eccessi... Mi tradì" ("Don Giovanni") por Lisa della Casa

Hay muchas formas de recordar a la gran cantante suiza Lisa della Casa, el centenario de cuyo nacimiento se celebra en 2019, y también muchas interpretaciones, pero yo he elegido esta por una situación graciosa que me ocurrió a mí. Hace ya un tiempito, viendo la versión de Don Giovanni filmada en Salzburgo en 1954, con dirección de Furtwängler y con nuestra protagonista como Donna Elvira, mi hija, que por entonces debía de tener cinco o seis años, me preguntó: "¿Por qué 'Llondovani' (esto es, Don Giovanni) está haciendo llorar a esa princesa?" Pues aquí tenéis a la "princesa" cantando una de las arias más conocidas de la ópera en aquella mítica grabación.

11.3.19

Leoncavallo: "Mattinata"

Este año se cumple el centenario de la muerte de Ruggero Leoncavallo, músico napolitano nacido el 8 de marzo de 1857. Aunque fue bastante prolífico, solo es recordado hoy en día por un par de obras: la celebérrima ópera Pagliacci, piedra miliar del verismo, y por la canción que os traigo hoy, que fue dedicada al gran tenor Enrico Caruso. La primera grabación de Mattinata data del mismo año de su composición (1904) y está protagonizada por Caruso y el propio Leoncavallo al piano. Tampoco está mal la versión que podréis escuchar aquí, si queréis. La fecha exacta del centenario es el 9 de agosto; aquel día de 1919 murió Leoncavallo en Montecatini.

4.3.19

Dvořák: Obertura "Carnaval" Op. 91/B. 169

Yo no soy mucho de carnavales; son unas fiestas que nunca he llegado a comprender. Sin embargo, este desenfreno previo a la austeridad de la Cuaresma ha inspirado a muchos compositores, que lo han convertido bien el marco en el que desarrollar sus obras (piénsese, por poner solo un ejemplo, en la Doña Francisquita de Vives: "¡Qué alegre es Madrid en carnaval...!") o directamente el núcleo de lo que pretenden expresar con ellas. Tal es el caso de la obertura de concierto que os presento hoy, titulada así, Carnaval. Ideada en 1891 por su creador, Antonín Dvořák, como parte de una trilogía denominada Naturaleza, vida y amor, es la correspondiente a la parte intermedia, esto es, a la vida, aunque en este caso con todos sus contrastes y sus tormentas. Os la dejo en las excelentes manos de Rafael Kubelík.

25.2.19

Berlioz: "Les nuits d'été"

Se dice que el medio natural de Berlioz era la gran orquesta. En efecto, muy pocas obras se cuentan en su catálogo que no la tengan como protagonista. Y la segunda estrella principal es la voz humana. Ya hemos hablado de sus óperas y de otras obras más difíciles de clasificar en la que el canto desempeña un papel fundamental. Berlioz compuso, asimismo, numerosas canciones; de ellas, acaso las más célebres sean estas Nuits d'été, sobre textos de Théophile Gautier, que en principio escribió para piano y voz (en 1841) y orquestó quince años después. Os las dejo en una de las voces que mejor las ha cantado, la de Janet Baker y concluyo así este pequeño homenaje a Berlioz en el sesquicentenario de su muerte.

18.2.19

Berlioz: "Harold en Italie"

En entradas anteriores mencioné la enorme admiración que profesaba Nicolò Paganini por nuestro compositor; tanta como para exclamar algo así como "Beethoven murió para revivir en Berlioz" cuando escuchó la Sinfonía fantástica. Una de las consecuencias de ello fue el encargo de la obra que hoy os traigo, "Harold en Italia", compuesta en el verano de 1834. Basada laxamente en el Childe Harold de Lord Byron, es en realidad un grupo de reminiscencias de la estancia de Berlioz en Italia, escritas en forma de sinfonía en cuatro movimientos con una viola principal solista. El gran violinista italiano había pensado lucirse con su nueva viola Stradivarius, pero al ver la poca relevancia que dio Berlioz al instrumento se decepcionó de tal modo que jamás interpretó la partitura. Él se lo perdió. La versión que os pongo aquí es una garantía total, con uno de los directores que más abogó por la música de Berlioz y uno de los violinistas más importantes del siglo pasado.




11.2.19

Berlioz: Obertura de "Les troyens"

En la primera mitad del siglo XIX, el éxito verdadero no le llegaba a un compositor si no triunfaba en el mayor espectáculo de la época, la ópera. Berlioz también lo intentó a lo largo de toda su vida, con éxito desigual. Llegó a completar cinco óperas: la primera de ellas, Estelle et Némorin, una obra de juventud, no se conserva y de la segunda, Les francs-juges, solo nos han llegado la obertura y algunos números; Benvenuto Cellini está basada en la vida del famoso orfebre florentino del siglo XVI, Béatrice et Benedict -la última que compuso- es una adaptación de Mucho ruido y pocas nueces. Para el final dejo el proyecto que más quebraderos de cabeza le supuso, Les troyens, basada en la Eneida. Para poderla estrenar tuvo que dividirla en dos (es una grand opéra en cinco actos que dura casi cuatro horas) y su segunda parte, titulada Les troyens à Carthage obtuvo un gran éxito cuando se estrenó en noviembre de 1862. Sin embargo estas mutilaciones -junto a otras que siguieron, tanto en las puestas en escena como en la publicación de la música- desanimaron al compositor para perseguir una reposición, que no se dio hasta treinta años después. Aquí os dejo la obertura, en una versión histórica.

21.1.19

Berlioz: "Roméo et Juliette"

Harriet Smithson como Ofelia

El 11 de septiembre de 1827 fue un día que sin duda Berlioz debió de recordar muchas veces a lo largo de su vida. En esa fecha tomó contacto por primera vez tanto con Shakespeare, que pasaría a ser considerado por él como la cúspide de la poesía, como con la actriz irlandesa Harriet Smithson, que en aquella ocasión interpretó a la Ofelia de Hamlet. Muy poderoso tuvo que ser el influjo, pues la obra se hizo en inglés, lengua de la que Berlioz no entendía ni una palabra. El arrobamiento del compositor lo llevó a escribir cartas a la actriz de un ardor tal que provocó el pánico en la joven, que lo rechazó. Ahí tenemos el origen de la Sinfonía fantástica, donde se pretende narrar esa pasión no correspondida. Fue la gran impresión que causó en Harriet la escucha de esa misma obra la que le hizo cambiar de opinión; acabaron casándose, tras un peculiar noviazgo, en 1833. Tuvieron un hijo, pero el matrimonio duró poco: las extrañas expectativas románticas de Berlioz, los sempiternos problemas económicos -por no llamarlos privaciones- y la barrera del idioma, que nunca se derribó del todo, hicieron que antes de nueve años estuviesen ya separados. Harriet murió en 1854, tras varios años de parálisis causada por una apoplejía. Berlioz siempre estuvo pendiente de ella a pesar de la separación.

Volviendo a la otra revelación de aquel martes de septiembre, Shakespeare inspiraría numerosas obras de Berlioz. De ellas, quizá la más famosa sea la sinfonía dramática Romeo y Julieta, compuesta en 1839 en gran parte gracias a un regalo de 20.000 francos hecho por el gran violinista Paganini (admirado por otra de sus obras, Harold en Italia, de la que hablaré en otra entrada). Aquí os la dejo completa, en una versión de referencia.


14.1.19

Berlioz: Messe solennelle

Aunque desde muy pequeño estuvo en contacto con la música, el destino de Berlioz era convertirse en médico. O al menos eso era lo que deseaba su padre, que lo mandó a París a estudiar medicina. Sin embargo, Hector tenía más inclinación por la música, que empezó a estudiar con su habitual ardor. Apenas llevaba un año en ese empeño cuando escribió esta Messe solennelle, la primera de sus obras que se escuchó en público y que le reportó un cierto éxito. Corría el año 1824. Más adelante Berlioz destruyó casi todas sus obras de este primer periodo; esta Misa se salvó porque tuvo que regalar el manuscrito (es posible que para saldar alguna deuda), el cual fue redescubierto más de cien años después de la muerte de su autor. El compositor aprovechó fragmentos de esta misa para obras posteriores, como la Sinfonía fantástica o el Réquiem.

8.1.19

Berlioz: "Symphonie fantastique"

Llegó un nuevo año y, siguiendo la costumbre, dedicaré algunas de sus primeras entradas a compositores que se van a celebrar por algún aniversario. El más importante de los que me vienen a la cabeza es Hector Berlioz, nacido en 1803 y muerto en 1869. En 2019 se cumplen, por tanto, 150 años de su desaparición. No es la de Berlioz una música apreciada por todo el mundo; se trata de uno de los arquetipos de músico romántico, de vida y obra atormentadas. En estas entradas iré desgranando algunos detalles tanto de una como de la otra. Empiezo con la que tal vez sea su obra más famosa, la Sinfonía fantástica que escribió con apenas 25 años y que para algunos es la piedra angular del poema sinfónico, ese género musical que acabaría marcando la música de grandes compositores como Liszt o Richard Strauss. Aquí la tenéis en una versión espectacular, como todas las debidas a Leopold Stokowski.

24.12.18

Honegger: "Une cantate de Noël"

Llegan las fiestas y, a pesar de lo descuidado que tengo este blog, no quiero dejar pasar la ocasión de felicitarlas a quienes lo seguís. Para ello voy a utilizar un clásico que ya he traído por aquí otras veces, la Cantate de Noël de Arthur Honegger, una de sus últimas obras. Es quizá la pieza de Navidad que más me emociona, por su paso de la oscuridad a la luz y por su quodlibet de cantos navideños en francés y alemán (¿un símbolo de reconciliación tras la guerra?) que tiene su clímax cuando de entre el maremágnum de voces surge el Noche de paz. Aquí os la traigo (y aviso, hay coda tras el vídeo):



Y en la coda os contaré, para quienes no lo sepáis, que a mi gran afición por la música uno otra, la de escribir. Hace más o menos tres años apareció publicado en una antología titulada Cuentos de Navidad, de la (casi) desaparecida editorial Playa de Ákaba, una narración breve titulada así, Una cantata de Navidad, de la que soy autor y que fue inspirada por esta extraordinaria música de Honegger. Hoy la quiero compartir aquí para así desearos una muy feliz Nochebuena.



UNA CANTATA DE NAVIDAD

De profundis clamavi…

Tardó tanto en decidirse que cuando salió a la calle ya había anochecido. No eran más que las siete y media, pero la oscuridad era tal que se hacía difícil caminar. Un apagón se quiso unir a la fiesta, todo el barrio estaba sumido en las tinieblas. En sus casas, los vecinos, sorprendidos en plenos preparativos, habían ido a buscar en los cajones de los muebles esas velas que allí quedan olvidadas cuando vuelve la luz y que ahora comunicaban su tenue resplandor a las ventanas, lo único que, junto con los haces que formaban los faros de los coches, mitigaba el fantasmagórico ambiente.

A tientas avanzaba por las estrechas aceras de su calle, intentando evitar agujeros y charcos, hasta la esquina en la que estaba la parada del autobús que pretendía tomar. Era la primera –o la última– del trayecto y el vehículo siempre permanecía allí parado varios minutos antes de emprender su viaje hacia el centro.

No solía hablar con los conductores, aunque sus caras ya le sonaban de tantos días yendo en ese autobús, siguiendo el mismo camino hasta Atocha, donde luego se bajaba para tomar el tren. Hoy, sin embargo, iba a seguir hasta Cibeles, donde acababa –o empezaba– la línea y no parecía que mucha más gente hubiese tenido la misma idea. El autobús estaba vacío y era difícil no cruzar siquiera unas palabras.
–Vaya noche para trabajar, ¿eh? –le dijo.
–Una como cualquier otra –fue la lacónica respuesta.

Luego, se fue a sentar donde era su costumbre, en los asientos inmediatos a la puerta central de salida. Allí, al menos, había algo de luz y podía mirar el móvil. ¿Pero había algo que ver? Lo cierto es que si iba a darse ese paseo era para no pensar, para no recordar, para distraerse con cualquier cosa… Pero cuando sacó el móvil se acordó de ese correo que no había recibido y que muy bien podía cambiar su vida, y de ese mensaje que aún esperaba más… Lo guardó en el bolsillo del abrigo.

El autobús arrancó y empezó a transitar las calles, que eran irreconocibles dentro de la oscuridad casi absoluta en la que estaban inmersas a causa del apagón. Nadie en las primeras paradas. El barrio estaba vacío, la gente se había refugiado del frío y de la negrura de la noche invernal en las colmenas humanas que parecían sus torres. O más bien se habían ido reuniendo y las tinieblas los habían sorprendido en pleno trajín, preparando la cena.

Ne craignez point 
car je vous transmet une bonne nouvelle… 

 Por fin, en los límites de su barrio, cuando ya a lo lejos se vislumbraba la luz de las farolas de una zona en la que no se había cortado el suministro eléctrico, el autobús paró. Desde donde estaba, no pudo ver en principio quién subía. Fuese quien fuese, se estaba demorando bastante. El conductor miraba y miraba, impaciente. Al final apareció un anciano que se movía con bastante dificultad y musitó algunas palabras que no pudo entender. El conductor agitó varias veces la cabeza mientras el anciano insistía. Tras un rato de discusión, hizo ademán de darse la vuelta, momento en el que el conductor, suspirando, le dijo –y esto sí que lo escuchó:
–Venga, abuelo, por ser hoy el día que es, le dejo subir. Pero que sea la última vez…

El anciano le dio las gracias con un gesto y, muy despacio –se apoyaba en una muleta–, acertó a sentarse justo detrás del conductor.

Lo contempló, tan frágil, mal vestido, con un cabello medio rapado y una barba de profeta. El anciano miraba al suelo y de vez en cuando volvía la vista hacia las calles que ya se podían apreciar bajo la luz de las farolas. «De qué me quejo…», pensó él, viendo a esa persona que seguro sufría la soledad mucho más que él, en medio de aquella noche, sin compañía… «Con qué facilidad nos sentimos los seres más desgraciados del mundo, sin mirar a nuestro alrededor…», se dijo y empezó a fijarse en quienes iban por las aceras, deprisa, llegando tarde ya a la cita obligada de esa noche.

Cuando empezaban a cruzar el casco viejo de Carabanchel, el anciano dijo algo al conductor, que le contestó:
–Vale, abuelo, baje por aquí delante mejor… Es la próxima.

Miró hacia su derecha y observó la silueta de la vieja torre de San Pedro, esa que había visto de pequeño quedar sola, enhiesta, cuando derribaron el resto de la iglesia. Ahora había permanecido como muda testigo del pasado, rodeada de una moderna parroquia ante cuya puerta se arremolinaba bastante gente, cosa rara dado el día y dada la hora. ¿O no?

Porque lo que no pudo ver es que ese anciano tan triste –según creyó– bajó del autobús y, pasito a pasito, se fue acercando hacia la parroquia, donde le esperaban otros hombres y mujeres como él, otros que no pasarían aquella noche en soledad pues si no tenían familiares con quienes compartirla, sí que se tenían los unos a los otros. No pudo ver, pues, la sonrisa con que le recibieron y la sonrisa que lució él al ser recibido. Lástima, porque, la verdad, lo único que se le pasó por la cabeza fue que aquel hombre iba a buscar la caridad de la parroquia y lo que sintió fue pena…

Es ist ein Reis entsprungen… 

El autobús empezó a llenarse a medida que avanzaba por la calle del General Ricardos. La luz era cada vez mayor, así como la animación que corría a chorros por las aceras, gente que entraba y salía de tiendas y bares, haciendo la última compra o tomando la última caña antes de recogerse.

Al otro lado del pasillo se sentó una pareja joven con una niña pequeña que desde que llegó se lo quedó mirando. Lo notó, le devolvió la mirada y procuró sonreír. Mal lo debió de hacer, pues la niña le dijo:
–¿Por qué estás triste? Hoy no se puede estar triste…
–¡Nena, no molestes al señor…! –la interrumpió su madre, y la niña se volvió y siguió a lo suyo.

Él se quedó estupefacto… ¿Triste? ¿Tanto se le notaba? Es posible. Iba a pasar la noche solo. Sus padres, de viaje en Tenerife. Su hermana, de cooperante en Haití. Y él aquí. Y ella… ¿Cuánto hacía que se había ido? Por qué preguntarlo, lo sabía de sobra… Dos meses y tres días… Sí, se le debía de notar…

Miró por la ventana del autobús, suspiró e intentó esbozar una sonrisa, pensando en la ocurrencia de la cría. Veía cada vez más gente, a la que sí que era difícil preguntar si estaba triste. La mayoría caminaba a buen paso, reía, parecía olvidar por un momento todas las miserias que pudieran acecharles… ¿Por qué no hacer lo mismo?

Con todas estas divagaciones, el camino voló. El autobús subía ya por el paseo del Prado y, muy cerca de su destino, en una de las últimas paradas antes de llegar al final, vio como desde la acera un niño, de la mano de su padre, le hizo un gesto sonriente. Esta vez sí que se lo devolvió y se sintió algo mejor. Sin embargo, pasado el instante mágico, volvió a caer en la negrura.

En la terminal del autobús, fue un grupo de chicas jóvenes que iban o venían de jolgorio el que le saludó. Pero, ¿era a él? Tal vez se estaba equivocando, a ver si ahora se creía el centro del mundo… Sacudió la cabeza, se dispuso a bajar del autobús y, desde Cibeles, ir por la calle de Alcalá hacia la Puerta del Sol.

Laudate Dominum omnes gentes… 

A medida que se alejaba del carro de la diosa y se acercaba al corazón de Madrid, la calle se llenaba más y más. ¿Qué hacía ahí esa muchedumbre? ¿No iban a reunirse con su familia, a compartir la que para muchos es la cena más importante del año? Daba igual. Todos parecían felices, con sus gorritos y otros aditamentos cada cual más extravagante. Ante una situación así, alguien con un estado de ánimo como el suyo, solo tiene dos opciones: bien aislarse del entorno y hundirse más en sus miserias o bien dejarse contagiar. Dudó, dudó mucho pero al final optó por lo segundo. Empezó a devolver todas las sonrisas que se cruzaba, que eran bastantes. Miró las luces, los adornos que no faltaban en ningún comercio, bar o restaurante… Se sorprendió cuando le entraron unas terribles ganas de cantar, de repetir esas musiquillas tan propias de la época que en su mente estaban empezando a desterrar los plomizos pensamientos que le acompañaban desde hacía ya tanto tiempo…

En el último tramo de la calle de Alcalá, cuando pasaba frente al Casino de Madrid, le sonó el móvil. Otro correo… Qué aburrimiento, tanta publicidad, tanto mensaje no deseado… Pensó no abrirlo, pero un extraño impulso lo llevó a sacar el aparatito del bolsillo del abrigo y a mirarlo. En efecto, otra oferta irresistible de esa librería en la que una vez se le ocurrió comprar… Pero… Había algo más. Dos correos más abajo se encontró con uno no leído, que le debía de haber llegado durante el viaje en autobús –o acaso antes– y al que no había prestado atención. Era del trabajo… ¿Una respuesta, al fin? ¿Negativa, como esperaba? Lo abrió…

Le habían concedido el traslado. El lunes siguiente empezaría a trabajar en Madrid. El sueño de años, cumplido.

Dio saltos. Gritos. Nadie se extrañó, era natural. Incluso hubo quien aplaudió. ¿Cómo no estar contento en estas fechas?

No lo esperaba. ¡Uno de los escollos se había superado! La lejanía del trabajo, los sábados y domingos ocupados en lo que no se había podido arreglar durante los demás días de la semana habían sido una de las causas de… Bueno, una entre muchas. Ella se había ido… Pararon los saltos, la realidad había regresado. Con una sonrisa más bien melancólica fue a guardar de nuevo el aparatito. Estaba entrando ya en la Puerta del Sol. No le dio tiempo a hacerlo, ahora sonó el tono que le indicaba que había recibido un mensaje. Un mensaje de… ¿Sería posible? ¡Sí! Un mensaje de ella… La contestación a sus ruegos… Solo dos palabras…

«Quiero volver».

Por fin, aquella Nochebuena y en la Puerta del Sol se dio cuenta de que el árbol de Navidad, ese enorme cono erguido en el corazón de la plaza, era verde, del color de la esperanza.

Y entre todas las voces, todos los cantos, uno se oía sobre los demás.

Stille Nacht, heilige Nacht! 

In memoriam Arthur Honegger (1892-1955) Compositor de Une cantate de Noël, que ha inspirado este relato.


15.10.18

Rajmáninov: Concierto para piano nº 3

Se me había pasado un aniversario... El pasado 28 de marzo se cumplieron 75 años de la muerte de Sergéi Rajmáninov en su exilio norteamericano. Un compositor tan admirado como denostado, romántico en plena época de vanguardias rompedoras, nostálgico de una tierra que hubo de abandonar tras la Revolución Rusa pero cuyas costumbres mantuvo en todas las casas foráneas en las que vivió... Os dejo uno de sus conciertos para piano, el Tercero, en una gran interpretación de Martha Argerich.

8.10.18

Puccini: "O mio babbino caro" (Gianni Schicchi) - Montserrat Caballé

Repaso mi fonoteca y veo que no abunda mucho en ella el nombre de Montserrat Caballé. Una Mathilde del Gillaume Tell de Rossini, una Aida, una Mimí de La Bohème y una Lìu de Turandot. Como hay un 50% de Puccinis en esta somera lista, hoy la voy a recordar con este maravilloso pasaje de otra obra de d. Giacomo, Gianni Schicchi, una de las tres breves óperas que componen Il trittico. Buen viaje, doña Montserrat.

1.10.18

Mahler: Sinfonía nº 8 (Bernstein)

Last but not least hay que mencionar el aniversario de Leonard Bernstein. El pasado 25 de agosto se cumplieron 100 años del nacimiento de este músico genial, compositor, pianista y sobre todo, director y divulgador. Muchas cosas se podrían escribir sobre él, pero como en estos pagos aplico el principio de  prima la musica e poi le parole, me limitaré a decir que yo siempre ligaré a Bernstein con Mahler como uno de sus mejores intérpretes. Y creo que recordarlo aquí con la que es mi obra favorita de Mahler es el mejor homenaje que le puedo hacer. Así que aquí tenéis esta Octava, interpretada por un elenco muy similar al de la mítica grabación del Festival de Salzburgo de 1975. Que lo disfrutéis.

17.9.18

Mozart: "Et incarnatus est" de la Misa en do menor KV 427 (Arleen Augér)

La cantante a la que recordamos hoy comparte con Lucia Popp las fechas de nacimiento y muerte (1939 y 1993; el pasado 10 de junio se cumplió un cuarto de siglo de su fallecimiento) y también la causa de su abandono prematuro de este mundo (un tumor cerebral). Augér, norteamericana de Los Ángeles, también se presentó con la "Reina de la Noche" mozartiana, aunque un poco después que su colega austro-eslovaca, en 1969. Arleen Augér lo tuvo algo más difícil, aunque también acabó triunfando (cuando llegó a Viena no sabía alemán y acabó dando clases de canto en una de las más prestigiosas escuelas de Alemania, la Hochschule für Musik und Darstellende Kunst de Fráncforty) . Hoy os la traigo también con Mozart, acompañada por quien será el protagonista de la siguiente entrada.

10.9.18

Dvořák: "Canción a la luna" (Rusalka) - Lucia Popp

Tras un paréntesis excesivamente largo volvemos a la carga. Y de nuevo con aniversarios. Si a comienzos del año recordábamos el centenario de Claude Debussy, en esta entrada y las dos siguientes nos vamos a ocupar de dos cantantes y un director-compositor. Empiezo con Lucia Popp, una de las voces más bellas que yo haya escuchado jamás. Nacida en Eslovaquia en 1939, luego nacionalizada austriaca, su éxito comenzó con la extraordinaria interpretación que hizo de la Reina de la Noche en la mítica grabación de Die Zäuberflöte dirigida por Otto Klemperer en 1964. Su voz, de soprano ligera al comienzo, fue evolucionando hasta poder asumir papeles más líricos y, después, dramáticos. Murió prematuramente, a causa de un tumor cerebral, en noviembre de 1993, hace un cuarto de siglo. Os dejo con uno de los pasajes más bellos que se puedan disfrutar en una ópera, la Canción a la luna de la Rusalka de Dvořák.

4.6.18

Bizet: "Quant au douanier, c'est nôtre affaire" ("Carmen")

Aunque soy tirando a wagneriano en esto del teatro lírico  (con peregrinación a Bayreuth incluida; hay segunda y tercera parte), creo que la ópera que más veces he escuchado es Carmen. Ayer lo volví a hacer, aprovechando que se cumplían 143 años de la muerte de su creador, Georges Bizet, que no sé si se llegó a imaginar que su obra se convertiría en una de las más populares de la historia. Hoy voy a traer un fragmento que me gusta mucho, tanto que alguna de las primeras veces que disfruté de esta ópera me hice varios da capo.

7.5.18

En el Día de Europa: Beethoven, Sinfonía nº 9 (Bernstein, 1989)

El próximo día 9 se celebra el Día de Europa y casi todo el mundo sabe que se ha elegido como himno de la Unión el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven. Ahí, el genio de los genios utilizó la Oda a la Alegría de Schiller para crear uno de las más conmovedores y magníficos cantos a la hermandad y la concordia entre los seres humanos. Leonard Bernstein lo tuvo muy claro cuando dirigió esta interpretación que os traigo hoy, que no es una cualquiera. Tuvo lugar el 25 de diciembre de 1989, en el antiguo Berlín Este, unas semanas después de la caída del Muro de la Vergüenza (el que existía entonces, hoy sabemos que, por desgracia hay otros y más que algunos quieren crear). Bernstein reunió una orquesta formada por miembros de conjuntos de las antiguas potencias ocupantes y de las dos Alemanias: la Staatskapelle de Dresde, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, la Orquesta del Teatro Kirov de Leningrado, la Orquesta Sinfónica de Londres, la Orquesta Filarmónica de Nueva York y la Orquesta de París. Bernstein, además, se permitió dos licencias; una de ellas, incluir un coro de niños en la interpretación y otra, la más simbólica, sustituir la palabra "Freude" (alegría) por "Freiheit" (libertad). El resultado es una de las interpretaciones más emocionantes de la historia, un recuerdo de que los muros son para derribarlos y no para crearlos. Aquí tenéis el concierto completo.

16.4.18

Turandot: "In questa reggia..." (Birgit Nilsson)

La otra gran cantante wagneriana que hubiese cumplido cien años este 2018 es Birgit Nilsson, sueca al igual que Varnay (Con la noruega Kirsten Flagstad completaríamos una trinidad de sopranos nórdicas que marcaron época con sus interpretaciones de los dramas musicales de Wagner). Hoy os la traigo no en un papel de los que cabría esperar, sino en uno de Puccini que parece hecho para este tipo de cantantes. De hecho, muchas han sido las sopranos wagnerianas que han abordado Turandot, la terrible y gélida princesa de la gran obra de Puccini. Disfrutad.

9.4.18

Wagner: "Tannhäuser": "Dich, teure Halle" (Astrid Varnay)

Quiere la casualidad que este año 2018 se cumpla el centenario del nacimiento de dos de las más grandes cantantes wagnerianas del siglo XX: Astrid Varnay y Birgit Nilsson. El día 25 de este mes habría cumplido un siglo Varnay, así que empezamos con ella. Nacida en Suecia de padres húngaros, ambos cantantes de ópera, debutó en el Metropolitan de Nueva York con solo 23 años de edad como la Sieglinde de La Valquiria a causa de la indisposición de la cantante titular, Lotte Lehman. Desde entonces se convirtió en uno de los referentes en las óperas de Wagner y Richard Strauss, sobre todo. Aquí os la traigo cantando en el Met "Dich, teure Halle", esto es, el comienzo del acto II de Tannhäuser.

2.4.18

Pergolesi: Stabat Mater

Recién concluida la Semana Santa (aunque hoy sigue siendo festivo en muchos lugares de España), me parece una buena idea elegir una de las infinitas piezas que los diferentes actos y servicios religiosos que tienen lugar durante estos días han originado. La verdad, se hace un poco difícil escoger entre tantas Pasiones, Oficios, Letanías, Oratorios que se han creado desde la Edad Media hasta Penderecki o Pärt... Pero alguna decisión hay que tomar, así que me decanto por el célebre Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi, una de las últimas obras -si no la última- que completó en su breve vida (murió de tuberculosis en 1736, con apenas 26 años). El drama llevado a la música religiosa; no en vano, la representación de la ópera de Pergolesi La serva padrona en el año 1752 desencadenó en París la célebre "querella de los bufones". Pero esa es otra historia, disfrutemos ahora de esta pieza en la que tanto se dice con tan pocos medios.

19.3.18

Debussy: "Prélude à l'après-midi d'un faune"

Concluyo aquí mi pequeño homenaje a Claude Debussy, el centenario de cuya muerte se conmemorará el próximo domingo, con una de sus piezas más célebres, el Preludio para la siesta de un fauno, escrito entre 1891 y 1894. Se basa en un poema de Mallarmé y es lo único que se llevó a cabo de un magno proyecto teatral que el mismo poeta propuso al compositor. Con esta maravillosa pieza podemos comprobar que Debussy se dedicó a socavar los cimientos de las tradiciones musicales creando a la vez música de una belleza casi voluptuosa. Además, el homenaje va a ser doble, pues el director es Leonard Bernstein, de quien también se celebra el centenario este año -en este caso, de su nacimiento.

12.3.18

Debussy: "La mer"

Poco puedo decir que no se sepa de esta composición, una de las más célebres de Debussy. Así que voy a traer aquí una anécdota relacionada con ella. Estos "tres esbozos sinfónicos" se titulan: Del alba al mediodía en el mar, Juegos de olas y Diálogo del viento y el mar. Se cuenta que alguien pidió a Erik Satie su opinión sobre la pieza y, refiriéndose al primer movimiento, dijo algo parecido a: "Hay un momento, entre las diez y cuarto y las diez y media, que me gusta en especial". Disfrutad esta maravilla.

5.3.18

Debussy: "Noël des enfants qui n'ont plus de maisons"

En diciembre de 1915, Debussy contribuyó a su manera al esfuerzo bélico de su país escribiendo el texto y la música de este Villancico de los niños que ya no tienen casa para denunciar la crudeza de la guerra, pero sin buscar la paz o la reconciliación, sino la venganza para los niños de Francia, Bélgica, Serbia, Polonia... En definitiva, que aquel año la Navidad no llegase al otro bando. Os la traigo en una versión cantada por un coro.

26.2.18

Debussy: "Mes longs cheveux" (de "Pelléas et Mélisande")

Imagino que el escritor belga Maurice Maeterlinck (1862-1949), tal vez uno de los mayores exponentes del simbolismo, no suponía que su poema dramático Pelléas et Mélisande, escrito a los treinta años, iba a inspirar a cuatro de los más grandes compositores de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Gabriel Fauré (en 1898) y Jean Sibelius (en 1905) escribieron música para acompañar a su representación. A Arnold Schoenberg le inspiró un poema sinfónico (1903). Y el esfuerzo más ambicioso fue el de nuestro homenajeado, Claude Debussy, que la convirtió en 1902 en la más célebre de sus óperas. Aquí os traigo un pasaje muy conocido de su acto tercero, "Mes longs chevaux", interpretado nada menos que por Victoria de los Ángeles.



Y, de propina (pero vaya propina), el comienzo de la misma pieza, pero en este caso con el propio Debussy al piano acompañando a Mary Garden, la primera Mélisande. Es una grabación de 1904, así que, como podréis suponer, la calidad no es muy buena, pero el documento merece la pena.






19.2.18

Debussy: "La plus que lente"

Me había propuesto traer por aquí música de Debussy que no fuese demasiado conocida, sin embargo no he podido resistirme y aquí está esa maravilla llamada La plus que lente, en su versión orquestal, con el exótico protagonismo del címbalo húngaro. El compositor la escribió originalmente para piano, en 1910, para emular el vals lento que tan de moda estaba por entonces -y tal vez reírse con su habitualmente cáustico humor, aunque le salió de una causticidad preciosa...

12.2.18

Debussy: Rapsodia para saxofón y orquesta

Desde su invento, allá por la década de 1840, el saxofón ha tenido una relación, a mi juicio, "problemática" con la música llamada clásica. No han sido muy generosos los compositores "clásicos" con esta familia de instrumentos, mucho más exitosa en la música para banda y en el jazz. Debussy tampoco lo tenía en mucha estima; compuso su Rapsodia tras un encargo de la célebre saxofonista estadounidense Elise Hall, seguramente porque le venía bien el dinero. La escribió entre 1904 y 1911, pero nunca entregó el manuscrito a los editores y por lo tanto no se estrenó hasta después de su muerte, en un arreglo realizado por Jean Roger-Ducasse. Ahí os la dejo.

5.2.18

Debussy: "La Puerta del Vino"

Debussy, como muchos otros compositores franceses de su época, sintió fascinación por lo español y eso se dejó sentir en su producción. Uno de los ejemplos es este preludio, perteneciente al segundo cuaderno (1912-13), inspirado en la Puerta del Vino de la Alhambra, una de las construcciones más antiguas del recinto, ya que data de principios del siglo XIV.

30.1.18

Debussy: Trois chansons de Bilitis (1897-98)

Debussy conoció al poeta belga Pierre Louÿs a finales de 1893; viajó con él a su país con el fin solicitar el permiso de su paisano Maurice Maeterlinck para convertir Pelléas et Mélisande en una ópera. Pero ese no es el motivo de citarlo aquí. Louÿs escribió en 1894 un precioso libro de poemas titulado Les chansons de Bilitis. Lo hizo pasar por traducciones de unos versos encontradas en las paredes de una antigua tumba griega, escritas por Bilitis, una mujer nacida en Panfilia que luego pasó por Mitilene, en Lesbos -donde vivió una intensa historia de amor con otra mujer llamada Mnasidika- y acabó siendo cortesana en Chipre. Aunque Debussy consideró utilizar diversos textos de Louÿs para diferentes proyectos, el único que llevó a cabo fue este, el de poner música a tres de los poemas de Bilitis, La flûte de Pan, La chevelure y Le tombeau des naïades. También escribió música (para un pequeño conjunto instrumental) con la idea de acompañar su lectura. Este libro de poemas es bastante importante para mí, pues en mi faceta de aprendiz de escritor lo utilicé como hilo conductor para mi novela Variaciones sobre tres nombres (que, si os ha picado la curiosidad, podéis conseguir en Espacio Ulises). Aquí os dejo estas canciones con una intérprete de lujo, nada menos que doña Christa Ludwig.

22.1.18

Debussy: "Petite Suite"

Este año de 2018 se conmemorará el centenario de la muerte de Claude Debussy, uno de los nombres fundamentales de la historia de la música. Y de aquí al 25 de marzo, el día exacto de la efeméride, habrá un pequeño homenaje a esta figura colosal. Empezamos con una obra de juventud, la deliciosa Petite Suite, escrita originalmente para dos pianos entre 1886 y 1889 pero que se conoce más en la forma orquestal debida a uno de los colaboradores habituales del compositor, Henri Büsser (1907).

11.1.18

France Gall: "Poupée de cire, poupée de son"

Pocas, muy pocas veces pasarán por aquí músicas que no sean de las llamadas "clásicas". Y menos que pocas algo que tenga que ver con el festival de Eurovisión (con todos mis respetos). Sin embargo, la desaparición de France Gall, el pasado día 7, me hace traer aquí la canción con la que ganó dicho festival en 1965 siendo una cría de 17 años y que tal vez sea la mejor que haya pasado jamás por ese escenario. Eran otros tiempos...

22.11.17

Britten: Hymn to St. Cecilia

Hoy es 22 de noviembre, Santa Cecilia, y es día para felicitar a músicos y amantes de la música. Santa Cecilia ha sido objeto de homenaje por alguno de sus patrocinados más célebres. El ejemplo que os traigo hoy es de Benjamim Britten, en concreto su "Himno para Santa Cecilia", que con letra de W. H. Auden escribió en 1941-42.

30.10.17

The Moody Blues: "Days of the Future Passed"

Se van a cumplir cincuenta años de la aparición de este importante álbum, quizá uno de los mejores del siglo pasado. Al parecer, habían encargado a los Moody Blues hacer una versión rock de la Novena Sinfonía de Antonín Dvořák; por suerte no hicieron caso (menudo engendro habría salido) y reunieron estas canciones de modo que formaron un continuo, un repaso a las horas del día enlazadas por interludios orquestales obra de Peter Knight, que también dirigió la London Festival Orchestra. El resultado fue la maravilla que os traigo hoy.

23.10.17

Fauré: "In Paradisum"

Para quien sea un creyente convencido, la muerte no es más que un paso hacia una vida mejor. Eso debía de pensar Gabriel Fauré, que escribió un Réquiem al que más de uno ha llamado "nana de la muerte". Exento de los terrores del Dies irae, lleno de paz y calma, concluye con una de las músicas más maravillosas y consoladoras que se puedan escuchar, este In Paradisum.

25.9.17

Haydn: "Las Estaciones" (final de "El otoño")

Yo soy más bien de verano; mi época favorita del año es la que va, más o menos, de mediados de mayo a mediados de septiembre. Cuando pasa -y cada vez se me pasa más rápida-, siento una especie de melancolía que siempre busco mitigar de una u otra forma. Una de las mejores es escuchando los dos números que coronan "El otoño", una de las cuatro partes que forman el monumental oratorio "Las Estaciones" de Joseph Haydn. Una vigorosa descripción de una partida de caza seguida del júbilo que sienten los campesinos ante la vendimia y la fabricación del vino. Allá va...

11.9.17

Mozart: Trío "Kegelstatt" KV 498

Se acerca el otoño y yo siempre relaciono esa estación con el cálido sonido del clarinete. Escuchar una obra escrita para ese instrumento en una tarde lluviosa es lo que más se parece a mi ideal del otoño (soy más veraniego que otra cosa y algún consuelo he de buscar cuando se acaba el estío). Así que para esta vuelta a la rutina, qué mejor que una pieza de alguien que muy pronto se enamoró del timbre de un instrumento recién inventado en su época: Wolfgang Amadeus Mozart. Aquí tenéis el trío para piano, viola y clarinete en mi bemol mayor, conocido como Kegelstatt ("de los bolos", por un juego al que era aficionado el compositor, aunque en este caso poco tiene que ver con la obra), escrito en 1786.

31.7.17

Liszt: "La lugubre gondola"

Tal día como hoy, un 31 de julio, pero de 1886, moría Franz Liszt en Bayreuth, adonde había ido para asistir a diversas representaciones de las obras de su yerno, Richard Wagner. Ya  llegó enfermo, lo cual no le impidió ver Parsifal el 23 de julio y el estreno de Tristan en la "verde colina" el 25 de julio. Sin embargo, una neumonía se lo llevó a las once y media de la noche del sábado día 31. Hoy traigo una pieza en su memoria que él compuso en la de su yerno y que muchos consideran como una de las más importantes de su periodo tardío. Se titula La lúgubre góndola, en referencia a la que trasladó el cadáver de Wagner en Venecia hasta la estación del ferrocarril de aquella ciudad italiana, como primera etapa de su larga comitiva fúnebre hasta Bayreuth.

21.6.17

Borodin: Nocturno (Cuarteto nº 2)

Hoy no es lunes, el día habitual de publicación de esta bitácora, pero es 21 de junio, Día Europeo de la Música. Así que aprovecho para moverla un poco, que la tengo algo abandonada últimamente. Y traigo una música bellísima, que hoy me estaba rondando por la cabeza. Se trata de la versión original del Nocturno de Borodin, que no es sino uno más de los movimientos que forman su Cuarteto para cuerda número 2. Feliz día...

12.6.17

Mendelssohn: Sinfonía nº 3 en la menor ("Escocesa")

Felix Mendelssohn es un compositor cuya música me gusta muchísimo y del que siempre pienso que es situado uno (o varios) peldaños por debajo de de los grandes genios más que nada porque no tuvo una vida azarosa o novelesca que añada interés a su obra. Perteneciente a una familia más que acomodada y culta (era nieto del filósofo Moses Mendelssohn), tuvo una educación exquisita y una carrera musical fulgurante. Tuvo mucha relación con el Reino Unido, donde viajó con frecuencia y donde su música fue acogida con entusiasmo. Esto quedó reflejado en su obra, donde hay bastantes referencias británicas (la célebre obertura Las Hébridas, la magnífica música que compuso para El sueño de una noche de verano, sus oratorios...); lo que os traigo hoy pertenece a esa categoría. Se trata de su Tercera Sinfonía, conocida como la Sinfonía Escocesa, escrita entre 1829 y 1842 y dedicada a la reina Victoria.

15.5.17

Liszt: "Bénédiction de Dieu dans la solitude"

Soy un romántico empedernido y, por tanto, sigo comprándome discos, años después de su vaticinada muerte causada por los formatos digitales de nuevo cuño. Pero yo ahí sigo, a un ritmo infinitamente más lento que antaño, pero sin claudicar. Lo último que ha caído ha sido una caja de seis CD que incluyen los dos conciertos para piano y una serie de piezas para este instrumento, obra de Franz Liszt e interpretadas por el gran pianista chileno Claudio Arrau. Entre esas piezas esta la que os traigo hoy, que me lleva rebotando en el cerebro durante todo el fin de semana. ¿Será por su extraordinaria belleza, por su título evocador, por la forma de tocarla de Arrau, que hace que el tiempo se detenga? Fue un poema de Lamartine el que inspiró esta maravillosa página (que forma parte de las Armonías poéticas y religiosas):

D'où me vient, ô mon Dieu ! cette paix qui m'inonde ? 
D'où me vient cette foi dont mon cœur surabonde ?

(Si queréis leer el poema completo, os lo enlazo)

Disfrutad:

3.4.17

Delius: "Appalachia"

Os traigo hoy una obra de Frederick Delius que me fascina. Se trata de Appalachia, que tiene el subtítulo de Una rapsodia americana. Escrita en París en 1896, es fruto de su breve estancia en Estados Unidos, breve pero con una gran influencia desde el punto de vista musical. La pieza se presenta como un conjunto de variaciones sobre una vieja tonada de plantación. Que la disfrutéis.


(La elección de la pieza no es casual. Delius es un autor Briton, y muy filo-Briton es un amigo al que la intolerancia de los que se creen más tolerantes que nadie ha expulsado de cierta red social que solía frecuentar. Espero que lea esto y que se anime a volver con una de sus muchas personalidades; se echan de menos sus boutades. Va por usted, Milord, Monsieur, etc.)

26.3.17

Beethoven: Finale del Cuarteto Op. 130

Hoy hace 190 años que murió Beethoven en la Schwarzspanierhaus de Viena. Tras cuatro meses y pico de enfermedad, sucumbió a un desorden de tipo hepático. La última pieza que logró terminar fue el nuevo final del Cuarteto Op. 130, escrito cuando fue convencido de que la Grosse Fuge era "demasiado" para los oyentes de aquella época y consintió en sustituirla por un fragmento mucho más convencional que completó en Gneixendorf, en casa de su hermano Nikolaus Johann. Sirva esta pieza como homenaje al genio de los genios en un día como hoy.

13.3.17

Beethoven: Sonatina para fortepiano y mandolina en do mayor WoO 44a

La visita de Beethoven a Praga en 1796, en el marco de la que fue su primera gran gira desde que en 1792 se estableciese en Viena, tuvo como resultado la composición de algunas piezas para mandolina, que forman parte de lo más "raro" en la producción del genio. Es muy probable que fuesen escritas para la condesa Josephine de Clary (1777-1828), cantante e intérprete de mandolina aficionada (para ella también fue el aria Ah, perfido!). Aquí os dejo una de esas piezas para mandolina y piano, en concreto la Sonatina en do mayor WoO 44a, creada en ese año de 1796 pero que no apareció publicada hasta 1912.




6.3.17

Beethoven: Gran fuga para cuarteto de cuerda en si bemol mayor Op. 133

Este mes de marzo se van a cumplir 190 años de la muerte de Beethoven, así que voy a dedicar estos comienzos de semana al genio de los genios, a ser posible con cosas poco habituales. Tal vez no sea el caso de lo de hoy, una de las obras más colosales y radicales, hito de la época creadora más tardía de don Ludwig. Se trata de la Gran fuga para cuarteto de cuerda que se pensó como final del Cuarteto Op. 130 (y que muchos conjuntos han restaurado como tal) pero que a causa de su dificultad fue publicada como una obra diferente, en un extraño caso de aquiescencia del compositor a los ruegos de los editores. Aquí la tenéis en manos más que expertas.

27.2.17

Korngold: Concierto para violín en re mayor

En plena resaca de una ceremonia de los Óscar que tal vez sea más recordada por una olímpica equivocación que por las películas triunfadoras, se me ha ocurrido que la entrada de hoy tenga que ver con el cine. No porque traiga una banda sonora, aunque casi. Erich Wolfgang Korngold, austriaco de nacimiento, fue un niño prodigio de la música que se tuvo que exiliar a causa del nazismo. En Estados Unidos hizo fortuna como autor de partituras para películas; en este bellísimo concierto para violín utilizó varias melodías sacadas de algunas de ellas. Música casi de cine para empezar la semana.




20.2.17

Claudio Monteverdi: "Con che soavità"

Volviendo a la cuestión de los aniversarios redondos, uno de los más sonados de este año -o al menos así tendría que ser- es el de Claudio Monteverdi, cuyo nacimiento tuvo lugar en 1567 y del que, por tanto, se cumplen 450 años. No solo es una figura fundamental para uno de los géneros musicales más importantes, la ópera, sino que también fue, entre otras cosas, uno de los mejores escritores de madrigales, de los cuales nos dejó nueve libros. Hoy os traigo uno correspondiente al libro séptimo. "Con che soavità", para soprano y conjunto instrumental.

13.2.17

George Enescu: Sinfonía nº 3 en do mayor Op. 21 (pequeño homenaje a José Luis Pérez de Arteaga)

La pasada semana nos dejó José Luis Pérez de Arteaga, una voz más que familiar para todos los que gustamos de la llamada música clásica y somos más o menos asiduos de Radio Clásica. A mí me unía a Pérez de Arteaga una especie de relación amor-odio, por sus tics pedantescos (cómo olvidar esos "Modsart" o "Bedofen" o algunos de sus comentarios cuando llegaba el final del Concierto de Año Nuevo y nos tenía que explicar que "el concierto no ha terminado, como saben los palafreneros, conductores de tranvía, concertistas de pulso y púa, catadores de aceite de oliva, sexadores de pollos..."), unos tics que mi hermano, que no comparte estos gustos, siempre utilizaba para reírse de mí y de mi afición -en venganza por mis burlas de las suyas, claro está. Sin embargo, hay que reconocer que saber, sabía mucho y, aun siendo con esos modos tan peculiares, compartía ese saber con los demás y nos hacía aprender. Hoy traigo aquí una obra que me dio a conocer él, la tercera sinfonía del violinista y compositor rumano George Enescu (1881-1955). Quedé cautivado con ese tercer movimiento, en el que un coro sin palabras se une a la orquesta en un estilo que Pérez de Arteaga calificó de "hiperromántico" en aquella emisión de radio en la que pude escuchar esta obra por primera vez. Y es que si a mí me gustan los "raritos", qué decir de este inefable periodista al que, a pesar de todo, voy a echar tanto de menos...

6.2.17

Saint-Saëns: Salmo XVIII

Quienes conocen mis gustos musicales por haber compartido tertulia conmigo ya sea en foros o redes sociales, saben que hay una serie de compositores considerados "raros" cuya obra me encanta (Reger, Busoni, Respighi, Holst...) Uno de esos casos es el de Camille Saint-Saëns (1835-1921). No es que sea raro, es bastante conocido y algunas de sus piezas son enormemente populares, pero en general es considerado como un músico "menor", academicista, que poco ha aportado a la historia y la evolución de la música. Sin embargo, a poco que se escarbe en su obra se pueden encontrar cosas que rozan lo sublime. Además, nos podemos topar con curiosas paradojas, como por ejemplo que una persona que se confesaba atea sin ningún tipo de complejos escribiese una música religiosa tan magnífica como este Salmo XVIII que hoy os traigo.

16.1.17

Telemann: "Du aber, Daniel, gehe hin" (fragmento)

Como es habitual cada comienzo de año, voy a dar un repaso a algunos compositores de los que algún aniversario se celebra en este 2017 recién estrenado. Empezaré con Georg Philipp Telemann, que murió en 1767, hace 250 años. Quizá no tan reconocido como Bach o Händel, es sin embargo una de las principales figuras del barroco alemán, con una vida tan larga que llegó a solaparse con los primeros balbuceos del clasicismo. Su obra es inmensa, abarca cerca de 6000 obras de todos los géneros (música de cámara, conciertos, cantatas religiosas y profanas y también colecciones que vendía por suscripción, como su Tafelmusik) y por eso se hace muy, muy difícil elegir una. Yo me he decidido por un fragmento de una de las más de 1500 cantatas que se conservan y que creo haber traído ya por aquí en alguna otra ocasión.

9.1.17

Poulenc: Concierto para dos pianos (primer movimiento)

Pensaba empezar las entradas de este año recurriendo a las consabidas efemérides que lo marcarán, pero la muerte de un gran director como Georges Prêtre se ha impuesto a la hora de elegir. Repasando mi fonoteca, he visto que donde más se repite su nombre es en las cuatro cajas que sacó EMI en 1999 dedicadas a Francis Poulenc en el centenario de su nacimiento y que contienen, en 20 discos, prácticamente toda su obra conservada. Por eso he querido traer aquí una de sus obras dirigida por Prêtre, en la que además participan el propio compositor y otro gran especialista en su obra, el pianista Jacques Février. Que lo disfrutéis y que tengáis un estupendo año 2017.

31.12.16

Johann Strauss (hijo): Obertura de "El murciélago"

Tengo que entonar el "mea culpa" por haber tenido tan abandonado este blog en los últimos tiempos. Espero enmendarme en el año que comienza esta medianoche y para ello cierro 2016 con la obertura de una opereta de Johann Strauss hijo que se suele representar en Viena el día de Nochevieja. Yo también me he tomado por costumbre, desde que dispongo de una grabación de la obra, disfrutarla en este día tan especial y por eso traigo aquí su obertura, interpretada por el mismo director de mi grabación, el Herbert von Karajan de los buenos tiempos. Que lo disfrutéis y feliz entrada y salida de año.

10.10.16

Sibelius: "Tapiola"

Buscando qué poner para intentar devolver la vida a esta bitácora que últimamente tengo un poco abandonada, he reparado que este fin de semana he escuchado bastante a Sibelius. Así que va a ser él quien intente remediar el desaguisado. Os traigo una de sus obras tardías y de las más impresionantes, Tapiola, en algunos de cuyos clímax creen ver ciertos comentaristas el "cataclismo" que llevó al compositor finlandés a un silencio de treinta años que incluyó la destrucción de su Octava Sinfonía.

5.9.16

Liszt: Sinfonía "Dante"

Tras la pausa veraniega y ante las temperaturas ardientes que nos está ofreciendo este comienzo de septiembre, no sé por qué se me ha venido a la cabeza esta obra de Liszt basada en la Divina comedia de Dante. Una pieza en dos movimientos (sólo retrató el Infierno y el Purgatorio persuadido por Wagner de que no había forma humana de describir el Paraíso con música) que al principio hace una cita musical de los versos del poema inmortal del florentino que reproducen lo que está escrito en las puertas del Infierno:

Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate...




13.6.16

Mahler: "Des Antonius von Padua Fischpredigt"

Uno de los poemas de Des Knaben Wunderhorn a los que puso música Gustav Mahler, "El sermón de Antonio de Padua a los peces", está relacionado, como indica su título, con el popular santo que se celebra hoy, 13 de junio. Cuenta la tradición que hallándose el santo en Rímini intentó predicar ante una muchedumbre  que no fue muy receptiva a sus enseñanzas, de modo que, harto de no ser escuchado e inspiración divina mediante, se fue a la desembocadura de un río y empezó a dar un sermón a los peces, que se acercaron y escucharon con atención lo que San Antonio les decía. No contentas con eso, las criaturas marinas se pusieron a alabar a Dios, de modo que los infieles que tan poco caso habían hecho antes a San Antonio se convirtieron en masa. Mahler hizo una gran canción con el texto poético que recoge esta tradición y no sólo eso, sino que luego la utilizó como base del tercer movimiento de su Segunda Sinfonía. Aquí os la dejo con unos intérpretes de primer orden.

6.6.16

Beethoven: Variaciones Diabelli (Arthur Schnabel)

Hace ya demasiado tiempo que no actualizo este blog y, para reparar esa falta, voy a intentar volver a lo grande, con una de las obras pianísticas capitales del genio de los genios. Una obra en la que sacó todo, absolutamente todo de un breve vals arquetípico de la época Biedermeier. Os la dejo en la versión de un pianista que fue el primero en intentar eliminar todos los pegotes románticos que se habían adherido a lo largo del siglo XIX a las obras de Beethoven, Arthur Schnabel.

25.4.16

Busoni: Concertino para clarinete Op. 48

Seguimos de aniversarios, pues este año se cumplen 150 del nacimiento de Ferruccio Busoni, un compositor muy peculiar. Aunque italiano de nacimiento, desarrolló toda su carrera en Alemania y se le puede considerar más germánico que mediterráneo. Abogado de la vanguardia musical, sin embargo nunca se alejó de la tonalidad. Fue un gran virtuoso del piano y gran parte de su obra la consagró a ese instrumento; a pesar de ello hoy os traigo su Concertino para clarinete y orquesta de cámara, escrito en 1918, es decir, tres años antes de su muerte.

11.4.16

Granados: Valses poéticos

El pasado día 24 de marzo se cumplió el centenario de la muerte de Enric Granados, muerte que encontró intentando salvar a su esposa de un naufragio causado por el torpedo de un submarino alemán. Parece mentira, pero es un compositor muy desconocido, tal vez a causa de la exagerada popularidad de alguna de sus obras, como Goyescas. Gran parte de su producción sigue inédita y, si hacemos caso al Grove, ni siquiera existe un estudio detallado de su vida. Lo que os traigo hoy no es que sea del todo desconocido, pero tampoco es de lo más escuchado del leridano. Interpreta Alicia de Larrocha.

4.4.16

Reger: Trío para cuerdas en re menor Op. 141b

Tras la etapa de Meiningen, Reger se trasladó a Jena en el verano de 1915; era una ciudad tranquila y apacible en la que desarrolló una nueva forma de hacer música a la que él mismo denominó "estilo libre de Jena", menos radical, elegíaco, aunque no se pueda decir que estas obras estén impregnadas de paz. Los primeros meses fueron también tranquilos en su vida, pero todo esto cambió cuando empezó la temporada de conciertos, en octubre de 1915. Se embarcó entonces en otra de sus agotadoras giras por Alemania y los Países Bajos, dificultada por los problemas que para los viajes suponía la guerra, y todas las semanas acudía a Leipzig a dar clases en su Universidad. El 10 de mayo de 1916 se encontraba en esa ciudad; al día siguiente tenía previsto dar un concierto a beneficio de la Cruz Roja en Wittenberg. Sin embargo, un ataque al corazón acabó con su vida la madrugada del 11 de mayo. Al morir, su prestigio era enorme: recibió homenajes en toda Alemania e incluso en Rusia, un país que estaba en guerra con el suyo. Os dejo, como culminación de estos mensajes dedicados a Reger en su centenario, una de las obras representativas de este "estilo libre de Jena", su trío para cuerda Op. 141b.

29.2.16

Max Reger: Suite romántica, Op. 125

Entre 1911 y 1915 Reger dirigió la orquesta de Meiningen, un conjunto que tal vez no suene mucho hoy en día, pero que en aquella época era de los más importantes de Alemania. Había sido fundada por Hans von Büllow y entre sus directores había contado también con Richard Strauss. Reger se lanzó a un trabajo que se podría considerar frenético; se sentía bastante constreñido en la provinciana capital del ducado y realizó agotadoras giras en las que obtuvo bastantes éxitos no sólo como director, sino también con sus obras. Eso no impidió que ese exceso de trabajo le hiciese de nuevo refugiarse en el alcohol y llegase a sufrir un grave ataque en febrero de 1914. La muerte de su patrón, el duque Jorge II, y el estallido de la primera guerra mundial supusieron el fin de su estancia en Meiningen. La orquesta fue disuelta por el nuevo duque y Reger se marchó a Jena. Hoy os traigo una de las primeras obras que compuso en Meiningen, la Suite romántica, basada en poemas de Eichendorff y muestra de que en esta época empezó a alejarse de la música absoluta y se basó en ideas extramusicales para algunas de sus obras.

22.2.16

Max Reger: Concierto para piano en fa menor Op. 114

Entre 1907 y 1911 Reger vivió en Leipzig. Fue una época de grandes contrastes: no abandonó la música de cámara pero se dedicó con más intensidad a la sinfónica. Entró en contacto con gente que se convirtió en importante valedora de su música (los hermanos Busch, Henri Marteau) pero siguió recolectando enemigos entre los críticos. Adoptó a dos hijas y fue feliz en su vida familiar, pero el alcohol siguió minando su salud. Los estrenos de sus obras solían ser grandes fracasos, pero se celebraron varios festivales dedicados a su música que le colocaron en la cúspide de la fama. Cuando la situación en aquella ciudad se acercaba a lo insostenible, llegó la providencial llamada del duque Jorge II de Sajonia para dirigir la orquesta de Meiningen. Hoy os traigo una obra de este periodo, el Concierto para piano en la menor, escrito en el verano de 1910 para la pianista Frieda Kwast-Hodapp, que lo estrenó en diciembre de ese mismo año bajo la batuta de Arthur Nikisch.

15.2.16

Max Reger: Sinfonietta Op. 90

Reger vivió en Múnich entre 1901 y 1907. Fueron años fecundos y repletos de acontecimientos. Por un lado, se produjo su salto a la fama, desde 1904 y por otro se fue ganando la enemistad (porque la hostilidad de partida ya la tenía) de la mayor parte de los críticos musicales de la capital bávara. En esta época también se casó con Elsa von Bagenski, a pesar los reparos de la católica familia de Reger a tratarse de una protestante divorciada. Aunque Reger siguió componiendo para el órgano y mucha música de cámara, en esta época de Múnich también se dedicó a la música sinfónica. Luchó durante varios años con su Sinfonietta, cuyo estreno muniqués -dirigida por Felix Mottl- se convirtió en un escándalo que llegó a degenerar en peleas a puñetazo limpio frente a la casa de Rudolf Louis, uno de los críticos más influyentes de Múnich. Es la pieza que os traigo hoy.

8.2.16

Max Reger: Allegro affabile (Sonata para clarinete en fa sostenido menor Op. 49 nº 2)

Reger pasó tres años en Weiden recuperándose (1898-1901). Fueron tiempos de actividad febril, en los que no dejó de componer para el piano, el órgano y abundante música de cámara. Se dedicó, asimismo, a buscar editor para sus obras, tarea ardua sin duda, a pesar del apoyo de grandes figuras como Richard Strauss. Karl Straube no dejó de estrenar las piezas para órgano que iba componiendo y empezaron a llegar algunas críticas favorables, sobre todo de Múnich, lo cual preparó el camino para el traslado de Reger a la capital de Baviera. La pieza, uno de cuyos fragmentos os traigo hoy, es una muestra más de la admiración que sentía Reger por Johannes Brahms. Fue escrita en 1900, poco después de que Reger escuchase la sonata para clarinete Op. 120 nº 1 del hamburgués.

1.2.16

Max Reger: Passacaglia de la Suite para órgano Op. 16

En su época en Sondershausen y Wiesbaden (1890-98) Reger llevó una vida frenética. Siguió siendo a la vez alumno y profesor del conservatorio, empezó a publicar sus obras recomendado no solo por su maestro Riemann, sino también por Richard Strauss, a quien conoció por entonces (al igual que a Ferrucio Busoni, Felix Mottl o Eugen d'Albert). De todos modos, sus obras seguían encontrándose con una fuerte oposición (la que os traigo hoy le valió el calificativo de "terrorista musical"). El estrés del trabajo (empezó a actuar como concertista en estos años) y una mala experiencia en el servicio militar -donde le apareció una dolorosa úlcera en el cuello-, le llevó a caer presa del alcohol y el tabaco, que le llevaron a una situación lamentable. Al final, en junio de 1898, consintió que su hermana Emma le llevase a Weiden a recuperarse, a casa de sus padres. No todo fue malo en este periodo, sin embargo. Reger conoció a Elsa von Bagenski, que se acabaría convirtiendo en su esposa, se publicaron los primeros artículos elogiosos sobre su obra y empezó su relación de amistad con el organista Karl Straube, uno de los mayores defensores de su música, especialmente la mucha que compuso para el órgano. Hoy os traigo la Passacaglia con la que termina su Suite para órgano nº 1, Op. 16, obra de 1895.

25.1.16

Max Reger: Allegro scherzando (Sonata para violín y piano nº 1, Op. 1)

La idea inicial de la familia de Reger fue que se convirtiese en maestro de escuela, como su padre, Joseph Reger. Sin embargo, viendo sus cualidades musicales, no pusieron objeciones a que Adalbert Lindler, un antiguo alumno de Joseph que ejercía como maestro de música en Weiden, le diera clases de piano. Fue una visita a Bayreuth, en 1888, la que le convenció de que su vocación era la musical y, después de un prolongado tira y afloja, su padre consintió que ingresase en el Conservatorio de Sondershausen y posteriormente en el de Wiesbaden, donde su maestro principal fue Hugo Riemann (que fue, dicho sea de paso, uno de los encargados de acabar la magna biografía de Beethoven que dejó inconclusa Alexander W. Thayer). Su primera obra publicada, la Sonata para violín y piano en re menor (1890), de la que os traigo un fragmento (el segundo movimiento), impresionó tanto a su maestro que le recomendó para que él mismo fuese profesor de piano. La pieza se estrenó de forma fragmentaria en marzo de 1891 y, lo que será habitual, no causó buena impresión. A ver qué os parece.

18.1.16

2016: Año Reger (Suite para violonchelo solo nº 1)

Seguro que este año que acaba de comenzar verá muchas efemérides musicales importantes. Lo cierto es que aún no me ha dado lugar a repasarlas, sobre todo porque una me interesa sobre todas las demás: el próximo 11 de mayo se cumplirán 100 años de la muerte de Max Reger (1873-1916), un compositor al que admiro especialmente y que es bastante poco conocido (y quienes lo conocen, no suelen hablar muy bien de su obra). Yo creo que merece la pena dar un repaso a su  obra y eso es lo que pretendo hacer durante las próximas semanas, con ejemplos musicales de la vasta obra de Reger correspondientes a cada época creadora. (Hace algunos años publiqué una minibiografía de Reger que se puede consultar en esta misma bitácora). Como aperitivo, una pieza que muestra su admiración por Bach, su primera suite para violonchelo solo, Op. 131c nº 1 (escrita a comienzos del otoño de 1914) en una interpretación debida al mítico Emmanuel Feuermann.

21.12.15

Nielsen: Chacona para piano Op. 32 (FS 39)

El segundo compositor nórdico celebrado este año que ahora acaba al cumplirse 150 de su nacimiento es el danés Carl Nielsen, que es conocido sobre todo por su obra sinfónica, pero que también tiene interesantes obras para piano como esta Chacona escrita en el año 1916.

16.12.15

Beethoven: Obertura "Namensfeier" Op. 115

Ludwig van Beethoven fue bautizado el 17 de diciembre de 1770 en la parroquia de San Remigio de Bonn. Por eso, tradicionalmente, se considera que nació el día anterior, es decir, tal como el de hoy. Por eso, para festejar su 245º cumpleaños, os traigo una de sus oberturas, no de las más conocidas, escrita entre 1814 y 1815, titulada para la onomástica. Fue estrenada el día de Navidad de 1815 y se publicó diez años más tarde con una dedicatoria para el príncipe Radzivil. ¡Feliciades, Genio de los Genios!

14.12.15

Sibelius: Las Oceánides, Op. 73

Nos acercamos al final de este año 2015, que ha sido el del sesquicentenario del nacimiento de dos importantes compositores nórdicos. Uno de ellos, Jean Sibelius, escribió varios poemas sinfónicos, casi siempre inspirados en el Kalevala, el poema épico nacional de los finlandeses. Sin embargo, el que traigo hoy aquí es uno de los pocos que se sale de esa pauta. Se trata de Las Oceánides, una obra de 1913-14 (un encargo que le vino de los Estados Unidos), donde describe a estos seres de la mitología griega, hijas de Océano y Tetis, ninfas siempre relacionadas con algún río, lago o fuente.

26.10.15

Charles Trenet: "La mer"

Cuidado, que hay quien dice que es la canción más bella jamás escrita. ¿Qué opináis? Aquí la tenéis en la versión original, en francés, cantada por su creador, Charles Trenet, que la escribió en 1943.



Ha habido centenares de versiones, pero la inglesa es la más conocida (con una letra que no tiene nada que ver con el original). Quizá quien más se identifica con ella sea el cantante neoyorquino Bobby Darin, que murió en 1973 a los 37 años de edad a causa de una enfermedad cardíaca. Se dice que tras cada una de sus actuaciones, tenía que ir a que le diesen oxígeno...

19.10.15

Boccherini: Quinteto Op. 11 nº 5

A veces es bueno situar las piezas más célebres en su contexto. Hoy lo voy a hacer aquí. Celebérrimo es el "minueto" de Luigi Boccherini, pero tal vez mucha gente no sepa que en realidad se trata del tercer movimiento de su Quinteto para cuerda en la mayor, Op. 11 nº 5. Pues sigue la obra completa, para que os hagáis una idea de la forma de crear música de este enorme compositor, cuya obra de cámara es tan extensa como magnífica y requeriría mayor atención.

5.10.15

Rameau: Suite de "Les Boréades"

La vida de Jean-Philippe Rameau fue lo suficientemente larga como para ser un estricto contemporáneo de Bach y Händel que, cuando murió, en 1764, se hallase rodeado de un incipiente clasicismo musical. Del último año de su vida es la música que os traigo hoy, la suite orquestal de la postrer ópera del maestro de Dijon, que no se estrenó hasta casi doscientos años después de su muerte.