1.9.14

Smetana: "El Moldava"

Llegó septiembre y con él volvió la rutina. Una rutina que nos acompañará durante un largo periodo hasta que un nuevo verano -ya hablo del nuevo cuando aún no ha terminado este...- vuelva a ralentizar el ritmo de nuestras vidas. En estos días es cuando evocamos esos buenos momentos que nos han dado esas semanas de descanso y de desconexión... Para evocar, la música es una gran herramienta y pocas músicas son tan evocadoras como esta descripción que hizo Smetana del Moldava, el río que pasa por Praga y riega sus tierras bohemias... Y nadie mejor que Rafael Kubelik, de quien este año celebramos el centenario de su nacimiento, para ejercer de maestro de ceremonias. Y si es con la Filarmónica Checa y en el concierto que supuso el retorno a su país natal tras la Revolución de Terciopelo, mucho mejor...

25.8.14

Offenbach: Obertura de "La belle Hélène"

Si en el ámbito germánico la familia Strauss es la cúspide en lo que hemos dado en llamar "música ligera", en Francia lo es Jacques Offenbach (el cual, curiosamente -como delata su apellido- fue asimismo de origen alemán: nació en Colonia en 1819). Autor de numerosas operetas, compositor de algunas de las melodías más célebres de la historia (piénsese en el Can-can), también quiso hacer su incursión en el campo de la música que hemos dado en llamar "seria" con sus también archiconocidos Cuentos de Hoffmann, ópera que dejó inconclusa a su muerte, en 1881. Lo que os traigo hoy es la obertura de otra de sus muchas operetas: La belle Hélène, que, con librero de Meilhac y Halévy (los mismos que escribieron el de Carmen para Bizet) se estrenó en el Théâtre des Varietés de París el 17 de diciembre de 1864.

18.8.14

Josef Strauss: "Delirien", Op. 212

No abandono la dinastía de los Strauss, imprescindible si estamos hablando de la música (¿mal?) llamada "ligera". Si bien la mayor parte de la fama se la llevó Johann hijo, varios de sus hermanos también fueron importantes compositores en este campo y uno de ellos, Josef, muerto prematuramente a los 43 años en 1870, incluso es considerado por algunos el más talentoso de todos, ya que su música en ocasiones era de "mayor profundidad" -en palabras de John Parry(*)- que la de su famoso hermano. Os traigo como muestra su vals Delirien, escrito para el baile de los médicos del año 1867 y cuyo comienzo es una especie de descripción sinfónica de la mala situación de la medicina en la época. La grabación procede del Concierto de Año Nuevo de 1973 y está dirigido por el mítico Wili Boskovsky.

(*) En su comentario escrito en el álbum de 6 CD con Valses, Polcas y Mazurcas de la familia Strauss (Decca 455 254-2)

11.8.14

Johann Strauss (hijo): "Die Fledermaus"

Con relación a esto de la "música ligera" o "para divertirse", me viene al pelo un texto que encuentro en la carpeta del último LP de vinilo que me compré, hace ya 25 años; su autor es Volker Scherliess y dice:
En la vida musical, en el sentido más corriente del término, se ha introducido una diferencia entre dos tipos de música que, aparentemente, se oponen radicalmente uno a otro: música ligera y música seria. En la primera categoría nos encontraríamos con la que sirve para divertir al oyente -desde el éxito popular que ayuda a distraerse después de una jornada de trabajo hasta la música de fondo que se escucha en compañía agradable, pasando por la música de baile o la que oímos constantemente en los lugares públicos; en resumen: toda aquella música que no requiere  necesariamente una escucha atenta y consciente. Por música seria se entiende toda la que constituye un arte en su más amplia acepción, de la vanguardia contemporánea a los "organa" de Perotinus Magnus, incluyendo casi automáticamente toda la música de épocas anteriores a la nuestra. Incluso las obras barrocas o clásicas que en su tiempo no tuvieron otro fin que el de divertir al público constituyen hoy para  nosotros obras "serias", documentos de un gran valor artístico. Es casi imposible decir en qué momento se produjo esta separación (el concepto romántico-idealista de la obra musical tuvo sin duda un papel decisivo en ello), pero es cierto que en muchas ocasiones dicha separación se realiza de manera arbitraria y que se aleja de su significado original.
Herr Scherliess se refería en su texto a la Kleine Nachtmusik y a la Serenata Posthorn de Mozart, obras sin duda pensadas para divertir a su público y, por tanto, encuadrables en la "música ligera". Pero claro, si comparamos esto con lo que hoy en día sería equiparable (por ejemplo, las diversas "canciones del verano"), tal vez no tendríamos las mismas dudas que el autor.

Pero vayamos a la música. Muchos vemos todos los unos de enero el Concierto de Año Nuevo de Viena (aunque esté de moda entre los esnobs decir que no, que lo odian, etc.) Es una tradición muy célebre; tal vez no lo es tanto otra: la representación en Noche Vieja, también en Viena (y en otros lugares) de la que acaso sea la más conocida opereta de Johann Strauss (hijo): El murciélago. Aquí os la traigo en una versión soberbia que incluye unos nombres que quitan el hipo: Janowitz, Windgassen, Wächter y, en el foso, Karl Böhm.

4.8.14

Mozart: "Eine musikalischer Spass" KV 522

Agosto es el mes en que todo parece ir más lento: la gente se va de vacaciones y la tensión habitual parece relajarse. Creo que esto no es más que un tópico, pero está tan arraigado que lo daremos por válido. Por eso voy a dedicar las entradas de este mes a música ligerita, música que se hizo para divertir y no para suscitar cuestiones metafísicas a sus oyentes. Empecemos bien, con Mozart, con su "Broma musical" escrita en 1787 para reírse de los músicos de tercera categoría que se las daban de virtuosos. Trompas desafinadas, violines que quieren subir tan alto que rompen sus cuerdas y unos últimos compases que podría haber firmado cualquier discípulo de Webern. A disfrutar.

28.7.14

Zemlinsky: "Sinfonía Lírica" Op. 18

Acabo este pequeño homenaje a Zemlinsky en este mes de julio con la que seguramente es su obra más conocida: la Lyrische Symphonie, escrita en 1922 y que consiste en la puesta en música de siete poemas de Rabindranath Tagore que se enlazan entre sí por medio de una serie de interludios. Es inevitable trazar un paralelismo con La canción de la Tierra de Mahler por la forma de la obra (un ciclo sinfónico de canciones o una sinfonía para voces solistas y orquesta, con alternancia de voz masculina y femenina y con poemas de origen oriental). Sin embargo, Zemlinsky confiere a su obra un carácter mucho más unitario, lo que hace que se convierta casi en una sinfonía en un movimiento. Alban Berg, conspicuo admirador de Zemlinsky, tuvo mucha estima a esta sinfonía, tanto como para tomar prestado su título para su propia Suite lírica, en cuyo Adagio appassionato hace una cita literal del tercer movimiento de la obra de Zemlinsky.

24.7.14

Zemlinsky: "Hochzeitgesang" (Canto nupcial)

Si bien Anton, el padre de Zemlinsky, era de origen católico, se convirtió en 1870 al judaísmo para casarse con Clara, nacida en Sarajevo en el seno de una familia sefardita. De joven, Alexander fue asiduo de la sinagoga y allí interpretó música; de toda su producción solo se conserva una pieza basada en textos litúrgicos judíos, es esta breve canción nupcial ("Baruch aba, mi adir"), que data de 1896. Es un enlace de Spotify, ya que no la he encontrado en Youtube:

Lothar Blum/Mülheimer Kantorei/Romano Giefer/Gürzenich-Orchester Kölner Philharmoniker/James Conlon – Hochzeitsgesang ("Baruch aba, mir adir") · für Tenor solo, Chor und Orgel

23.7.14

Zemlinsky: "Der Zwerg"

En la entrada anterior hablé del fuerte desengaño amoroso sufrido por Zemlinsky cuando Alma Schindler le dejó por Mahler. Fue un golpe del que tal vez nunca se pudo recuperar. Tras la muerte de Mahler, Zemlinsky buscó una catarsis en la composición de grandes obras que contuviesen la "tragedia de un hombre feo", tal y como le pidió al compositor y libretista Franz Schreker en 1912. Finalmente Zemlinsky no llegó a componer nada sobre lo escrito por Schreker, pero en años posteriores logró su objetivo poniendo música a dos piezas de Oscar Wilde: el resultado fueron las óperas Una tragedia florentina (1915-16) y Der Zwerg ("El enano"), que es la que hoy os traigo, basada en el relato The Birthday of the Infanta. Según el adaptador del libreto, Georg Klaren, se trataba de
La historia de un individuo que no sabe que es diferente de aquellos que le rodean. Es destruido por una mujer que, en lugar de penetrar en las profundidades de su alma, simplemente juega con él.
Para recalcar aún más el carácter autobiográfico de la obra, Zemlinsky y Klaren hacen que el enano, que en el cuento de Wilde es un semisalvaje hijo de un carbonero de un bosque vecino, tenga un supuesto carácter noble y origen oriental (alusión al "von" que, sin tener derecho a ello, el padre del compositor antepuso a su apellido y también a los ancestros turco-sefardíes de su madre). La obra, escrita entre 1920 y 1921, se estrenó en Colonia el 28 de mayo de 1922 y tuvo algunas representaciones en años posteriores, pero no se redescubrió hasta 1980, llena de cortes y correcciones. No fue hasta la grabación realizada por James Conlon en 1996 cuando se pudo volver a oír la versión original, que es la que os traigo.



(P. D.- Dejé programado este mensaje para que apareciese el lunes 14 de julio, pero no ha funcionado. Más vale tarde que nunca. Y lo mismo va a valer para el próximo, que tendría que haber aparecido el día 21.)

8.7.14

Zemlinsky: Die Seejungfrau ("La sirena")

1996 señala el 125º aniversario del nacimiento de Zemlinsky. En Colonia, donde se estrenó [la ópera] Der Zwerg en 1922, hemos iniciado una importante retrospectiva de sus obras. En Alemania y Austria Zemlinsky ha disfrutado de un resurgimiento en los últimos 20 años, pero sus obras aún no son suficientemente conocidas en el resto de Europa, América y Oriente. Estoy convencido de que ha llegado el momento en el que, en unos cuantos años, un público amplio y entusiasta conocerá y estimará su música.
Lo anterior lo escribió hace 18 años James Conlon, director estadounidense hoy titular de la Ópera de Los Ángeles y entonces al frente de la Orquesta Filarmónica Gürzenich de Colonia, y me temo que no son unas frases demasiado proféticas. Alexander von Zemlinsky aún sigue siendo un desconocido para el gran público. Nacido en Viena en 1871, de ascendencia eslovaca y judeo-sefardita, fue amigo, maestro e incluso cuñado de Schoenberg, a quien, sin embargo, no acompañó en su viaje sin retorno a la atonalidad. En su tiempo fue considerado uno de los mejores directores de orquesta y ocupó puestos en Viena, Praga y Berlín. Con el advenimiento del nazismo hubo de huir primero a Viena y luego a Estados Unidos, donde muríó olvidado en 1942. Su música, tardorromántica, es enormemente disfrutable y por ello le voy a dedicar las entradas de este mes de julio. La primera obra que os traigo está relacionada con un fracaso amoroso. Zemlinsky, bajito y feo, poco tenía que ofrecer al menos en apariencia; cierta dama, al verle dirigir en febrero de 1900 en Viena, escribió en su diario: "El hombre forma la figura más cómica imaginable - una caricatura, apocado y corto, con ojos saltones." Esta joven dama, que respondía al nombre de Alma Schindler, le conoció a las pocas semanas y, a pesar de esa primera opinión, pronto se convirtió en su alumna de composición musical y después en su apasionada amante y en su principal fuente de inspiración. Pero en noviembre de 1901 se cruzó en su camino un tal Gustav Mahler y el flechazo hubo de ser instantáneo; al mes siguiente la prensa anunció el compromiso matrimonial de Alma y Gustav. El golpe fue brutal para Zemlinsky; de un plumazo se quedó sin amante y sin musa. La consecuencia fue esta obra, basada en el célebre cuento de Hans Christian Andersen, que escribió entre 1902 y 1903, en la que intentó reflejar sus sentimientos de desesperación. Os la traigo en la versión de otro director que procuró dar un impulso a la obra de este músico, Riccardo Chailly.

30.6.14

Beethoven: Trío para piano en si bemol mayor Op. 97 "Archiduque"

Y, como no podía ser de otra manera, termino este mes dedicado al trío para piano, violín y violonchelo con la obra culminante para este conjunto de Beethoven, el Trío Archiduque, escrito en 1811. Beethoven dio gran importancia a esta formación de cámara: no en vano, las primeras obras que consideró dignas de llevar un número de opus fueron tres tríos compuestos en sus primeros años de Viena y que pensó le darían un nombre como compositor y no simplemente como virtuoso del piano. Aquí tenéis este trío interpretado por uno de los más célebres conjuntos de cámara de todos los tiempos, el Trío Beaux Arts.

23.6.14

Ravel: Trío para piano en la menor

Del Trío de Ravel se suele decir algo semejante al de Chaikovsky: también es una obra para que la toquen grandes solistas antes que conjuntos estables. Por eso os lo traigo en una grabación histórica (1954) de esta pieza escrita en 1914 en la que destaca el nombre del gran pianista francés de origen lituano Vlado Perlemuter.

16.6.14

Chaikovsky: Trío en la menor Op. 50

Del peculiar trío para piano, violín y violonchelo de Chaikovsky se suele decir que es más para un trío de grandes solistas que para un conjunto habitual de cámara. Una muestra clara puede ser la de la versión que os traigo, protagonizada nada menos que por Rubinstein, Heifetz y Piatigorsky. Hay un curioso chascarrillo relacionado con este trío de estrellas que dio varios conciertos por Estados Unidos a finales de los años 40 del siglo pasado. Siempre se anunciaban los nombres así: Rubinstein, Heifetz y Piatigorsky. Herido el ego del gran violinista por ello, se quejó e indicó que en alguna ocasión se podría variar el orden, a lo que D. Arthur contestó: "Los nombres se indican así por tradición: piano, violín y violonchelo; de modo que si Dios tocase el violín, se habría de anunciar a Rubinstein, Dios y Piatigorsky."




9.6.14

Schubert: Trío en si bemol mayor D. 898

Siguiendo con los tríos para piano, violín y violonchelo, llega el turno de Franz Schubert. Muy conocido por sus lieder, ya sea independientes o en sus geniales ciclos como Winterreise, tal vez también por sus dos últimas sinfonías, la Inacabada y la Grande, Schubert dejó asimismo un importante legado en la música de cámara, con numerosos cuartetos, y sus celebérrimos Octeto para viento y cuerda y Quinteto para piano y cuerda La trucha. También escribió tríos para cuerda y para piano y cuerda; en concreto, para esta última combinación, compuso dos tríos completos y dos fragmentos, uno muy temprano (1812) conocido como "Sonata" y un Notturno que data de la misma época de las dos obras completas, esto es, 1827-28. Os traigo hoy el primero de los dos tríos, el que está en si bemol mayor y lleva el número de catálogo 898. Los intérpretes son de garantía: Istomin, Stern y Rose.

2.6.14

Saint-Saëns: Trío para piano, violín y violonchelo nº 1 en fa mayor Op. 18

En la música de cámara, el trío formado por un piano, un violín y un violonchelo es tal vez el conjunto más importante detrás del cuarteto de cuerda. Muchos grandes compositores han dejado su impronta en esta formación y, aprovechando que recientemente una amiga se ha convertido en miembro del más renombrado trío de piano y cuerda de España, voy a dedicar, en su honor, este mes a composiciones de este tipo que me gustan especialmente. Empezaré con el primero de los dos que escribió mi admirado Saint-Saëns, una verdadera delicia, que data de 1863. Y los intérpretes son de los que quitan el hipo.

26.5.14

Beethoven: Sonata "Hammerklavier" (Arrau)

El lunes pasado fue de alegrías, este no tanto. Otra vez nos quedamos a las puertas... Pero volveremos. Ayer le comenté a un amigo que había acudido a Beethoven y a Arrau para levantar el ánimo y hoy lo voy a compartir aquí. La más importante sonata para piano de Beethoven en una gran interpretación. A disfrutarla.