17.4.23

Mahler: Sinfonía n.º 1 en re mayor (Jascha Horenstein)

Este es mi ejemplar de la Octava de Mahler por Horenstein;
en el texto veréis cuál es su importancia.

El pasado día 2 se cumplieron 50 años de la muerte de Jascha Horenstein, un director que, entre otras cosas, fue un gran intérprete de la música de Mahler.

Había nacido en Kiev, el 6 de mayo de 1899 (entonces era el 24 de abril allí). Poco tardó en salir del país, pues en 1905 vivía en Königsberg. Luego marchó a Viena, donde estudió música; en 1920 se trasladó a Berlín, donde empezó dirigiendo coros y llegó a ser asistente de Furtwängler. Se puso al frente de una orquesta por primera vez en 1923 en Viena; en 1928 se convirtió en director de la Ópera de Düsseldorf. El ascenso de los nazis al poder lo obligó a abandonar Alemania. En 1940 llegó a los Estados Unidos, donde se acabó nacionalizando. Tras la guerra actuó por todo el mundo, dirigiendo ópera sobre todo, pero hoy en día es recordado sobre todo como un excepcional intérprete de Bruckner y, en especial, de Mahler.

La foto que encabeza esta entrada tiene su importancia en ese aspecto, pues se corresponde con la grabación de un concierto que supuso un punto de inflexión en la aceptación de la música de Mahler en el Reino Unido. Poco antes, la crítica había dejado claro (por voz de uno de sus prebostes, Frank Howes), que Mahler no era bien recibido allí. Este concierto del 20 de marzo de 1959 con la Sinfónica de Londres acabó con este prejuicio.

Horenstein, que en sus últimos años se estableció en la ciudad suiza de Lausana, murió en Londres el 2 de abril de 1973. Aquí os traigo su interpretación de la Primera Sinfonía de Mahler, también con la Sinfónica de Londres, del año 1969. Que la disfrutéis.


 

3.4.23

Rajmáninov: Rapsodia sobre un tema de Paganini Op. 43


No está muy claro en qué parte de Rusia nació, pero lo que sí se puede afirmar es que allí era el 20 de marzo mientras que en el resto del mundo era el 1 de abril. Así que anteayer hizo 150 años del nacimiento de Sergéi Rajmáninov. Un compositor del que leí en algún sitio que "no pertenecía ni a su tiempo ni a su país". Lo de su tiempo, puede ser, ya que siguió escribiendo música tonal y casi romántica hasta el final de su vida (murió en 1943). Lo de su país, ya no lo tengo tan claro. Es cierto que salió de Rusia tras la Revolución, pero allá donde vivió, si hacemos caso -y deberíamos hacerlo- a su breve biografía en el New Grove, firmada por Geoffrey Norris, "la familia observó las costumbres rusas, recibió visitantes rusos y empleó criados rusos". Hoy os traigo la que quizá sea su obra más célebre, la Rapsodia sobre un tema de Paganini, escrita en 1934, que es difícil que alguien no haya escuchado, al menos la parte que en este vídeo va de 15'38'' a 18'36''. Ya me diréis.


27.3.23

Chaikovsky: Marzo ("El canto de la alondra") y Beethoven

Una alondra
(Foto CC BY-SA Juan Lacruz)

Último lunes de marzo, toca pieza de Las estaciones de Chaikovksy. La dedicada a marzo lleva el título de El canto de la alondra, ese bichito alado que en nuestro país no suele migrar, pero que en la Europa oriental en la que vivió el compositor ruso sí que hibernaban en el sur y con la llegada de la primavera volvían hacia tierras más septentrionales. Aquí la tenéis, en una interpretación de garantías. Pero...


¿A qué viene el pero? A que ayer, 26 de marzo, se cumplieron 196 años de la partida de este mundo del genio de los genios, Beethoven...


Lo cierto es que estos días se ha hablado bastante de él, por el estudio que se ha hecho a partir de los mechones de su cabello que se conservan. Un estudio en el que se han descubierto las sopas de ajo, es decir, que se ha anunciado a bombo y platillo que murió por un problema hepático, como si eso no se supiera desde el año de Maricastaña. (No pongo aquí fragmentos de mi humilde Vida de Ludwig van Beethoven en los que se habla de ello porque casi me da corte). En fin, dejémonos de bobadas periodísticas y vamos a lo bueno, que es su música. Y qué mejor que una de sus obras capitales, la Eroica, interpretada por uno de los directores más importantes del siglo pasado, Otto Klemperer. A disfrutarla.




20.3.23

Sesquicentenario de Max Reger ("An die Hoffnung", Op. 124)

Max Reger en 1913

Ayer, 19 de marzo, se cumplieron 150 años del nacimiento de Max Reger, un compositor por el que siento una especial admiración que en ocasiones ha sido criticada por gentes que comparten mi afición por la llamada música clásica (un saludo si lee esto, Milord). A pesar de ello, yo persisto y he de reconocer que me fascina un autor que vivió siempre contra corriente. Primero, porque dio prioridad a la música de cámara en una época en la que lo que se llevaba era el sinfonismo (casi) desaforado. También dio prioridad a la música absoluta cuando los esfuerzos de muchos compositores se encaminaban a la música programática y a la ópera. Fue un compositor consciente de los cambios que se estaban produciendo en su tiempo (Schoenberg y sus discípulos), pero que decidió no seguir por ese camino. Además, su producción para órgano fue la más abundante y rica desde Bach. No voy a extenderme más; en este mismo blog dediqué varias entradas a Reger, en lo que se puede considerar una minibiografía (el primer mensaje lo publiqué en mayo de 2008 y el séptimo y último en febrero de 2009; quien tenga interés puede buscarlos en los archivos). Se me ha ocurrido traeros hoy, como ejemplo musical, su adaptación para voz y orquesta del poema An die Hoffnung (esto es, "a la esperanza", la que yo no pierdo en que alguien que lea esto se aficione a la obra de Reger) de Friedrich Hölderlin, con unos intérpretes excepcionales.


13.3.23

Lauritz Melchior como estrella de cine (en "Luxury Liner")

Lauritz Melchior con sus hijos

El próximo sábado, día 18, se cumplirán 50 años desde que Lauritz Melchior partió hacia su particular Walhalla. Nacido en Copenhague el 20 de marzo de 1890, estudió en su ciudad natal y se presentó con 23 años como el Silvio de Pagliacci. Cinco años después hizo lo que se podría considerar una segunda presentación, pues apareció como Tannhäuser y dio comienzo a su relación con el repertorio wagneriano, que lo llevó a ser el Heldentenor por excelencia. Se presentó en Bayreuth en 1924 como Siegmund y Parsifal, pero su carrera se desarrolló sobre todo en otros teatros, como el Metropolitan de Nueva York. Da la impresión de que no se llevaba muy bien con los nazis. Una de sus interpretaciones wagnerianas más comentadas es la grabación que realizó en junio de 1935 del primer acto de Die Walküre en Viena, con Bruno Walter a la batuta y acompañado de Emmanuel List, ambos judíos. Tras la guerra, Melchior participó en varias películas de Hollywood y el vídeo que os adjunto pertenece a una de ellas, Luxury Liner, de 1948, donde interpreta el "Winterstürme wichen dem Wohnemond" ante su esposa Maria Hacker.


6.3.23

Leonie Rysanek (con Astrid Varnay en un fragmento de "Elektra", de Richard Strauss)

Leonie Rysanek, óleo sobre lienzo de Heinz Anger (1962)
Publicado en el libro Der Maler Heinz Anger (1992) CC BY-SA

Mañana, martes 7 de marzo, se cumplirán 25 años del fallecimiento, a causa de un cáncer óseo, de Leonie Rysanek, una extraordinaria soprano austriaca. Nació en Viena el 14 de noviembre de 1926 y su presentación en el primer Festival de Bayreuth después de la segunda guerra mundial, el año 1951, causó sensación. Se hizo célebre por el grito que lanzaba en Die Walküre, intepretando el papel de Sieglinde, cuando Siegmund sacaba la espada Notung del árbol en que la había incrustado Wotan. Al parecer, fue una idea de Wieland Wagner que Rysanek adoptó como suya y que siempre reprodujo allá donde cantase esa Sieglinde.

Aparte de este importante papel wagneriano, Rysanek cantó otros en Europa y América: Agathe (Der Freischütz, de Weber), Arabella, Donna Anna, Senta, Leonora (de La forza del destino) y muchos más. Tras su aparición en ese primer Bayreuth "desnazificado" se unió a la ópera de Múnich, pero también se presentó en el Covent Garden en 1953 con la compañía de Múnich (como la protagonista de Der Liebe der Danae, de R. Strauss), en Estados Unidos en 1956 (en San Francisco, como la Senta de El holandés errante) y en 1959 en el Metropolitan de Nueva York como Lady Macbeth (sustituyendo a Maria Callas). En Bayreuth también interpretó otros papeles, como los de Elsa (en Lohengrin), Elisabeth (en Tannhäuser) o Kundry (en Parsifal).

Me encantan sus papeles wagnerianos, pero quizá en el que más me guste sea en el de Elektra (mi ópera favorita de Richard Strauss) en la grabación filmada que hizo bajo la batuta de Karl Böhm en 1980 y del que hoy os traigo un breve fragmento, en el que se enfrenta a su madre Clitemnestra, interpretada aquí por otro mito: Astrid Varnay.


27.2.23

Chaikovsky: "Febrero" ("Las estaciones", Op. 37b)

Carnaval de Cádiz de 2019

Como lo prometido es deuda y hoy es el último lunes de febrero, os dejo la pieza correspondiente de Las estaciones, de Chaikovksy. La dedicada a febrero lleva, como no podía ser de otra manera, el título de Carnaval.

20.2.23

Músicas que quieren ser evocadoras (Falla: "Pantomima" de "El amor brujo")

Siempre me ha encantado esta carátula. No sé por qué, me parece un símbolo 
de que en España sabemos hacer más cosas que insultarnos y matarnos entre nosotros...

En las dos entradas anteriores he intentado poner ejemplos de músicas que inspiran y de lugares que evocan músicas. Muchos compositores han intentado hacer eso precisamente, evocar cosas, situaciones, sitios, con su música. Hay tantos ejemplos que se hace muy difícil elegir, pero cuando se me ha ocurrido escribir sobre esta cuestión ha habido una pieza que en seguida me ha venido a la mente y he decidido no pensar más.

La "Pantomima" es una de las piezas de El amor brujo de Falla. Al parecer, primero estuvo pensada como cuarta pieza de Noches en los jardines de España y la idea era recordar "las misteriosas luces de la noche sobre el mar en su ciudad natal, Cádiz", según palabras de K. H. Ruppel en su comentario de la grabación cuya carátula encabeza este texto. Yo, sin duda, me imagino esas luces y ese misterio cada vez que la escucho. Espero que os cause la misma impresión cuando lo hagáis, más aún en esta versión de garantías:


 

13.2.23

Lugares que evocan música (Borodin: "Danzas polovtsianas")

El tipo que se ve entre la fronda (¿eran viñedos?), en Paşabağ, 
es un servidor de ustedes con treinta años y veinte kilos menos

La semana pasada hablé por aquí de músicas que inspiran para escribir cosas o sencillamente para recordar acontecimientos, ya sea buenos o no tan buenos. Hoy voy a dar la vuelta al razonamiento y voy a plantear que determinados lugares nos pueden evocar algunas músicas, como me sucedió a mí hace ya más de treinta años.

Por desgracia, Turquía y Siria han estado muy presentes estos últimos días en los medios de comunicación por el terrible terremoto que ha causado más de 36 000 muertos en ambos países. Yo hice en agosto de 1992 un largo viaje por Turquía. Apenas me acerqué a las zonas hoy devastadas, pero la extraordinaria impresión que me llevé de ese país tras aquel viaje hace que me resulte especialmente penoso ver la destrucción de sus ciudades y las penurias que va a tener que sufrir su población. Por eso quiero acordarme hoy de ellos, de las maravillas que allí se pueden disfrutar, que en su momento me sugirieron o me evocaron, como he dicho en el primer párrafo de esta entrada, determinadas músicas.

Tras pasar unos días en Estambul, viajamos a Capadocia, en el centro del país, y disfrutamos de las maravillas que la Naturaleza ha creado, como lo que veis en la foto que encabeza este texto. Según caminaba por allí, en medio de las chimeneas de las hadas, me venía siempre a la mente un fragmento de las "danzas polovtsianas" de la ópera El príncipe Igor, de Borodin, que hoy os traigo aquí. En concreto es lo que escucharéis a partir de 2'37'' en el vídeo que va al final de la entrada. Cada vez que iba por aquellos pagos viendo esas formaciones geológicas y también las iglesias excavadas en la roca, esa música me retumbaba en la cabeza... 

 

6.2.23

Músicas que inspiran (Dvořák: Variaciones sinfónicas Op. 78)

(En la cubierta de esta novelita se vislumbra la partitura de
Bénédiction de Dieu dans la solitude, de Liszt)

Uno es aficionadillo a la música llamada clásica y por eso, entre otras cosas, mantiene este humilde blog que pretende comenzar cada semana con una pieza que nos dé fuerza para afrontar el lunes y todo lo que viene después. Pero también soy aficionadillo a juntar letras y de mi mente han salido algunas criaturitas que me dedico a difundir por otras vías. Todo esto viene a cuento porque se me ha ocurrido escribir sobre cómo la música en ocasiones inspira ideas para ponerlas en el papel (o en la pantalla del ordenador).

Supongo que habrá infinitos ejemplos mucho más buenos (me vienen a la mente, por ejemplo, La sonata a Kreutzer de Tolstoi o -aunque no esté inspirada en una música concreta-, el Doktor Faustus de Mann), pero voy a hablar sobre mí, no por vanidad, sino porque creo que soy el mayor experto sobre lo que yo pienso y sobre lo que ciertos pasajes musicales me han hecho pensar para luego plasmarlo en alguna que otra historia. Y lo voy a ilustrar con una obra de Dvořák que siempre me da la idea de escribir algo inspirado por ella, pero aún no lo he logrado.

Creo que la primera vez que me ocurrió esto (ya lo conté en la primera entrada de este año) fue cuando escuché la romanza del Concertino para guitarra y orquesta de Salvador Bacarisse. Esa música nostálgica y melancólica me pareció una suerte de lamento de un expatriado por su tierra perdida y añorada (fue escrito en 1952, cuando el compositor vivía exiliado en Francia). Y empecé a escribir algo que iba a llamar precisamente Exilio. Apenas pasó de las doce páginas, pero fue una efusión interesante que, quién sabe, quizá algún día recupere.

Después de esto, otras obras musicales me han impelido a escribir cosas. Por ejemplo, la Cantate de Noël de Honegger, que tantas veces he traído por aquí, es el hilo conductor del relato breve Una cantata de Navidad, en el que cada uno de sus apartados está encabezado por alguna de las frases (en latín, francés o alemán) que canta el coro, con la culminación del Noche de Paz. Otra partitura que tuve muy en cuenta fue la de Bénédiction de Dieu dans la solitude, de las Armonías poéticas y religiosas de Liszt, presente en mi "novela de la pandemia", esto es Las hermanas Sutil, una foto de la cual encabeza este texto. En los últimos tiempos, un pequeño pasaje que ni siquiera he podido identificar (una suerte de glissando ascendente de un arpa sobre una base en compás de 3/4) me llevó a empezar un texto sin título que temo que correrá la misma suerte de Exilio.

Y luego está la obra que os traigo hoy. Se trata de las Variaciones sinfónicas Op. 78, de Dvořák (de 1877, revisadas once años después). Son veintiocho variaciones sobre un tema original, proveniente de un coro masculino titulado Yo soy un violinista. La variación número diecinueve es un etéreo vals que siempre me hace ver cosas que me gustaría plasmar en papel (o en la pantalla del ordenador), pero aún no he sido capaz de hacerlo. En el vídeo que tenéis a continuación está desde 12'42'' hasta 13'27''. Que lo disfrutéis y os inspire.


30.1.23

Chaikovsky: "Enero" ("Las estaciones" Op. 37b)

Chaikovsky en 1888 (Foto de Émile Reutlinger)

Ya lo hice en otra ocasión, pero repito. En este año, que se cumplen 130 de la muerte de Chaikovsky, voy a traer, en el último lunes de cada mes, una pieza para piano de su obra Las Estaciones.

No es precisamente muy conocida la obra para piano del compositor ruso. De ellas, quizá las que más suenan al melómano medio sean la Gran Sonata Op. 37 y el conjunto de doce piezas conocido como Las estaciones, Op. 37b. No se refieren precisamente a las cuatro estaciones del año, sino que cada una está dedicada a un mes. Tienen una historia más que peculiar, que os voy a resumir.

Se trató de un encargo de una revista de San Petersburgo llamada Nuvelist. Le pidió que compusiese doce piezas para piano, cada una relacionada con un mes del año, sin que en realidad hubiese vínculos entre ellas aunque luego se publicasen como una unidad. El compositor no se lo tomó muy en serio y le pidió a su criado que le recordase que cada mes de aquel año (1876) tenía que cumplir con el encargo. Esto suena fatal, pero como iréis viendo mes a mes, la cosa no es tan horrible. Si la revista se esperaba unas piececitas fáciles para aficionados, se equivocaron del todo. Hoy os traigo enero, subtitulado Junto al fuego, interpretado por Lev Oborin.




23.1.23

Lalo: "Symphonie espagnole" Op. 21

Édouard Lalo (1891)
Grabado de Richard Paraire

En la primera entrada del año, de forma un tanto sarcástica, afirmé algo así como que Lalo había compuesto más cosas además de la Symphonie espagnole y es del todo verdad. Sin embargo, va a ser lo que hoy os traiga aquí, sobre todo porque no quiero mentir y aparentar que conozco más música del compositor de Lille aparte de esta celebérrima pieza y el concierto para violonchelo que puse la semana pasada. Distinto es que pueda acudir a las fuentes adecuadas y os pueda hablar de otras composiciones suyas que no he escuchado jamás y que tal vez podría (podríais) catar.

Así que recurro al correspondiente artículo del New Grove y os cuento. Al parecer, Lalo compuso dos sinfonías de juventud que destruyó; luego, en contra de lo que estaba de moda en la Francia de su época, se inclinó hacia la música de cámara, con el agravante de trabajar en un conjunto, el trío para piano y cuerda, que estaba del todo olvidado en su país. En 1853 ya había compuesto dos.

En cualquier caso, sus esfuerzos sirvieron para que hubiese una suerte de renacimiento de la música de cámara en Francia. Fue miembro del cuarteto Armingaud, en el que tocó la viola y el segundo violín, y con él intentó popularizar los cuartetos de Haydn, Mozart, Beethoven, Mendelssohn y Schumann. Él mismo escribió un cuarteto en 1859 que revisó veintiún años después.

También tocó la ópera. Su primer intento, Fiesque (1866-68) fue, como su nombre nos hace pensar, un fiasco. La presentó a un premio que no ganó y nunca se representó a pesar del interés que habían mostrado algunos teatros. Lalo reutilizó parte de su música en otras composiciones. En 1875 comenzó a trabajar en una nueva ópera, Le roi d'Ys, que consiguió concluir en 1888, se representó con gran éxito, le supuso el reconocimiento que tantos años llevaba buscando y, para algunos comentaristas, es su obra maestra.

Ello no obstante, la más conocida es la que os traigo hoy, un concierto para violín en cinco movimientos que, no sé muy bien por qué, se ha nombrado como "sinfonía". Español su adjetivo y español quien la estrenó, pues no fue otro que Pablo de Sarasate, en 1875. Aquí la tenéis interpretada por uno de los mejores violinistas del siglo XX.



16.1.23

Lalo: Concierto para violonchelo y orquesta en re menor

Édouard Lalo en 1865

Lalo, nacido en Lille el 27 de enero de 1823, tenía ascendencia española. Desde niño mostró aptitudes musicales y, a pesar de la oposición de su padre, siendo adolescente marchó a París para aprender música. Allí tuvo como maestros a Habeneck, Schulhoff y Crèvecoeur. Fue amigo del pintor Delacroix y participó en algunos de los conciertos que dio Berlioz (lo cual no sé si fue muy fructífero para su carrera). Empezó componiendo música de cámara, algo que no estaba muy de moda en su época en Francia y eso lo desanimó hasta el punto de dejarlo. Volvió a la composición tras su matrimonio en 1865 con Julie de Maligny, una contralto para la que compuso casi todas sus canciones. También participó en diferentes conjuntos de cámara como violinista e intérprete de viola. En otra entrada hablaré de su producción musical. Hoy os dejo una de sus obras más importantes, el concierto para violonchelo que escribió en 1876 para el solista belga Adolphe Fischer.


 

2.1.23

Efemérides de 2023 (Puccini: "Vissi d'arte", de "Tosca", por Maria Callas)

Difícil elegir una imagen teniendo en cuenta los nombres que siguen.
Al final me he decantado por esta fotografía de Maria Callas en 1958

Antes de empezar, una confesión. No sé por qué, la pasada nochevieja creí que el año que se nos venía encima era 2024 y, cavilando sobre efemérides, en seguida pensé: ¡Puccini! ¡Fauré! ¡Bruckner! (hasta me confundí y exclamé, por suerte para mis adentros, ¡Janáček!, que murió en 1928...)

Luego me di cuenta del error y ya no se me ocurrían tantos nombres. Solo dos, en realidad, Reger y Klemperer. Pero hurgando entre mis cosas me ha salido una lista más que interesante. Una lista que explotaré para intentar llenar de contenido esta humilde bitácora. Es una lista cualquier cosa menos exhaustiva, sacada de mis grabaciones y de mis listas de compositores y basada sobre todo en mis gustos. Allá va, por meses.

Enero
  • El día 27 se cumplen 200 años del nacimiento del compositor francés Édouard Lalo, el de la Symphonie espagnole que tanto gusta a los violinistas pero que, creedme, escribió más cosas.
Marzo
  • El 7 se cumplen 25 años de la muerte de Leonie Rysanek, que hizo célebre su grito de desesperación en La Valquiria, pero también creó una maravillosa Elektra straussiana.
  • No dejamos a Wagner, porque el 18 se cumplen cincuenta años de la muerte del Heldentenor por antonomasia del siglo XX: Lauritz Melchior
  • Al día siguiente, lo que se cumplirán serán 150 años del nacimiento de Max Reger, un compositor al que suelo dedicar más tiempo del que muchos me recomendarían.
Abril
  • Aunque allí era el 20 de marzo, en el resto del mundo era 1 de abril cuando nació Sergei Rajmáninov, hará este día 150 años.
  • El 2 se cumplirán 50 años de la muerte de uno de los mejores directores mahlerianos del siglo pasado: Jascha Horenstein.
Mayo
  • El 23 recordaremos el centenario del nacimiento de una de nuestras grandísimas pianistas: Alicia de Larrocha
  • Cinco días después, el 28, el centenario será el de un compositor fundamental del siglo XX: György Ligeti.
Julio
  • Dos grandes directores casi seguidos. El día 2 se cumplirán 50 años de la muerte de Karel Ančerl.
  • Y el 6 le tocará a uno de mis favoritos. También se conmemorará el cincuentenario de Otto Klemperer, uno de los más grandes.
  • El 22 de julio hará 25 años que nos dejó Hermann Prey, inolvidable Fígaro de Rossini (interpretó muchos papeles del repertorio alemán, pero este es el primero que me ha venido a la cabeza).
Agosto
  • El 26 de agosto hay dos efemérides. La primera se refiere a un gran director y pianista, Wolfgang Sawallisch, de cuyo nacimiento se cumplirán cien años.
  • Y la segunda, a quien es el autor de la obra más famosa de Albinoni. El Adagio de Albinoni de Remo Ghiazotto, que murió un 26 de agosto de hace veinticinco años.
Septiembre
  • El 12 de septiembre se cumplen 125 años del nacimiento de un compositor del que solo conozco una obra (mejor dicho, un movimiento de una sola obra). Se trata del madrileño Salvador Bacarisse y la pieza es la romanza de su Concertino para guitarra y orquesta. Me llegó a inspirar una novela (que empecé y nunca terminé, pero esa es otra historia y habrá de contarse en otra ocasión).
  • Pocos días después, el 26, también se cumplirán 125 años del nacimiento de uno de los grandes compositores norteamericanos, George Gershwin.
Octubre
  • Una leyenda musical, Pau Casals, murió en el exilio un 22 de octubre; este año se cumplirán 50.
  • Este se lo dedico a mi amiga Mar: uno de sus cantantes favoritos, Tito Gobbi nació hace cien años, un 24 de octubre.
Noviembre
  • Va a ser un buen año para recordar a grandes figuras catalanas de la música. Tras de Larrocha y Casals, Victoria de los Ángeles, de quien el 1 de noviembre celebraremos su centenario.
  • El 12 de noviembre se cumplirán 75 años de la muerte de Umberto Giordano, compositor italiano del cual solo conozco una obra, pero una que es muy, muy célebre, la ópera Andrea Chenier.
Diciembre
  • Como dicen los angloparlantes, last, but not least, el 2 de diciembre recordaremos que un día como ese del año 1923 nació una de las más grandes y legendarias divas de la ópera, Maria Anna Cecilia Sofia Kalogeropoúlou, universalmente conocida como Maria Callas. La ilustración musical de esta entrada la protagoniza ella, es un muy conocido vídeo de su interpretación del Vissi d'arte de Puccini en su última aparición en el Covent Garden londinense. ¡Feliz y musical 2023!

26.12.22

Felices fiestas (The Ronettes: "Sleigh Ride")


Otros años he escrito, en este y otros blogs, algunos párrafos llenos de buenos deseos y demás. Y, desde luego, al menos desde finales de 2019 la cosa ha ido de mal en peor. Pandemias, guerras y otras asquerosidades. También tenía por costumbre poner por aquí la pieza navideña que, con diferencia, más me llega al alma y siempre me hace llorar, la Cantate de Noël de Honegger (que precisamente estoy escuchando mientras escribo esto). Voy a cambiar de registro. Para concluir el año y desearos lo mejor, os traigo una canción llena de alegría y buen rollo, la versión que las Ronettes hicieron en 1963 de un clásico navideño, Sleigh Ride, una pieza escrita por Leroy Anderson en 1946. Anderson fue uno de los principales suministradores de música para la celebérrima Boston Pops Orchestra, con Arthur Fiedler al frente. Disfrutad de esta canción y ved el vídeo, que es una delicia. Felices fiestas y pasadlo lo mejor que podáis.


19.12.22

Brahms: Dos canciones para voz, viola y piano Op. 91


Para concluir este pequeño homenaje a Brahms con esta, la penúltima entrada de este año, me fijaré en uno de los géneros que cultivó a lo largo de toda su vida, el lied (los primeros publicados son los seis lieder Op. 3, de 1853). Algunas de sus canciones son tremendamente famosas, como por ejemplo la nana Op. 49 n.º 4, la que todos los que somos padres le hemos tarareado al menos alguna vez a nuestros hijos. Citemos también ciclos como Die schöne Magelone Op.33, de 1861-69 o los Cuatro cantos serios Op. 121, de 1896, una de sus últimas obras. Hoy, como despedida, os traigo un par de canciones que me resultan curiosas porque al habitual acompañamiento pianístico añadió don Johannes una viola. Se trata de los dos cantos Op. 91, publicados en 1884 pero escritos mucho antes. El segundo, en concreto, es de 1864 y se compuso con motivo del nacimiento del primer hijo de Joseph Joachim, al que apadrinó (o tal vez para su boda, el año anterior). Los poemas son de Friedrich Rückert y de Lope de Vega (traducido por Emmanuel Geibel). Aquí los tenéis, cantados nada menos que por Jessye Norman y con Pinchas Zukerman en la viola.


12.12.22

Brahms: Sonata para clarinete y piano n.º 2 en mi bemol mayor Op. 120 n.º 2


Brahms era un compositor enormemente exigente y autocrítico. Ya se ha mencionado por aquí, por ejemplo, que antes de sacar a la luz su primer cuarteto de cuerdas había escrito (y destruido) unos veinte. Esta actitud le llevó en alguna ocasión en pensar en poner fin a su carrera creadora. Tal parece que sucedió en el verano de 1890; sin embargo, un año después conoció a Richard Mühlfeld, clarinetista de la Orquesta de la Corte de Meiningen (una de las más prestigiosas por entonces en toda Alemania) y gracias a su excelente forma de interpretar, que impresionó a nuestro compositor, surgieron cuatro extraordinarias obras de cámara con ese instrumento como protagonista: el Trío para piano, clarinete y violonchelo Op. 114 y el Quinteto para clarinete y cuarteto de cuerda Op. 115, ambas obras de 1891, y tres años después las dos sonatas para clarinete y piano Op. 120. Quizá estas últimas sean algo menos conocidas, por eso os traigo aquí la segunda de ellas, en una interpretación de garantías, con uno de los mejores clarinetistas de las últimas décadas.


5.12.22

Brahms: Cantos para coro femenino, dos trompas y arpa Op. 17

Brahms en 1866

Sabido es que Brahms compuso profusamente para la voz humana, tanto solista como en conjunto, acompañada por el piano, por orquesta y, en el caso del coro, a veces a capella. En 1859 fundó en su Hamburgo natal un coro femenino a cuyo frente estuvo los tres años siguientes y para el que compuso varias obras. Una de ellas son estos cuatro cantos en los que el coro de mujeres está acompañado por dos trompas y un arpa, obra del año 1860. Aquí lo tenéis en las manos de un renovador de la interpretación de la música antigua que también se ha atrevido con el romanticismo y el romanticismo tardío.


28.11.22

Brahms: Sonata para piano n.º 1 en do mayor Op. 1

Brahms en 1853

De la producción de Brahms para el piano, tal vez sean más conocidos los conjuntos de piezas que compuso al final de su vida (sobre todo los Opp. 116-119); al comienzo de su carrera atacó las formas heredadas, hasta el punto que la primera obra que lleva un número de opus es una sonata, la que precisamente os traigo hoy. Es una obra de 1852-53, dedicada a Joseph Joachim y muy influida por Beethoven, Schubert y Schumann. Que la disfrutéis.


21.11.22

Brahms: Cuarteto de cuerda n.º 3 en si bemol mayor Op. 67


Me he propuesto, en estas entradas que voy a dedicar a Brahms, traer música que no sea demasiado conocida. Su producción de cámara es bastante importante, pero no deja de resultarme curioso que se prodigase tan poco en una combinación que algunos consideran la "reina" de este género musical: el cuarteto de cuerda. ¿Eran muy alargadas las sombras de Haydn, Mozart y, sobre todo, Beethoven? Quién sabe... El caso es que Brahms solo nos legó tres cuartetos, los tres escritos en la primera mitad de su carrera creadora. Los dos cuartetos Op. 51 datan de 1873; al parecer había compuesto (y destruido) unos veinte antes de sacar a la luz estos. El tercero, que es el que os traigo hoy, es de 1875; lo estrenó el cuarteto de su amigo Joseph Joachim el 30 de octubre del año siguiente. Nunca volvió a escribir cuartetos y estos tres que compuso no están precisamente entre sus obras más citadas y escuchadas. Disfrutadlo en una versión de garantías.


14.11.22

Brahms: Obertura "Académica" Op. 80


Entre las obras orquestales de Brahms se cuentan cuatro sinfonías, cuatro conciertos, dos serenatas y dos oberturas. Hoy os traigo una de estas últimas, la Obertura para un festival académico. En 1880 la Universidad de Breslau (hoy Wroclaw, en Polonia) nombró a nuestro compositor doctor honoris causa y, en agradecimiento, escribió esta obra rapsódica que incluye varios cantos estudiantiles y culmina con el himno Gaudeamus igitur. No deja de llamarme la atención que cuando me hice con la primera grabación de esta obra, el comentarista indicase (en 1978) que estaba empezando a "acumular polvo", es decir, a olvidarse. Si es así, me complazco al darle algo de difusión, ya que es una pieza bastante animada y alegre a pesar de estar en tono menor. Aquí la tenéis, bajo la batuta de Leonard Bernstein.


 

7.11.22

Brahms: "Rinaldo", Op. 50

 

Mi ejemplar de las obras completas de Brahms

He de confesar que con mi batiburrillo mental y, a pesar de que creo tener todo controlado, hay cosas que se me pasan. Con respecto a este blog, en el que últimamente tengo muy en cuenta las celebraciones redondas, he de lamentarme de un terrible olvido. El pasado día 3 de abril se cumplieron 125 años de la muerte de Johannes Brahms. Sí, quizá no es tan redondo como otros aniversarios, pero creo que el personaje merecía una mejor atención.

Y eso que Brahms es un compositor que me caía mal. Prejuicios y errores. Empecemos con los prejuicios. Quien me conoce sabe que para mí Beethoven es Dios y, cuando era más joven, inexperto e impetuoso, no podía consentir que nadie cuestionase su divinidad. En cierta ocasión escuché hablar a la célebre pianista Paloma O'Shea sobre los conciertos para piano de Brahms y lo que dijo me escandalizó, pues indicó que eran el culmen del género. ¿Y los cinco de Beethoven? Solo más adelante, cuando yo mismo descubrí que lo mejor del piano del genio de Bonn no estaba precisamente en esos conciertos (y cuando empecé a disfrutar de los de Brahms) me di cuenta de ese error juvenil.

El error. Pensé que Brahms era un conservador, un compositor un tanto desfasado. Qué él y su amiguete Hanslick hicieron lo posible por fastidiar a genios innovadores como Wagner, Mahler o Bruckner. Pero luego supe (entre otras cosas) que nada menos de Schoenberg consideró a Brahms como un gran innovador (escribió un ensayo titulado Brahms el progresista) y, ¿quién soy yo para cuestionar a la cabeza visible de la Segunda Escuela de Viena?

Para purgar todas estas faltas voy a dedicar las siguientes entradas a don Johannes. Y voy a empezar con una de sus obras menos conocidas. Siempre se ha dicho que Brahms cultivó todos los géneros musicales salvo la ópera. Pues lo que hoy os traigo es lo más cercano a la ópera que compuso. Se trata de la cantata Rinaldo, Op. 50, basada en un texto de Goethe, que se estrenó en febrero de 1869. Los comentaristas no suelen decir cosas muy bonitas de ella ("debilidad dramática", "mediocridad" como la de obras análogas de Bruch, "interés secundario"; cfr. la "guía Scherzo" sobre el compositor, escrita por Arturo Reverter). A ver que os parece... (La versión tiene buena pinta: James King, Claudio Abbado; yo la conozco por Kollo-Sinopoli).

24.10.22

Mozart: "Ah!, Chi mi dice mai", de "Don Giovanni" (Lisa della Casa)

(Foto hecha por mí, de mi libreto del Don Giovanni de Salzburgo 1954)

Pronto (el 10 de diciembre) hará diez años que nos dejó la gran soprano suiza Lisa della Casa, que siempre estará ligada a su papel favorito, la Arabella de Richard Strauss (hay una versión extraordinaria, con Georg Solti dirigiendo a la Filarmónica de Viena, de mayo-junio de 1957, con George London, Otto Edelmann, Ira Malianuk, Hilde Gueden y Anton Dermota). Sin embargo, a pesar de estas preferencias straussianas (interpretó tambien a Sophie, Octavian, la Mariscala, Ariadna, Chrysothemis y Salomé), sus interpretaciones operísticas abarcaban un arco bastante amplio, desde Mozart a los contemporáneos. Especialmente memorable (y no se trata de ópera) fue su grabación, en diciembre de 1958, de la Cuarta de Mahler con Fritz Reiner a la batuta. Lo que os traigo hoy también es bastante memorable; se trata del Don Giovanni de Salzburgo en 1954, con Wilhelm Furtwängler en el foso, donde nuestra protagonista cantó el papel de Donna Elvira. Aquí tenéis su entrada en el entramado, con Cesare Siepi (Don Giovanni) y Otto Edelmann (Leporello) observando desde la "sombra".



17.10.22

Britten: Suite de "Gloriana"

Isabel II y Felipe de Edimburgo tras la coronación

No sé si os habréis enterado, porque apenas se ha hablado de ello en los medios de comunicación, pero hace poco más de un mes falleció la reina Isabel II y fue sucedida por su hijo, Carlos III. El próximo mes de mayo se verificará la coronación de Carlos, con toda la pompa y circunstancia debidas...

Bromas aparte, vamos con la música. La semana pasada os hablé de Vaughan Williams como el principal sinfonista británico del siglo XX y quizá de toda su historia musical. Si hablamos de ópera, el que debería llevarse la palma es Benjamin Britten, el compositor que más óperas ha aportado al repertorio desde aquellas islas tras Purcell (dejemos a un lado a Händel, un alemán que componía óperas italianas para el público de Londres).

Recientemente hemos sabido que la coronación de Carlos III tendrá lugar el próximo mes de mayo. Hace más de setenta años se produjo la última de estas ceremonias y para ella compuso Britten la ópera Gloriana. Se eligió el reinado de la predecesora del mismo nombre, Isabel I, para ambientarla y crear una suerte de "ópera nacional", pero Britten, de quien se esperaba algo parecido a una Aida, acabó basándose en Elizabeth and Essex, de Lytton Strachey, haciendo meditar a una anciana Isabel sobre su mortalidad y socavando la autoridad absoluta de la monarquía. Esto causó que tras su estreno, el 8 de junio de 1953 en el Covent Garden, hubiese división de opiniones. Hoy os traigo una suite de esta ópera.


10.10.22

Vaughan Williams, sinfonista ("A London Symphony")

Vaughan Williams en la Universidad de Yale (1954)

No creo equivocarme si afirmo que Vaughan Williams es uno de los principales sinfonistas británicos del siglo XX. Entre 1910 y 1958 compuso nueve sinfonías (¡el número mágico otra vez!) que lo sitúan, a decir de algunos expertos, entre los mejores cultivadores del género no ya en su país, sino en todo el mundo en su época (junto con Sibelius y Prokófiev). Varias de estas obras tienen nombres específicos, como la primera (A Sea Symphony, una obra coral sobre textos de Walt Whitman), la segunda (A London Symphony, la que hoy os traigo aquí), la tercera (A Pastoral Symphony, otra vez incluyendo la voz, pero esta vez sin texto) y la séptima (Sinfonia antartica, basada en la música que compuso para una película sobre la desgraciada expedición de Scott). La Sinfonía de Londres, o "Sinfonía de un londinense", como el propio compositor dijo que sería más adecuado designarla (él mismo se consideraba un londinense, a pesar de no haber nacido en la capital británica) fue escrita entre 1912 y 1913 a sugerencia del compositor George Butterworth, quien, tras el éxito de la primera sinfonía instó a Vaughan Williams a escribir una puramente instrumental. Butterworth murió en 1916, durante la Gran Guerra y nuestro compositor dedicó la obra a su memoria. Aquí la tenéis, en una interpretación de las buenas.



3.10.22

Vaughan Williams: "The Lark Ascending"

Vaughan Williams en 1922

La que os traigo hoy quizá sea la obra más conocida de Vaugham Williams. Se trata de una romanza para violín y orquesta basada en un poema de George Meredith, The Lark Ascending, esto es, "La alondra elevándose". Es una pieza compuesta en 1914, poco antes del estallido de la Gran Guerra, y revisada en 1920, para violín y orquesta, que interpretó por primera vez al año siguiente la violinista Marie Hall (para quien el compositor había escrito la obra) con Adrian Boult a la batuta, en el primero de los muchos estrenos de Vaughan Williams que protagonizó el gran director de Chester. Precisamente está Boult al frente de la Filarmónica de Londres en esta versión, con Jean Pougnet al violín.

26.9.22

Vaughan Williams: "Fantasía sobre 'Greensleeves'"

Vaughan Williams en 1913

Cuando he buscado información sobre Vaughan Williams para escribir estas entradas, no ha dejado de sorprenderme que sea considerado como un compositor "visionario", "teísta" (aunque luego derivase a lo cristiano) y, sobre todo, "social", alguien que tenía claro que su música iba dirigida al pueblo, para cualquier situación en la que se necesitase música (toda esta información está sacada del correspondiente artículo del New Grove, escrito por Hugh Ottaway y Alain Frogley). Yo siempre lo había relacionado con el uso y el estudio de la música popular inglesa, un aspecto en el que era equiparado a Bartók y Kodály. El ejemplo que os traigo hoy es muy evidente; quizá se trate de la melodía inglesa más conocida, atribuida al rey Enrique VIII. En realidad se trata de un arreglo realizado por Ralph Greaves en 1934 sobre un entreacto de la ópera Sir John in Love, escrita entre 1924 y 1928. Quizá lo que os digo os deje indiferentes, pero cuando escuchéis la música no podréis negar que al menos alguna vez ha llegado a vuestros oídos.

19.9.22

Vaughan Williams: "Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis"

Ralph Vaughan Williams en 1898

El próximo día 12 de octubre se cumplirán 150 años del nacimiento de Ralph Vaughan Williams, el más importante compositor británico de su generación, el primero de un grupo que llevó de nuevo la música de su país a lo más alto, algo que no ocurría desde tiempos de Purcell. Tras Vaughan Williams, con el precedente de Elgar, vendrían sus casi contemporáneos Holst y Delius y, más tarde, Walton o Britten.

Lo cierto es que Vaughan Williams fue un compositor de lenta maduración. En sus años escolares, aun considerando que tenía dotes musicales, quienes fueron sus maestros no parecían tener demasiada confianza en que tuviera una carrera musical exitosa. A pesar de ello siguió adelante; estudió con Bruch en Berlín y con Ravel en París, algo que le llevó a decidir que su música debería quedar exenta de influencias externas. Se volvió, por tanto, a la música popular inglesa y también a la de las épocas isabelina y jacobita. La muestra que os traigo hoy puede servir de ejemplo. Se trata, además, de una de sus composiciones más célebres, la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis, para doble orquesta de cuerda, una pieza de 1910 (revisada nueve años después) basada en una melodía en modo frigio del compositor inglés del siglo XVI.


29.8.22

Scriabin: Final ("Misteriya")

Scriabin (sentado a la izquierda de la mesa), invitado en la casa de Wladimir Metzl
(Berlín, 1910)

Tras sus periplos fuera de su país, Scriabin regresó a Rusia en 1909 y desde entonces su situación económica no hizo más que mejorar. Dio numerosos conciertos y llegó a un acuerdo con Jürgenson para publicar su música. También volvió a realizar varias giras exitosas por el extranjero; en Suiza conoció a Stravinsky (de quien dijo que su música tenía "un mínimo de creatividad"). En Londres tuvo una gran acogida en 1913, pero fue allí donde se descubrió una herida o forúnculo en el labio superior que debió de remitir sin más complicaciones. Sin embargo, en abril de 1915, poco después de su última aparición pública en Moscú, volvió a aparecer en el mismo lugar una especie de pequeño grano que fue a más y esta vez lo llevó a la tumba a causa de una septicemia. Era el 14 (27) de abril de 1915.

En la última entrada dedicada a Scriabin os hablé de Misteriya, su gran proyecto sinestésico. Empezó a trabajar en esta obra un tanto disparatada en 1903 y a su muerte tenía sus esbozos abiertos en el atril de su piano. En ella mezclaría la música con otros estímulos sensoriales: luz, tacto, olor... E iría más allá de un evento artístico multimedia en la que los espectadores no serían tales, sino participantes. Se tendría que interpretar a los pies del Himalaya y, cuando acabase, al cabo de la semana que tenía previsto que durase, con ella acabaría también el mundo y la raza humana sería reemplazada por "seres más nobles".

Como ya he dicho en otras ocasiones, la frontera entre el genio y la locura a veces es muy tenue; la obra quedó inconclusa, solo había esbozos de su preludio. El compositor ruso Alexander Nemtin tomó los 72 folios de bocetos que había dejado Scriabin y a partir de ellos creó L'Acte préalable, la preparación para el Misterio final, una piececita de casi tres horas de duración que aquí os dejo por si tenéis curiosidad (yo he de confesar que no la conozco; me basta con las obras para piano tardías para disfrutar de la última época creadora de Scriabin).



11.7.22

La Octava de Mahler


El 7 de julio no es solo San Fermín. También ese día los admiradores de la música de Gustav Mahler celebramos el aniversario de su nacimiento. Ahora mismo estoy escuchando la Octava Sinfonía del genio de Iglau, una pieza que no es del agrado de todos sus seguidores (lo he corroborado al leer opiniones en los foros que en su día frecuenté), pero que he de confesar que es mi obra favorita de un compositor del que conozco casi toda su producción. Ese comienzo, con el himno latino Veni creator spiritus, de Rabano Mauro y esa segunda parte que pone música al final del Fausto de Goethe es una auténtica maravilla. La versión que estoy escuchando es, además, la considerada casi canónica por los entendidos, la de Leonard Bernstein en el Festival de Salzburgo de 1975. No es exactamente la misma, pero la que os pongo a continuación es muy parecida. Disfrutadla.

28.3.22

Scriabin y la filosofía ("Promethée", Op. 60)

Scriabin y Tatiana Schloezer, c. 1909

Mucho se ha hablado y mucho hay que hablar de la relación de Scriabin y su música con la filosofía y el misticismo. Un asunto tan complejo es difícil de tratar en general y más aún en el marco tan limitado de una entrada de blog. Así que iré al grano y seré más que conciso. No fue algo excepcional, pues al parecer sus ideas estéticas eran similares a las de muchos artistas de diversos campos en la Rusia prerrevolucionaria. En el caso de Scriabin, primero trató la cuestión de la sinestesia, esto es la relación del color con la música, algo que tuvo en cuenta al componer Promethée; cuando la obra se interpretase, un sistema ideado por un fotógrafo amigo suyo tendría que proyectar determinados colores que se corresponden con un acorde determinado y también con las vocales que canta el coro, todo como una suerte de representación psicológica de lo que debía sentir quien lo escuchase, siempre con un trasfondo literario y filosófico. Esto fue solo un primer paso; Scriabin se sintió a gusto exponiendo esta y otras ideas en círculos teosóficos (en los que fue introducido por el pintor belga Jean Delville). Por ejemplo, su idea de un "espectáculo total" (música, con piano, orquesta, solistas vocales y coros; danza, color, perfumes y "campanas colgadas de las nubes") titulado Misteriya, de que os hablaré en otra entrada.

Os dejo con Promethée, esa obra "sinestésica", en una interpretación de garantías.


21.3.22

Scriabin: "Le Poème de l'extase"

Scriabin en 1905

He estado pensando mucho durante estos días, después de la agresión rusa a Ucrania, sobre si seguir hablando de Scriabin por aquí y, la verdad, estoy bastante avergonzado. La llamada "cultura de la cancelación" me parece una de las cosas más lamentables (por decirlo de una forma moderada) de la vida actual. Me temo que tal miseria se está aplicando a todos los representantes de la cultura rusa, sean o no responsables de la agresión orquestada por Putin. No sé si Chaikovsky, Glinka, Balakirev, Prokofiev o Shostakovich son culpables de lo que está perpetrando el actual presidente de Rusia. Mejor dicho, sí que lo sé. No tienen nada que ver. Me arrepiento enormemente de haber dejado de escribir aquí sobre Scriabin a causa de esta maldita guerra. Él murió hace más de cien años, no es culpable de esta locura. Así que, desde el próximo lunes, seguiré (o al menos eso intentaré) con los mensajes en su conmemoración que empecé a escribir para recordar que hace 150 años que nació. Y os dejo con una de sus obras más conocidas, el Poema del éxtasis.


7.3.22

John Lennon: "Give Peace a Chance"


El pasado viernes, 4 de marzo, ciento cincuenta emisoras públicas de radio europeas emitieron a las 8:45 a la vez este himno de John Lennon contra la guerra de Vietnam, en esta ocasión para mostrar la repulsa que nos provoca la guerra que ha iniciado Putin en Ucrania. Desde este humilde blog, quiero mostrar también mi repulsa. No a la guerra, no a la agresión de Putin en Ucrania, Слава Україні!