Foto del libreto de mi grabación de las óperas de Ravel
Maurice Ravel escribió dos óperas, L'heure espagnole y L'enfant et les sortilèges. Hoy, para despedir su sesquicentenario, voy a hablar de la primera de ellas, ya que siempre he destacado la relación con nuestro país que tenía este compositor. Esta pieza, que se estrenó en la Salle Favart de París el 19 de mayo de 1911, se compuso unos años antes, entre 1907 y 1909, basada en un libreto de Franc-Nohain (Maurice Étienne Legrand). Ravel quería que esta obra fuese un regalo para su padre, pero este no vivió para verla representada. No llamó demasiado la atención; tras nueve representaciones se retiró del repertorio. No volvió a ofrecerse hasta 1921, cuando tuvo un poco más de éxito, pero sin pasarse. La obra habla de la historia de un relojero, Torquemada (de hecho, en el comienzo se escucha el tic-tac de numerosos relojes) y de su esposa, Concepción, que tiene una retahíla de amantes gracias a su "sangre española" (tópicos, tópicos, tópicos...). Tampoco es que nos haga pensar mucho... Sea como sea, es una música enormemente disfrutable, como toda la de Ravel. Aquí la tenéis, espero que la disfrutéis.
Shostakovich como bombero voluntario en Leningrado (julio de 1941)
Foto del libreto de mi grabación de la Séptima Sinfonía
La Séptima Sinfonía de Shostakovich es un claro ejemplo de cómo se puede manipular todo en esta vida. En su momento, se tuvo como una especie de símbolo de la resistencia soviética ante la invasión nazi de junio de 1941, de cómo la Leningrado sitiada aguantó los embates de los invasores. De hecho, la banal marcha del primer movimiento, que se repite numerosas veces como una suerte de remedo del Bolero de Ravel, se puso como símbolo del poco cerebro de los invasores, que se limitaban a seguir órdenes sin valorar sus consecuencias. Si a esto se une la forma de salir hacia Occidente de la partitura, en un microfilm oculto, y cómo algunos directores se pusieron a interpretarla como un desafío ante la agresión hitleriana, ya tendríamos la leyenda creada. Sin embargo, fue una leyenda que duró poco. En su propio país no tardó en ser comparada con la Obertura 1812 de Chaikovsky, por supuesto de forma desfavorable. Y, lo que fue peor, en presentarla como una especie de precursora de la Octava, considerada un símbolo pacifista y antisoviético, e incluso se llegó a decir que la mejor música de la pieza era la que describía a los alemanes. Más adelante, se indicó que, aunque se quisiera presentar como una reacción al ataque de Hitler, en realidad la obra se había concebido mucho antes, más como un símbolo del abuso de poder que otra cosa. Así que esas repeticiones del primer movimiento tendrían más que ver con el estalinismo que con los invasores. Todo esto se vería corroborado por la indicación de que en su momento se habló de que la obra, ya avanzada, se presentaría en la temporada otoñal de 1941 de la Filarmónica de Leningrado, algo que se dijo en mayo de ese año, esto es, un mes antes del ataque nazi.
Es decir, que cada uno arrimó el palo hacia su vela como quiso. Porque lo primero que se dijo fue que Shostakovich había compuesto la sinfonía entre julio y diciembre de 1941, sin querer salir de la ciudad sitiada a pesar de habérsele ofrecido un lugar más seguro en Moscú. Y la realidad era que la había escrito bastante antes y que no pudo finalizarla porque hubo de cumplir con un encargo hecho por el Teatro Kirov para orquestar el Boris Godunov de Mussorgsky... En definitiva, todo un galimatías. Así que casi es mejor que la escuchéis. Os la dejo en una versión de garantías. Disfrutadla.