17.12.20
¡Felices 250, don Ludwig!
14.12.20
Beethoven y su sobrino III: El fin del pleito (Sonata para piano nº 30 en mi mayor Op. 109)
He pedido un cotutor y he propuesto a Herr Peters, consejero legal del príncipe Lobkowitz, para que de inmediato se pusiera a cargo de la educación y guía de mi sobrino un hombre que por su conocimiento y su carácter moral disfrutase del respeto de todos y cuya ayuda me proveyese a mí y a todo aquel que tenga en el corazón el bienestar de este niño la consoladora seguridad de que el niño podrá, y sin duda así será, recibir la educación y la preparación dignas de su talento.
¡Querido Herr von Pinterics!
Le informo de que el Tribunal Supremo de Apelaciones ha dado instrucciones al Senado Civil para que me dé a conocer su decisión, que me satisface plenamente – El Dr. Bach actuó en mi nombre en este asunto, y este arroyo se unió al mar entre truenos, rayos y tempestades. Así que el bergantín del Magistrat tuvo que sufrir allí un naufragio completo –
Su muy leal
Beethoven
30.11.20
Beethoven y su sobrino II: una batalla perdida (pero no la guerra) ("Abschiedgesang" WoO 102)
Beethoven ha venido hoy a ver a padre. Acaba de regresar del campo y está enviando a Karl a la escuela pública.
Los últimos dos días he estado muy disgustada con este asunto de Beethoven. Nunca podré olvidar el momento en que vino y nos contó que Karl le había abandonado y había marchado con su madre y nos mostró la carta como prueba de la mala conducta de su sobrino. Ver gemir a este hombre, que ya tiene bastantes penas que soportar, fue una de las escenas más tristes de las que he sido testigo.
Recuerdo a Beethoven exclamando, con lágrimas corriéndole por la mejilla, en respuesta a la simpatía que le expresábamos, cuando intentábamos consolarle: «¡Ah, pero me hace sentir vergüenza!»
¿Qué medios tenía intención de emplear en la educación de su pupilo?
El mayor talento de su pupilo estaba en el estudio y a eso se dedicaría. Sus medios de subsistencia eran la mitad de la pensión de su madre y el interés sobre 2.000 florines. Hasta entonces la diferencia entre esta suma y el coste la había pagado él y deseaba asumirla en el futuro si el asunto pudiera de una vez ponerse en orden. Como no era factible ingresar ahora a su sobrino en el Internado, solo sabía de dos caminos que se le pudieran abrir: mantener un asistente para él que siempre debería estar con él o enviarlo durante el invierno con Gionastasio. Pasado medio año lo enviaría al Internado Mölker, del que había oído grandes elogios, o si fuera de noble cuna, llevarlo al Theresianum.
¿Eran él y su hermano de la nobleza y tenían documentos que lo probasen?
«Van» era una partícula holandesa que no se aplicaba exclusivamente a la nobleza; no tenía ni un diploma ni otra prueba de su nobleza.
¿Era su marido de noble cuna?
Así lo habían dicho los hermanos; la prueba documental de nobleza se decía que estaba en posesión del hermano mayor, el compositor. En la audiencia legal sobre la muerte de su esposo se habían exigido pruebas de nobleza; ella no tenía documento alguno sobre el asunto.
Müller nos ha hecho muy infelices al contarnos los problemas de Beethoven. Esa mujer cruel ha llevado las cosas tan lejos que ha triunfado sobre él. Se le ha retirado la tutela y su desgraciado sobrino ha vuelto con su madre. Puedo imaginar la pena de Beethoven. Desde ayer por la tarde ha estado completamente solo; no ha tenido ni al uno ni a los otros con él en la mesa. Debería saber que Karl se regocija de estar con su madre; tal vez eso mitigara la agonía de la partida de su lado.
Bien, ahora hemos de tragarnos nuestro orgullo en casa de Giannatasio o en cualquier otro sitio para encontrar un lugar para K[arl], ¡¡¡¡¡ya que nunca volveré a mandarlo con ese K[udlich], que es bien un granuja o un tipo débil!!!!! ¡¡¡¡No hay mucha diferencia entre lo uno y lo otro cuando se permite que pase lo que no debe pasar!!!!
El objeto de nuestro viaje a Mödling era hablar sobre el deseo formal de Beethoven de poner a su rebelde sobrino nuevamente bajo nuestro cuidado, pero lo hemos rechazado. Dijo a padre que, a pesar de la carta, iría y lo discutirían. Pero cambió de idea cuando hubo leído la carta y mandó al muchacho al Instituto Blöchlinger. Por mucho que nos haya dolido rechazar una petición de Beethoven, estoy muy segura de que hemos hecho lo correcto, pues realmente no podríamos haber hecho nada bueno y, tal vez, por contra, bastante daño.
23.11.20
Beethoven: Fanny Giannatasio ("Hochzeitslied", WoO 105)
Lo que tantas veces he deseado en vano, que Beethoven viniera a nuestra casa, finalmente ha ocurrido. Ayer por la tarde trajo a su pequeño sobrino para ver el Instituto y hoy ya está todo arreglado. No diré nada de mi infantil turbación. En mi cabeza bullían numerosos pensamientos y los auspicios eran tan desfavorables que he de ser excusada si estuve ausente. No puedo describir el gozo que siento al encontrarme, de esta forma, cerca de un hombre a quien honro tanto como artista y estimo tan elevadamente como hombre. Qué contenta estaría si realmente pudiéramos entablar una relación amistosa con Beethoven y si pudiera esperar que unas cuantas horas de su vida fuesen agradables para él – para él, que ha hecho desaparecer tantos nubarrones de mí. La intensa simpatía que siento por él en su triste situación es la razón principal para desearlo. (25 de enero de 1816).
Todo el día he estado ocupada con Beethoven, es decir, con la expectativa de la llegada de su sobrino, ya que me avergüenzo de mí misma, tanto más cuanto no encuentro la idea de Nanni y Leopold tan absurda como debiera. No puedo ni desearlo ni dejar de hacerlo y soy incapaz de creer que mi veneración por su genio disminuirá por un conocimiento más cercano del hombre. Mi estima por él ha de incrementarse si lo encuentro la mitad de genial y amable de lo que se ha presentado ante nosotros, lo cual, ante mis ojos, solo le hace más interesante de lo común. (30 de enero de 1816).
Unas cuantas palabras sobre la conversación de ayer por la noche. El aspecto de Beethoven me agrada enormemente. No puedo decir más, ya que apenas hablé con él. Anteayer estuvo con nosotros por la tarde y se ganó todos nuestros corazones. ¡La modestia y sinceridad de su disposición nos agradó extremadamente! La pena que su infeliz relación con la madre del niño angustia su espíritu. También me aflige a mí, ya que él es un hombre que tendría que ser feliz. ¡Ojalá se una a nosotros y, por nuestra cálida simpatía e interés encuentre paz y serenidad!
Al preguntarle padre por qué nos dejaba tan pronto cuando los niños estaban presentes, contestó que «su cara no estaba en armonía con las caras felices ¡y se sentía tan consciente de ello que no podía aguantarlo más!»
Temo mucho que en una prolongada e íntima relación con este hombre bueno y excelente llegaré a sentir por él algo más que una mera amistad y que experimentaré, como resultado, muchas horas intranquilas. Pero aguantaré todo, ya que solo yo tengo en mi poder hacer que su vida sea más brillante.
¿Es eso verdad? Grité, tras una conversación con Nanni sobre Beethoven. ¿Ya es tan querido para mí que el consejo, entre risas, de mi hermana de no enamorarme de él me duele y perturba desmedidamente? ¡Pobre de mí! No he de permitirme a mí misma caer en tales pensamientos, aunque, después de todo, una vida dedicada a amar, incluso si implica unas cuantas horas lastimosas, es mejor, mucho mejor que permitir que el cálido corazón de una vegete en una vacía monotonía semejante a la muerte. Aun así, cuando le conozca mejor, ha de llegar a ser querido, muy querido para mí. Puede y tendría que serlo; ¿por qué pensar entonces en una unión más cercana que es imposible según me dice el sentido común?
¿Cómo puedo ser tan vana como para creer o imaginar que el poder de cautivar a un alma como la suya está reservado para mí? ¡Un genio así! ¡Y un corazón así! ¡Ah, sin duda! Un corazón noble como el suyo concuerda exactamente con mis anhelos.
La madre de Karl quería llegar a un acuerdo, pero su base era que se tenía que vender la casa, de lo cual se podía esperar que se pagasen todas las deudas, junto con la mitad de la pensión de la viuda, junto con lo que quedase de la venta de la casa, junto con el usufructo conjunto para las necesidades de Karl ella podría vivir no solo decentemente sino muy bien, ¡pero como la casa no se va a vender! Lo cual era la condición principal con la que se alcanzó el acuerdo, ya que se alegó que ya se había impuesto una ejecución sobre ella, así que ahora tengo que dejar de lado mis escrúpulos y puedo suponer, desde luego, que la viuda no se ha situado mal, lo cual le deseo de todo corazón. He cumplido con mi parte, oh, Señor.
Habría sido imposible sin herir los sentimientos de la viuda, pero no pudo ser. Y Vos, Dios Todopoderoso, veis dentro de mi corazón, sabéis que he descuidado mi propio bienestar en nombre de mi querido Karl, bendecid mi obra, bendecid a la viuda, por qué no puedo seguir plenamente mi corazón y, por tanto – la viuda –
Dios, Dios, mi refugio, mi roca, oh mi todo, ¡¡¡Vos veis en lo más profundo de mi corazón y sabéis cómo me duele tener que hacer sufrir a alguien por medio de mis buenas obras para mi querido Karl!!! Oh, escuchad, siempre Inefable, escuchadme, a vuestro infeliz, el más infeliz de los mortales.
Varias circunstancias me inducen a llevarme a Karl a vivir conmigo. Así, como tengo esto a la vista, permítame enviarle el pago del próximo cuatrimestre, al final del cual Karl dejará su internado – No atribuya este traslado a crítica desfavorable alguna hacia usted o hacia su respetable internado, sino adscríbalo a muchos otros factores urgentes relacionados con el bienestar de Karl. Es un experimento, y tan pronto lo haya comenzado le pediré que me ayude con sus consejos, de hecho, permitir a Karl visitar su internado de vez en cuando. Siempre le estaremos agradecidos, y, desde luego, nunca olvidaremos su atención y el excelente cuidado de su digna esposa, tales cuidados solo se pueden comparar a los de la mejor de las madres –
En lo que se refiere a la Reina de la Noche, los asuntos han de quedar como habían estado e incluso si la operación se debiera realizar en su casa, como estará indispuesto unos días y por lo tanto más susceptible e irritable, aún menos se ha de admitir que llegue a él ya que toda impresión podría fácilmente renovarse en K., lo que no podemos permitir. Cuán poca mejora podemos esperar de su caso lo muestra el insípido garabato adjunto que le envío solo para que vea cuánta razón tengo al cumplir el plan que contra ella se adoptó, pero esta vez no la contesté como un Sarastro sino como un sultán.
Mientras su sobrino aún estaba con nosotros, Beethoven nos invitó una vez a visitarlo en Baden, donde estaba pasando los meses estivales, a mi padre y a nosotras las dos hijas con Karl. Aunque se había informado a nuestro anfitrión de nuestra llegada pronto nos dimos cuenta de que no se había realizado preparativo alguno para nuestro alojamiento. B. fue con nosotros por la tarde a una taberna donde nos sorprendimos al notar que regateaba con el camarero sobre cualquier panecillo, pero esto era porque a causa de su mal oído con frecuencia le había engañado el personal de servicio. Pues incluso entonces había que estar muy cerca de su oído para hacerle comprender y recuerdo que muchas veces estaba muy apurada cuando tenía que abrirme paso por los cabellos encanecidos que ocultaban su oreja. Él mismo solía decir: «¡Tengo que cortarme el pelo!» Mirándolo por encima una pensaba que su pelo era áspero y erizado, pero era muy fino y cuando lo tocábamos con la mano quedaba revuelto en todas direcciones, lo que muchas veces quedaba cómico. (Una vez cuando vino notamos un agujero en el codo cuando se estaba quitando el abrigo; tuvo que acordarse de ello porque quiso ponérselo de nuevo pero dijo, riendo, quitándoselo completamente: «¡Ya lo han visto!»)
Cuando llegamos a su alojamiento por la tarde se propuso un paseo, pero nuestro anfitrión no nos acompañaría ya que se excusó diciendo que tenía mucho que hacer, pero prometió seguirnos y unirse a nosotros, lo cual hizo. Pero cuando volvimos a última hora de la tarde no se veía signo alguno de acomodación para nuestro alojamiento. B. masculló excusas y acusaciones contra las personas a quienes había encargado los preparativos y nos ayudó a acomodarnos; ¡oh, qué interesante fue mover un ligero sofá con su ayuda! Se despejó una estancia bastante grande donde estaba su pianoforte para que nosotras las chicas la utilizásemos como dormitorio. Pero el sueño permaneció mucho tiempo ausente de nosotras en este santuario musical. Sí, y he de confesar mi vergüenza por que nuestra curiosidad y deseo de saber cosas nos llevó a examinar una gran mesa redonda que estaba en la habitación. Llamó nuestra atención en particular un cuaderno de apuntes. Pero había tal confusión de asuntos domésticos, la mayoría de los cuales fueron ilegibles para nosotras que quedamos asombradas, pero he aquí que aún recuerdo un pasaje –así decía: «Mi corazón se exalta en la contemplación de la adorable naturaleza – ¡aunque ella no esté aquí!» –esto nos dio mucho que pensar. ¡Por la mañana un sonido muy prosaico nos sacó de nuestro poético ánimo! B. también apareció pronto con la cara arañada y se quejó de que estaba discutiendo con su criado que se marchaba, «vean», dijo, «¡cómo me ha maltratado!» Se quejó también de que estas personas, aunque sabían que no podía oír, no hacían nada por darse a entender. Después dimos un paseo hacia el hermoso Helenenthal, nosotras las chicas delante, luego B. y nuestro padre. Lo que sigue lo pudimos escuchar por encima con oídos atentos:
Mi padre pensaba que B. podía liberarse de sus desgraciadas condiciones domésticas solo con el matrimonio si conociese a alguien, etc. Entonces se confirmó nuestra sospecha: ¡era infeliz en el amor! Cinco años antes había conocido a una persona que si se hubiese unido con ella lo habría considerado como la mayor alegría de su vida. Pero no se podía pensar en ello, era casi imposible, una quimera –«sin embargo ahora es como el primer día». Esta armonía, añadió, ¡aún no la había descubierto! Nunca había llegado a la confesión, ¡pero no podía quitárselo de la cabeza! Entonces siguió un momento que sirvió para reparar muchos malentendidos y dolorosas conductas por su parte, pues agradeció la amistosa oferta de mi padre de ayudarlo en lo posible en sus problemas domésticos y yo creí que estaba convencido de su amistad por él. Nuevamente habló de su desgraciada pérdida de oído, de la desdichada existencia física que había soportado durante mucho tiempo. ¡Él (B.) estaba tan feliz en el almuerzo (al aire libre en el Helena) que su musa volaba sobre él! Frecuentemente se giraba y escribía algunos compases con el comentario: «Mi paseo con ustedes me ha costado algunas notas pero trae otras». Todo esto sucedió en septiembre del año 1816.
16.11.20
Beethoven y su sobrino (I) («An die ferne Geliebte» Op. 98)
Habiendo sabido que mi hermano, Hr. Ludwig van Beethoven, desea tras mi muerte hacerse cargo totalmente de mi hijo Karl y retirarle completamente de la supervisión y educación de su madre y dado que no existe la mejor de las armonías entre mi hermano y mi esposa, he encontrado necesario añadir a mi testamento que bajo ningún concepto deseo que se separe a mi hijo de su madre, sino que siempre y mientras su futura carrera lo permita, permanezca con su madre, a cuyo fin su tutela será ejercida por ella al igual que mi hermano. Solo con unidad el objetivo que tengo a la vista al nombrar a mi hermano tutor de mi hijo se puede conseguir, de ahí que, por el bienestar de mi hijo, recomiendo conformidad a mi esposa y más moderación a mi hermano.
Quiera Dios que entre ellos haya armonía por el bienestar de mi hijo. Este es el último deseo del marido y hermano moribundo.
(…) esos hombres honorables que ocupan distinguidos puestos [los miembros de la Magistratura de Viena] estarían dispuestos a aportar las pruebas más incontestables sobre su comportamiento antes y después de su casamiento con mi hermano y hasta el momento de su muerte, incluso si yo renuncio a decir cualquier cosa sobre asuntos que yo mismo puedo probar completamente. Además, se ha de tener en mente que una mujer, aunque estuviese dotada de cualidades morales e intelectuales, que por desgracia me veo obligado a confesar que bajo ningún concepto es el caso de la viuda de mi difunto hermano, nunca puede ser capaz de supervisar adecuadamente la educación de un niño tan pronto haya superado la edad de nueve años. Cierto es que su viuda fue nombrada por mi hermano cotutora, pero esto se hizo en un codicilo añadido cuando estuve ausente hora y media, es decir, sin mi conocimiento y a mis espaldas…
El desdichado estaba especialmente duro de oído este día, de forma que había que gritarle más que hablarle para ser entendido. El vestíbulo en el que me saludó estaba cualquier cosa menos espléndidamente amueblado y, por cierto, tan desordenado como sus cabellos. Aquí encontré un piano vertical y en su atril el texto de una cantata de Weissenbach; sobre las teclas yacía un lapicero con el que había esbozado su obra, y a su lado, en una hoja de papel pautado llena de garabatos, encontré numerosas ideas divergentes, trazadas de forma inconexa, los detalles individuales más heterogéneos codo con codo, tal y como le habían llegado a la mente…
Me anunció su criado y se me admitió en seguida. Si su hogar había presentado una apariencia desordenada cuando lo visité por primera vez, ahora era mucho peor. En la habitación de en medio encontré dos copistas que estaban copiando su cantata; en la segunda habitación cada silla y casa mesa estaban cubiertas por fragmentos de partituras que Umlauf, a quien Beethoven me presentó, estaba probablemente corrigiendo.
9.11.20
Beethoven y el Congreso de Viena (Obertura "Namensfeier" Op. 115)
26.10.20
Beethoven y Goethe (y II) (Tres canciones sobre textos de Goethe Op. 83)
Conocí a Beethoven en Teplitz. Su talento me asombró; por desgracia es una personalidad totalmente indomable, que no está del todo equivocado al mantener que el mundo es detestable pero seguramente no hace de él algo más agradable para él u otros por su actitud. Fácilmente se le puede excusar, por otra parte, y en gran medida compadecer ya que su oído le está abandonando, lo cual, tal vez, estropea menos la parte musical de su naturaleza que la social. Es de naturaleza lacónica y lo será doblemente a causa de esta carencia.
19.10.20
Beethoven: La "Amada Inmortal" ("An die Geliebte" WoO 140)
5.10.20
Beethoven: Therese Malfatti: El último proyecto matrimonial (Bagatela para piano "Para Elisa" ["para Therese"] WoO 59)
Therese Malfatti: El último proyecto matrimonial de Beethoven
¿Quién no conoce la celebérrima bagatela para Elisa? Lo que quizá no sepa tanta gente es que su nombre debería ser, en realidad, para Therese. En el siguiente fragmento de mi Vida de Ludwig van Beethoven (pp. 169-173) os cuento la relación de nuestro genio con la noble familia vienesa de los Malfatti:
Poco después de conseguir, según él creía, la estabilidad económica, Beethoven debió de pensar en la formación de un hogar asimismo estable por medio del matrimonio. El 14 de marzo de 1809, pocos días después de la firma del contrato de anualidad, escribió a Gleichenstein, que se encontraba en Friburgo, lo siguiente:
Ahora puedes ayudarme a encontrar esposa. De hecho podrías encontrar alguna bella joven en F[riburgo], donde te encuentras ahora, una que de vez en cuando concediese un suspiro a mis armonías. Pero no ha de ser como Elise Bürger (*). Si encuentras una, por favor establece la relación por adelantado – Pero ha de ser bella, pues es imposible para mí amar nada que no sea bello – o si no tendré que amarme a mí mismo.
No parece que de momento la tentativa fuese exitosa, pero sería también Gleichenstein quien le ofreciese una nueva oportunidad, al presentar a Beethoven a la familia Malfatti.
Los Malfatti von Rohrenbach zu Dezza (emparentados con el doctor Malfatti, que trataría más adelante a Beethoven), ennoblecidos desde 1785 y dedicados a la banca, eran una familia que había sido formada por Jacob Friedrich, casado con Therese von Velsern. Tenían dos hijas, Therese y Anna, cuyas edades, a comienzos de 1809, eran de 18 y 17 años, respectivamente. También tuvieron un hijo, Johann Baptist Jakob, nacido en 1795, que murió muy joven. Gleichenstein (que era barón desde 1808) presentó a Beethoven a esta familia probablemente a su vuelta de Viena desde Friburgo, en febrero de 1810. Beethoven sin duda se encontró muy cómodo en esa casa y agradeció a su amigo que le abriese sus puertas ya que allí se sentía «tan feliz con todos ellos, como si pudieran curar las heridas que me han infligido malas personas». Pero ocurrió que empezó a gustarle la hija mayor, al igual que a Gleichenstein la pequeña. El barón tuvo éxito y acabó casándose con Anna en mayo de 1811, pero el acercamiento de Beethoven a Therese no fue visto con buenos ojos por la familia. Una cosa era un barón, un noble, y otra un simple músico, un plebeyo con fama de excéntrico y malhumorado. Beethoven no pareció darse cuenta de ello; de su efusión amorosa surgió una de sus obras más conocidas, la bagatela para Elisa, que en realidad se tenía que titular para Teresa y cuyo autógrafo, perdido, (**) tal vez fuese enviado a su destinataria con la larga carta que Beethoven le mandó en mayo.
La cosa tenía que ir en serio, pues el 2 de mayo Beethoven escribió a Wegeler a Coblenza pidiéndole un certificado de bautismo, requisito indispensable para el matrimonio:
Querido y viejo amigo – Puedo imaginar que estas líneas mías te causarán cierto asombro – y a pesar de ello, aunque no tengas prueba escrita alguna, aún estás muy presente en mis pensamientos. – Durante mucho tiempo ha estado entre mis manuscritos uno pensado para ti, que ciertamente recibirás este verano. Hace un par de años mi modo de vida tranquilo, retirado, llegó a su fin y me vi lanzado por obligación a las actividades mundanas. Aún no me he formado una opinión favorable sobre ella pero tampoco en contra de ella – pero, ¿quién no se ve afectado por las tormentas del mundo exterior? Con todo, yo debería ser feliz, tal vez uno de los más felices de los hombres si el demonio no hubiese tomado posesión de mis oídos. – Si no hubiese leído en algún sitio que un hombre no debe partir voluntariamente de esta vida mientras le sigan quedando buenas obras que realizar, hace tiempo que ya no estaría – y desde luego por mi propia mano – Oh, la vida es tan bella, mas para mí está envenenada para siempre. –
No rechazarás mi petición amistosa si te ruego que me consigas mi partida de bautismo – Cualquier gasto que suponga el asunto, ya que tienes una cuenta con Steffen Breuning, lo podrás recuperar de inmediato de aquella fuente y lo haré efectivo de inmediato con Steffen aquí. – Si pensases que merece la pena investigar el asunto e hicieses el viaje desde Coblenza hasta Bonn, cárgame todo a mí. – Pero hay que tener en mente una cosa, esto es, que hubo un hermano nacido antes que yo que también se llamaba Ludwig con la adición de Maria, pero que murió. Para establecer mi edad más allá de toda duda, se ha de encontrar primero a este hermano, puesto que ya sé que con respecto a esto otros han cometido un error y se ha dicho de mí que soy más mayor de lo que soy. – Por desgracia yo mismo he vivido un tiempo sin saber mi edad – Tenía un registro familiar pero se perdió, sabe el cielo cómo. – Por tanto no te ofendas si te apremio para que prestes atención a este asunto, encontrar a Ludwig Maria y al presente Ludwig que nació después de él – Cuanto antes me envíes la partida de bautismo, mayor será mi agradecimiento – Me han dicho que cantas una de mis canciones en tu logia masónica, probablemente en mi mayor, que yo mismo no poseo. ¡Envíamela! Prometo recompensarte con el triple o cuádruple de alguna otra forma. – Piensa en mí con cariño, por muy poco que parezca yo merecerlo. – Abraza y besa a tu adorable esposa, a tus hijos, a todo aquel que sea querido por ti – en nombre de tu amigo
Beethoven
Si hemos de tomar al pie de la letra lo dicho en la carta, los pensamientos suicidas seguían aún rondando la cabeza de Beethoven, aunque los contrarrestaba con esa voluntad de seguir teniendo «buenas obras que realizar». Por otra parte, vemos que aún continuaba pensando que su edad era menor de lo que realmente era y atribuía el «error» de que le dijesen que era dos años mayor a una confusión con su hermano Ludwig María, que, como sabemos, nació y murió en 1769. Por otra parte la opinión de Wegeler sobre la carta es la siguiente:
Sin duda parece que en un momento de su vida Beethoven contempló el pensamiento de casarse, tras haber estado envuelto con frecuencia en asuntos amorosos, como han señalado estas Notizen (p. 105). Varios lectores han notado, como yo, la urgencia con que Beethoven, en su carta del 10 [sic] de mayo de 1810, me pedía que obtuviese su partida de bautismo. Insistía en sufragar todos mis gastos, incluso el coste del viaje desde Coblenza hasta Bonn y daba detalladas instrucciones sobre el cuidado necesario para tener la certeza de que la partida que obtuve era la correcta (p. 45).
Encontré la solución al enigma en una carta de mi cuñado, Stephan von Breuning, que me escribió tres meses más tarde. Dice: «Beethoven me dice al menos una vez por semana que quiere escribirte. Sin embargo, creo que sus planes de matrimonio se han desbaratado y por tanto ya no siente tanta urgencia para obtener su partida de bautismo».
Así, Beethoven aún no había abandonado el pensamiento de matrimonio en su trigésimo noveno año.
Así pues, a los pocos meses los planes «se habían desbaratado». ¿Qué había pasado? Algo había hecho Beethoven que había desagradado a los Malfatti, es probable que su actitud hacia Therese, y de alguna manera se lo habían transmitido a Gleichenstein, ya que sabían que este informaría a Beethoven. No se sabe qué le dijo el barón, posiblemente que los Malfatti ya solo deseaban recibirle en su casa cuando se hiciera música, pero sí que se conserva la afligida respuesta de Beethoven:
Tus noticias me sumergieron de nuevo desde las regiones del más elevado éxtasis a las profundidades. ¿Por qué el añadido, que me harías saber cuándo habría otra velada musical? ¿No soy entonces nada más que su músico o el músico para los demás? – Esto al menos es como se puede entender. No puedo, por tanto, buscar apoyo más que en mi propio corazón; no hay nada para mí fuera de él. No, nada sino heridas me han llegado desde la amistad y sentimientos parecidos – Sea, pues, que para ti, pobre B, no hay felicidad en el mundo exterior, la has de crear en ti mismo. Solo en el mundo ideal encontrarás amigos. Te ruego que tranquilices mi mente indicándome si ayer fui culpable de alguna falta de decoro o si no puedes hacer otra cosa que no sea decirme la verdad, la escucharé con tan buena disposición como yo la digo – Aún hay tiempo; la verdad tal vez pueda ayudarme todavía. Adiós – no dejes que tu amigo Dorner sepa nada de esto.
(*)Elise Bürger (Hahn de soltera) fue la tercera esposa del poeta Gottfried August Bürger, matrimonio que solo duró dos años.
(**)La obra no apareció publicada, por Ludwig Nohl, hasta 1867. Este estudioso lo hizo a partir del autógrafo, que Therese conservó hasta su muerte, en 1851, y que luego estuvo en poder de una dama llamada Babette Bredl, que fue quien se lo mostró a Nohl en 1865. Nohl copió del manuscrito «Für Elise am 27. April zur Erinnerung an L. v. Bthvn» («Para Elisa, el 27 de abril, como recuerdo de L. v. Bthvn») y es probable que, dada la terrible caligrafía de Beethoven, errase el nombre de la destinataria, aunque siguen planteadas todo tipo de dudas.
Aquí tenéis la famosa bagatela.









