24.2.25

Ravel: Rapsodia española

Ravel en 1907 (foto de Pierre Petit)

Aunque cuando solo tenía tres meses de edad la familia de Ravel se trasladó a París, él nació en Ciboure, en el País Vasco francés; su padre, Pierre Joseph Ravel, era suizo, pero su madre, Marie Delouart, era vascofrancesa. Esto hizo que siempre se sintiese muy ligado a España y que muchas de sus obras tengan a nuestro país como inspiración. Ya llegarán más, pero hoy os voy a traer una de las que menos explicaciones requieren, ya que su título lo dice todo: la Rapsodie espagnole, escrita en 1907 y basada en una Habanera que compuso unos cuantos años antes. Que la disfrutéis.


17.2.25

Shostakovich: Sinfonía n.º 1 en fa menor

Shostakovich en 1925

La familia paterna de Dmitri Shostakovich tenía raíces polacas y revolucionarias. Su abuelo fue desterrado a Siberia por participar en el intento de asesinato de Alejandro II y allí fue donde nació el padre de nuestro compositor. De Siberia era también su madre; ambos se conocieron en San Petersburgo, donde él estudiaba en la Universidad y ella en el Conservatorio. Era evidente que la música era importante en su casa, a pesar de lo cual él se mostró reticiente a estudiarla. Ello a pesar de haber mostrado grandes dotes, entre otras el oído absoluto. Superadas estas dudas, entró en el Conservatorio -a la vez que estudiaba Comercio- y no tardó en centrarse en una carrera musical.

Se podría decir que su Primera Sinfonía, concluida en la primavera de 1925, era una especie de ejercicio de graduación del Conservatorio. Sin embargo, el estreno de la pieza fue radiado (la primera emisión desde la sala en la que actuaba la Filarmónica de Leningrado) y ello supuso que su difusión fuese tan amplia como para llegar a Occidente, donde grandes directores como Toscanini, Klemperer o Bruno Walter la interpretaron con entusiasmo. Todo esto catapultó al joven y enfermizo compositor a la fama internacional. Aquí tenéis esta pieza, interpretada por Paavo Järvi al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Fráncfort. Disfrutadla.


10.2.25

Johann Strauss: "Cuentos de los bosques de Viena"


Johann Strauss (hijo) no fue el creador del vals, pero sí quien lo llevó de las cabañas de los campesinos austriacos a la gran sala de conciertos. Pero antes pasó por el tamiz de su padre y de Joseph Lanner, quienes en el primer tercio del siglo XIX tomaron esas danzas, más bien vulgares, de la Alta Austria, el sur de Alemania y Estiria, y las convirtieron en una música de baile un poco más sofisticada. Strauss hijo la la llevó mucho más lejos y lo transformó en una pieza que perfectamente se podía presentar en una sala de conciertos aunque su fundamento era reinar en los salones de baile de la corte. Con él alcanzaron quizá su máxima expresión, con introducciones que son pequeños poemas sinfónicos. Hoy os traigo un ejemplo muy conocido que viene bastante a cuento. Se trata de los Cuentos de los bosques de Viena, en cuyo principio (y al final) suena un instrumento tradicional: la cítara. En la versión que os traigo la tañe Anton Karas, que será conocido por los cinéfilos al ser quien la interpreta en la inquietante banda sonora de El tercer hombre. Por otro lado, tenemos a la Filarmónica de Viena dirigida por Willi Boskovsky, quien fue su concertino durante muchos años, además del director del mítico Concierto de Año Nuevo desde 1954 hasta 1979.

3.2.25

Alessando Scarlatti: "Stabat Mater"


Una de las obras por la que es más conocido Giovanni Battista Pergolesi es por su Stabat Mater, que escribió el mismo año de su muerte, en 1736... Y ahora os estaréis preguntando: ¿qué dice este en una entrada que tiene como título Alessandro Scarlatti...? Pues muy fácil: el encargo le vino a Pergolesi porque la pieza del mismo título y carácter que había compuesto Scarlatti hacia 1708-17 se había quedado "anticuada". Casualmente, este año se cumplen 300 de la muerte de Scarlatti y será otro de los compositores de los que habrá que hablar; de momento os dejo ese "anticuado" y más que disfrutable Stabat Mater en do menor para soprano, contralto y orquesta.


 

27.1.25

Y aún más efemérides: Bizet (Farándula de "La arlesiana")


Este año de 2025 se está mostrando prolífico en efemérides. La última que me ha venido a la cabeza es el sesquicentenario de la muerte de Georges Bizet. Una vida breve, pero fecunda, que nos dejó una de las óperas más conocidas y representadas de la historia: Carmen. Sin embargo, a su compositor se deben muchas más obras, algunas, muchas, más que disfrutables. Ya llegará el momento de homenajear a la cigarrera sevillana, protagonista de una de las obras que más veces ha escuchado quien esto escribe, pero de momento lo que os traigo es otra pieza magnífica, la farándula, que forma parte de la música que escribió para La arlesiana, la obra teatral de Daudet.


20.1.25

Más efemérides: Maurice Ravel


Resulta que en este año  de 2025 también se cumplen 150 del nacimiento de Maurice Ravel, uno de mis compositores favoritos. Por tanto, ya hablaré bastante de él (y de otros que, entretanto, he encontrado) en estas entradas y, de momento, os traigo una de sus composiciones. Todas son disfrutables y cuesta trabajo elegir... Pero alguna había que poner y me he decantado por la Pavana por una infanta difunta.


13.1.25

Efemérides de 2025: Johann Strauss (hijo) y Dmitri Shostakovich




Seguro que más adelante me saldrán otras, pero en este año 2025 las primeras efemérides que me han venido a la cabeza tienen que ver con los dos compositores cuyas fotos encabezan esta entrada. Se cumplen 200 años del nacimiento de Johann Strauss (hijo) y cincuenta años de la muerte de Dmitri Shostakovich. Un artista que intentó (y consiguió) cumplir con los gustos de su época y otro que se tuvo que enfrentar (sin éxito) a las autoridades que detentaban el poder en su país. Ya iré hablando de ellos en sucesivas entradas. Ahora, de momento, os dejo dos de sus piezas, que seguramente habéis escuchado cientos de veces (y alguna de ellas sin saber quién era su autor).

 


 

30.12.24

Costumbres de fin de año: Johann Strauss (hijo) y Beethoven


Última entrada del año... En ella me voy a repetir, uno de mis muchos defectos, pues voy a hablar de mis costumbres musicales del día de Nochevieja. Son solo dos y muy poco originales, como podréis comprobar si tenéis la amabilidad de segir leyendo.

Primera costumbre: escuchar Die Fledermaus, de Johann Strauss (hijo)

Y esto lo he copiado de los vieneses, que, al parecer, tienen como acendrada tradición asistir a una representación de esta divertida opereta del rey del vals, de quien al día siguiente, 1 de enero, tendremos una especie de empacho con el también tradicional Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena (además, en 2025 se cumplirá el bicentenario de su nacimiento). Os traigo hoy el vals Du und Du, elaborado a partir de melodías de esta obra.


Segunda costumbre: que la última pieza que escuche sea la Novena de Beethoven

Tampoco es muy original, pues parece ser que la Filarmónica de Berlín también hace lo mismo. No me parece mal terminar la última entrada de este año con esta obra, cuando se han cumplido los doscientos años de su estreño. Aprovecho para desearos una muy feliz entrada y salida de año y que 2025 venga cargado de buenas cosas. Ojalá.


23.12.24

Honegger: "Une cantate de Noël"

Bruckner llega al cielo; silueta de Otto Böhler

Quienes tengáis la paciencia de seguir estas páginas, sabréis que muchas veces, cuando llegan estas fechas, me repito y traigo por aquí la que sin duda es mi página musical navideña favorita, la Cantate de Noël, de Arthur Honegger. Este año no va a ser una excepción. Es una obra que me emociona especialmente, pues en ella veo cómo se va de la oscuridad a la luz, de una música casi tenebrosa hasta la alegría navideña, que culmina cuando surge el célebre Noche de paz. Este año, además, a esa emoción se va a unir la de una gran pérdida que he sufrido, la de mi padre, que se nos fue hace unos días, Por eso he encabezado esta entrada con la célebre silueta de Böhler que muestra a Bruckner (uno de mis homenajeados este año, en el que se han cumplido 200 de su nacimiento) llegando al cielo y siendo recibido por grandes músicos como Listz, Wagner, Beethoven, Schumann o Mozart y rodeados de querubines, todo mientras Bach toca el órgano. Aquí os la dejo. Disfrutadla y emocionaos, como yo lo he hecho.


 

16.12.24

Bruckner: Salmo 150

Sabido es que Bruckner era un ferviente católico, con lo cual, además de sus sinfonías, que tal vez es el legado más importante que nos dejó, también compuso importantes obras religiosas. Hoy os traigo una de ellas, el Salmo 150, que escribió en 1892 y que hay quien ha comparado (Robert Simpson, en el comentario sobre la grabación que he incluido en esta entrada), en su comienzo, con el movimiento final de una sinfonía coral (esa que, por desgracia, no compuso). Es una obra breve, densa, concentrada, magnífica. Y os la traigo en una versión maravillosa. Que la disfrutéis.



2.12.24

Bruckner: Sinfonía n.º 9 en re menor


Siguiendo con su costumbre, Bruckner empezó a trabajar en la que sería su última sinfonía pocos días después de terminar con la Octava (o, al menos, eso el creía). Esto fue en septiembre de 1887 y la pieza lo ocuparía hasta su muerte, que le sobrevino el 11 de octubre de 1896. Bien es cierto que al poco de empezar se puso a revisar la Octava tras el rechazo de Hermann Levi y después de terminar esa tarea emprendió la misma con otras de sus sinfonías, como la Tercera, la Primera, la Segunda y también con la Misa en fa menor. Además, compuso obras nuevas, como Helgoland o el Te Deum, que lo mantuvieron ocupado, de modo que a su muerte la Novena quedó inconclusa, con solo sus tres primeros movimientos terminados. Bruckner dejó unos doscientos folios de material para el último movimiento, con algunos pasajes casi concluidos y otros en un mero apunte, lo cual ha hecho que haya habido musicólogos que se han atrevido a "terminar" la obra. Yo tengo una grabación de una de las más aceptadas y, la verdad, me quedo con la versión en tres movimientos de esta obra colosal, cuyo autor quiso dedicar nada menos que a Dios.

Como en tantas otras ocasiones, el estreno de la pieza tuvo como protagonista una versión horriblemente mutilada por Ferdinand Löwe, quien además se encargó de dirigir el engendro el 11 de febrero de 1903. Hubo que esperar casi treinta años, hasta el 2 de abril de 1932, para escuchar lo que realmente nos quiso decir el autor, y ello fue gracias al director y compositor austriaco Siegmund von Hausseger (1872-1948), por lo cual su retrato encabeza esta entrada. Aquí os la dejo, en la tremenda versión de Furtwängler con la Filarmónica de Viena de octubre de 1944.


25.11.24

Puccini: "Turandot"

Puccini y Arturo Toscanini (c. 1900)

Siempre muy exigente a la hora de elegir sus libretos, como ya sabemos, Puccini empezó a pensar en el de la que sería su última ópera en el verano de 1920. Fue uno de los dos futuros libretistas de la pieza, Renato Simoni, quien le habló de la obra teatral Turandotte, del dramaturgo del siglo XVIII Carlo Gozzi. Junto con Giuseppe Adami trabajó en el texto, que entregaron al compositor a mediados de 1922. De inmediato se puso manos a la obra, y a comienzos de 1924 tenía completados los dos primeros actos, pero con el tercero tenía algunas dudas correspondientes al dúo final... Que precisamente quedó inconcluso. Puccini padecía un cáncer de cuya gravedad no era consciente; tanto era así que cuando marchó a Bruselas para someterse a un tratamiento que casi era a la desesperada creía que sin problemas, a la vuelta, concluiría la obra. No fue así. Murió en la capital belga el 29 de noviembre de 1924 dejando sin terminar el final de la primera escena y la segunda escena del tercer acto. Se encomendó a Franco Alfano que las concluyera, siguiendo las notas de Puccini, pero es evidente que ni pretendió imitar el audaz lenguaje que había usado ni seguro que se sintió capaz de siquiera intentarlo. Fue Arturo Toscanini quien se encargó de estrenar la obra el 25 de abril de 1926. En esa velada, cuando llegó a las últimas notas escritas por Puccini, se detuvo, se volvió hacia el público y dijo: "Aquí acaba la ópera, porque en este punto murió el Maestro".

A pesar de ese final que no cuadra con el resto, nos encontramos con una verdadera obra maestra y he de confesar que es la que más escucho de todas las óperas de Puccini. Aquí os la dejo para que la disfrutéis.

18.11.24

Bruckner: Sinfonía n.º 8 en do menor

Hans Richter (1843-1916), que dirigió el estreno de esta obra
(Foto de Herbert Rose Barraud, c. 1880)

Dado que no pudo acabar la Novena (de la que hablaremos en su momento), podríamos considerar la Octava Sinfonía de Bruckner como el punto culminante del ciclo, la pieza con la que logró sublimar todo su pensamiento sinfónico, uno de los hitos de este género en el que algunos dieron en llamar "el siglo de la gran sinfonía", que, a mi parecer, comienza con la Heroica de Beethoven en 1803 y tal vez llegue a su cúspide con la Octava de Mahler en 1907.

Bruckner trabajó en su Octava sinfonía entre 1884 y 1887. En septiembre del último año citado mandó la partitura al director Hermann Levi, en cuyo criterio nuestro compositor confiaba casi ciegamente. La opinión negativa de Levi lo llevó a sufrir un ataque de nervios y de inmediato empezó a revisar la partitura. Finalmente se estrenó en Viena el 18 de diciembre de 1892, bajo la dirección no de Levi, sino de Hans Richter y con una dedicatoria al emperador Francisco José I.

Siempre se ha hablado sobre el supuesto "provincianismo" de Bruckner, muchas veces junto a una especie de "asombro" porque alguien tan (digámoslo sin ambages) paleto hubiese hecho cosas tan sublimes. Tal vez esta forma de ver las cosas llegue a su cénit en el texto que Richard Osborne escribió para la grabación que en 1975 realizó Karajan de esta pieza. Os cuento algunas lindezas. Primero habla de los comentarios que hizo Josef Schalk (uno de los villanos de esta historia, como sabréis si habéis leído alguna otra de estas entradas), que "hubo de acudir" al Prometeo de Esquilo para analizar lo que decía la sinfonía, unas analogías que -sigo citando textualmente- eran "mejores que las del propio Bruckner". Es decir, tenía que venir alguien a decirle a Bruckner en qué se había inspirado... Habla después de que el scherzo de la obra se "resintió" de que Bruckner asociara la música con el "deustche Michel", una suerte de arquetipo de campesino. Por supuesto, de nuevo hubo quien tuvo más claro que el propio compositor de dónde había sacado la idea. Y, para no enrollarme demasiado, terminemos con el comienzo del finale, que, según el comentarista, Bruckner "ingenuamente describió como cosacos al galope". Sin duda los esclarecidos críticos encontrarían otro elemento que el pobre compositor no supo expresar... En fin...

Hay tres versiones hoy en día de esta obra. La original de 1887, editada por Leopold Nowak en 1972, la que es una mezcla de las versiones de 1887 y 1890, editada por Robert Haas en 1939 y la versión de 1890, editada por Nowak en 1955. Aquí tenéis un ejemplo de la tercera, dirigida por Celibidache, que siempre es una garantía.


11.11.24

Puccini: "Il trittico"

Giulio Ricordi (1840-1912)

Ya en 1904 había tenido Puccini la idea de escribir tres óperas en un acto para que se representasen en la misma velada. Fue la oposición de su entonces editor, Giulio Ricordi, lo que retrasó el proyecto hasta después de su muerte, en 1912. El problema, como tantas otras veces, fue encontrar la historia ideal (o las historias ideales) para convertirla en un libreto. En el caso de la primera ópera del tríptico, Il tabarro, fue, como muchas otras veces, una obra de teatro, en este caso de Didier Gold, Le houppelande, la cual adaptó Giuseppe Adami; se trata de una sórdida historia de celos que acaba en asesinato. La segunda, Suor Angelica, es un drama conventual solo para voces femeninas cuyo libretista, Giovacchino Forzano, elaboró a partir de diversas fuentes en las que se ponían frente a frente la sensualidad y la vocación religiosa. También hay quien dice que el suicidio de su sirvienta Doria Manfredi, tras las acusaciones de la esposa de Puccini de que tenía una relación con ella pudo haber infuido, sobre todo cuando, tras la autopsia, se descubrió que la joven en realidad era virgen.

Pero sin duda la más exitosa de las tres piezas es la tercera, Gianni Schicchi, una ópera bufa cuyo texto también es obra de Forzano y que se basa en un episodio de la Divina Comedia de Dante (en el canto XXX del Infierno). Tan exitosa que muchas veces se ha interpretado olvidándose de las dos anteriores, algo que sin duda no hubiese gustado demasiado a su autor.

Il trittico se estrenó en el Met de Nueva York el 14 de diciembre de 1918. Tres óperas en una: una dramática-trágica, otra sentimental y otra bufa. Aquí os las dejo, en una representación de la Ópera de San Francisco.

4.11.24

Bruckner: Sinfonía n.º 7 en mi mayor

Eduard Hanslick (1825-1904)
Némesis de Wagner y también de Bruckner

No tardó mucho Bruckner en ponerse a trabajar en su Séptima sinfonía una vez concluida la Sexta. Comenzó en los primeros días del otoño de 1881 y lo mantuvo ocupado durante los dos años siguientes. En esta época vivió la que sin duda fue una de las experiencias más excitantes de su vida: en 1882 asistió a la primera representación de Parsifal en Bayreuth y se encontró por última vez con su idolatrado Wagner. La muerte del genio de Leipzig influyó en el discurrir de la sinfonía, ya que su Adagio se compuso pensando en que tal hecho sería inminente y, cuando se produjo, en febrero de 1883, Bruckner culminó ese segundo movimiento en consonancia con tal acontecimiento. No es de extrañar que cuando acabó la pieza, no se plantease su estreno en Viena, donde Eduard Hanslick seguía ejerciendo su tiranía antiwagneriana que también salpicó a nuestro compositor. El estreno de la obra tuvo lugar en Leipzig, el 30 de diciembre de 1884, bajo la dirección de Arthur Nikisch. Mal que le pesase a Hanslick y sus acólitos, esto supuso la consagración de Bruckner como sinfonista. Después de ese éxito (el aplauso al terminar duró quince minutos), en Viena recapacitaron y la Filarmónica pidió interpretar la obra. El compositor primero lo rechazó, pero acabó aceptando y, a pesar de los reparos de Hanslick, el éxito se repitió, tanto que tuvo que salir a saludar reitreradas veces después de la conclusión de cada movimiento y se celebró una cena en su honor. En fin... Aquí os la traigo al mando de otro de los grandes directores brucknerianos, Günter Wand. Disfrutadla.


28.10.24

Más aniversarios: Richard Strauss y David Oistrakh

 




Abro un nuevo paréntesis en el homenaje a Bruckner y Puccini para celebrar a otros dos grandes nombres de la música que me gusta de quienes este año de 2024 se celebra un aniversario más o menos redondo. Se trata de Richard Strauss, de quien el pasado 9 de septiembre se cumplieron 75 años de su muerte, y de David Oistrakh, que se marchó de este mundo un 24 de octubre de hace cincuenta años.

Strauss, ¿el maldito?

De Richard Strauss muchas veces se habla más mal que bien. Ya no solo por su ambigua relación con el nazismo (ambigua solo en la superficie; sí, es cierto que se quedó en la Alemania de Hitler, pero siguió, al menos en principio, trabajando con libretistas judíos como Stefan Zweig y su propia nuera también era judía), sino por su supuesto conservadurismo, su "vuelta atrás" después de dos obras maestras como Salome y Elektra para componer ese divertimento vienés llamado El caballero de la rosa... Incluso de una maravilla como las Cuatro últimas canciones he llegado a leer que su principal defecto es "estar compuestas con cincuenta años de retraso". En fin, estamos ante un compositor colosal, que también defendió en su momento las vanguardias aunque luego no formase parte de ellas y que tiene una música más que disfrutable, a veces vulgar -en apariencia- pero siempre brillante y magnífica. Os dejo aquí precisamente esa maravilla que son las Cuatro últimas canciones, en una excelente versión.


David Oistrakh, siempre decadente

Es curioso, porque en muchas grabaciones de las que tengo protagonizadas por este gran violonista de origen ucraniano (nació en Odessa en 1908) se dice que no está en su mejor momento. Incluso hay quien se permite la frivolidad de decir que "su barriga creció al mismo ritmo que su decadencia". Ni caso. Estamos ante uno de los mejores violinistas del siglo XX, que nos ha dejado auténticas maravillas, como la que os pongo a continuación, un arreglo del sublime Clair de lune de Debussy. Puro décadentisme. Disfrutadlo.

21.10.24

Puccini: Preludio del acto tercero de "La rondine"

El Carltheater de Viena, hacia 1906

Llego a La rondine, la siguiente obra de Puccini, que es precisamente una de las que no conozco y jamás he escuchado. Lo cierto es que es algo diferente a las demás, una opereta encargada en Viena por los empresarios del Carltheater y por la que ofrecieron unos generosos honorarios. Después de La fanciulla del West Puccini no sintió la necesidad imperiosa de ponerse de nuevo a trabajar en nuevos proyectos; a esto se unió la muerte de Giulio Ricordi en 1912, lo cual supuso la ruptura de nuesto compositor con esa empresa.

La historia de La rondine, original de Alfred Maria Willner y Heinz Reichter, fue convertida en un libreto adecuado para Puccini por Giuseppe Adami y en realidad no se estrenó en Viena, algo quizá lógico por los tiempos de guerra, sino en Monte Carlo, el 27 de marzo de 1917. Tampoco es que sea un disparate, ya que al parecer su trama se desarrolla precisamente en la Costa Azul.

Como os digo, no la conocía, así que no la traigo entera. Aquí tenéis el preludio del acto tercero.


 

14.10.24

Bruckner: Sinfonía n.º 6 en la mayor

August Göllerich, hacia 1900 (1859-1923)

La Sexta Sinfonía de Bruckner es una de las menos problemáticas en cuanto a versiones y ediciones, lo cual no quiere decir que no sufriera lo suyo en su momento. El maestro la escribió entre septiembre de 1879 y septiembre de 1881 y no la sometió a revisión alguna. Cierto que tampoco la pudo escuchar completa en vida. Aunque al año siguiente de su conclusión se empezó a ensayar y la Filarmónica de Viena interpretó el Adagio y el Scherzo en un concierto que tuvo lugar en febrero de 1883, la primera vez que se ofreció completa fue en 1899, en una versión tan modificada que la hacía irreconocible (y ello a pesar de que la dirigió nada más y nada menos que Gustav Mahler). Fue su discípulo y paisano Agust Göllerich (que por eso encabeza esta entrada) quien por fin la dio a conocer tal y como la concibió su autor el 13 de diciembre de 1901. Se trata de una obra más breve y concisa que sus predecesoras; os la ofrezco interpretada por uno de los brucknerianos más reconocidos, Sergiu Celibidache.

(Datos tomados del comentario sobre la obra incluido en la grabación de Otto Klemperer y la Nueva Philharmonia en EMI, cuyo autor es Peter Branscombe)

 

7.10.24

1934: El "annus horribilis" de la música británica

De izquierda a derecha, Edward Elgar, Gustav Holst y Frederick Delius

Voy a hacer un pequeño paréntesis en el homenaje a Puccini y Bruckner en el año de sus centenarios para referirme a lo que alguno llamó el annus horribilis de la música británica, del que se cumplen 90 (no es un aniversario redondo, ya, pero bueno...) Se trata de 1934; entre febrero y junio de ese año desaparecieron las tres figuras más importantes que había dado aquel país desde Purcell. Os voy a traer algunos ejemplos de su música.

Elgar: el de las Variaciones "Enigma"

Edward Elgar, nacido cerca de Worcester en junio de 1857, fue el que primero empezó a descollar en un país en el que, como ya he dicho, no había surgido un músico de mérito desde finales del siglo XVII (hagamos excepción de Händel, de quien se han apropiado los británicos aunque era alemán). Lo más conocido de Elgar son sus Variaciones Enigma y algunas de sus marchas de Pompa y circunstancia, pero hoy os quiero traer alguna cosa menos trillada. También compuso oratorios profanos (Caractacus, El sueño de Geroncio) en una época en la que la ópera, en su país, era italiana o no era, así como música de cámara. Aquí tenéis su Cuarteto de cuerda, una pieza de 1918 escrita en un breve momento de lucidez tras la depresión que supuso la guerra mundial. Elgar murió en Worcester el 23 de febrero del año fatídico de 1934.


Holst: el de Los planetas

De Gustav Holst no hace mucho que hablé por aquí, ya que en este año además se conmemora el sesquicentenario de su nacimiento (que tuvo lugar en Cheltenham en septiembre de 1874). Ya entonces comenté que parece que no hubiese compuesto algo que no sea Los planetas, su celebérrima suite orquestal y os presenté otra obra. Hoy haré lo mismo y os traigo Egdon Heath, una pieza de 1927 que el propio Holst consideraba como la mejor de sus obras; a ver qué opináis. Holst se marchó de este mundo en Londres, el 25 de mayo de 1934.


Delius: el de...

Frederick Delius quizá sea consdierado británico (nació en Yorkshire en enero de 1862), pero por su origen (alemán) y por sus numerosos viajes y su poco arraigo por ningún sitio tal vez sea la mejor definición de "ciudadano del mundo" (otros, quizá más pesimistas, lo llamarían "apátrida"). De él no he destacado ninguna obra porque no tiene, como los otros dos, una que lo defina entre el gran público. (Yo solo conozco catorce de sus composiciones). No sé si será la más célebre para quienes sean más entendidos que yo, pero de todas las que he escuchado es la que más me ha gustado; tanto, que incluso me hace echar alguna lagrimilla. Hoy os traigo Appalachia, una obra de 1902 que es un conjunto de variaciones para orquesta y voz sobre un viejo canto de esclavos, inspirada por su estancia en Florida siendo joven. Delius murió en la localidad francesa de Grez-sur-Loing el 10 de junio de 1934.


23.9.24

Puccini: "La fanciulla del West"

Imagen del estreno de La fanciulla del West en el Met, el 10 de diciembre de 1910

Giovanni Giacosa murió en 1906, y la colaboración con Luigi Illica llegó a su fin cuando Puccini rechazó un proyecto sobre María Antonieta que le había ofrecido el libretista de sus anteriores óperas. Así que no le quedó otra que hollar nuevos caminos. Desde la conclusión de su anterior obra, Puccini había estado a la búsqueda de asuntos buceando en la obra de escritores tan importantes como Kipling, Tolstoi o incluso Gabrielle d'Annunzio, con quien, para algunos, se habría logrado una suerte de culmen de la cultura italiana, a pesar de que los mundos de compositor y literato eran prácticamente opuestos.

Finalmente, se decidió por otra obra del dramaturgo norteamericano David Belasco, el mismo autor en el que se había inspirado para su ópera anterior, esta vez trasladando el escenario desde Japón hasta el Lejano Oeste. Puccini se basó en The Girl of the Golden West para su siguiente ópera, en la que contó con Guelfo Civinini y Carlo Zangarini para un libreto cuya dramaturgia en realidad controló él. La pieza se estrenó en el Met de Nueva York el 10 de diciembre de 1910, con Enrico Caruso, Emmy Destinn y Pasquale Amato asumiendo los papeles principales y con la dirección de Arturo Toscanini. Fue un rotundo éxito, tanto musical como económico. He de confesar que no es de las obras de Puccini que más escuche. Aquí os la dejo, para que la catéis.