George Szell en 1965
(Foto: Joop van Bilsen. Dominio público)
Está uno tan harto ya de las peleas políticas, de que nadie parezca tomarse las cosas en serio, solo como una reyerta de taberna, una pelea a garrotazos como aquel cuadro de Goya... ¿Qué nos pasa? Si aquel dice una cosa, nos volvemos locos porque no cuadra con lo que nos gusta. Los otros harán lo mismo... Si los nuestros dicen algo, divino, pero si lo mismo lo dicen los de enfrente... ¡Horror! ¡Anatema! Qué hartazgo... Por eso, cuando escucho las maravillosas grabaciones hechas por George Szell, apenas veinte años después del final de la segunda guerra mundial, de la música de Wagner para el Anillo... Un judío de origen húngaro interpretando a aquel de quien los nazis hicieron un dios, un símbolo de esa supuesta raza superior... En fin, aquí lo dejo, no sin poner en esta entrada la interpretación de Szell de uno de los episodios más conocidos de esa colosal Tetralogía. Quizá otro día me centre más en lo estrictamente musical. Pero -perdón por la insistencia- es que el hartazgo...
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