12.9.07

Un repaso a mis ídolos: la Orquesta Philharmonia


Por segunda vez es un conjunto orquestal el que llega a esta sección del repaso a mis ídolos. Entre las orquestas modernas son muchas las que aquí podrían aparecer, pero he elegido la Philharmonia londinense (de la que tengo más grabaciones, después de la Filarmónica de Berlín), porque siempre me llamó la atención por sus cambios de nombre y, cuando la conocí, por su azarosa historia.

Me desconcertaba eso de ver en los discos "Philarmonia Orchestra" unas veces y "New Philharmonia Orchestra" otras. El desconcierto fue aún mayor cuando compré la grabación de Das Lied von der Erde dirigido por Klemperer y eran las dos orquestas las que figuraban... Pero en la documentación de ese disco fue precisamente donde encontré la solución.

La página Web oficial de la orquesta es algo parca en datos históricos, así que he recurrido al artículo que se le dedica en la Wikipedia para recopilar algo de información.

Fue fundada en 1945 por Walter Legge, con idea de utilizarla en las grabaciones de EMI. Su concierto inaugural lo dirigió Sir Thomas Beecham, a quien se propuso como director principal, pero que fue rechazado (tras esto creó la Real Orquesta Filarmónica).

Legge consiguió que los mejores directores del momento, como Arturo Toscanini o Wilhelm Furtwängler, la dirigieran y grabasen con ella, pero fue Herbert von Karajan quien logró que su nivel llegase a ser uno de los más elevados en los primeros años 50. También hubo numerosos directores menos conocidos y a quienes se asignó un repertorio digamos "menor" que se foguearon con esta orquesta y legaron registros memorables (con ella y con otras: Guido Cantelli, Walter Süsskind...).

Karajan se hizo cargo de la Filarmónica de Berlín tras la muerte de Furtwängler, a finales de 1954, y Legge se vio en la necesidad de buscar otro director. La elección recayó en Otto Klemperer, que por entonces andaba de capa caída en su carrera como director. Cinco años después Klemperer se convertiría en director vitalicio de la orquesta.

En marzo de 1964 (y según la documentación que antes he mencionado), "movido más o menos por el rencor", Legge decidió disolver la orquesta. Sus miembros decidieron que eso no ocurriría, decidieron gobernarse a sí mismos y adoptaron el nombre de "New Philharmonia Orchestra". En octubre se presentaron como tales con un concierto en que interpretaron la Novena de Beethoven (retransmitido por la BBC y que está publicado en DVD por EMI). Desde entonces, liberados del papel de "orquesta de grabaciones" dio muchos más conciertos públicos.

Klemperer continuó siendo director principal hasta su muerte, en 1973; como se había retirado en 1971, desde entonces fue Lorin Maazel, director adjunto, quien asumió en realidad el puesto. Le siguieron Riccardo Muti (1973-82), Giuseppe Sinopoli (1982-94) y Christoph von Dohnányi (desde 1997); para 2008 se ha anunciado que el director pasará a ser Esa-Pekka Salonen.

En 1977, una vez muerto Legge, la orquesta pudo de nuevo adoptar su nombre original; actualmente y desde 1995 tiene su sede en el Royal Festival Hall de Londres, aunque es también "orquesta residente" en otros auditorios de dentro y fuera del Reino Unido, como el De Montfort Hall de Leicester, el Bedford Corn Exchange, el Théâtre du Châtelet de París, el Concertgebouw de Brujas o el Megaron de Atenas.

En sus atriles se han sentado nombres ilustres. Por sólo citar dos bastante conocidos, la clarinetista Gervase de Peyer o el trompa Dennis Brain (que antes de su temprana muerte nos legó una magnífica grabación de los cuatro conciertos de Mozart).

6.9.07

Pavarotti


Son ya bastantes las veces que he de actualizar esta bitácora de forma intempestiva a causa del trabajo de la Parca. Ligeti, Elisabeth Schwarzkopf, Rostropovich... Y ahora Luciano Pavarotti, con quien finalmente ha podido el cáncer de páncreas que padecía tiempo ha.

Es más que probable que D. Luciano no hubiese aparecido por aquí en el apartado de "un repaso a mis ídolos", más que nada porque el repertorio en el que brillaba no es precisamente mi favorito (yo soy más de Wagner y de ópera francesa). La excepción es Puccini, mi compositor de ópera italiana favorito (junto con Händel y Mozart), pero del que sólo conozco el (por otra parte magnífico) Calaf que nos legó en la grabación de Turandot (una de las óperas que más escucho) que protagonizó en 1972 junto a Joan Sutherland (muchas grandes grabaciones hizo esta pareja), Montserrat Caballé y Zubin Metha.

No me cabe a mí, pues, hacer un panegírico de quien hoy he oído definir como el "más célebre cantante de ópera de la segunda mitad del siglo XX". Para ello os remito a la bitácora de mi estimado contertulio y gran connaiseur operístico (y musical) D. Gino, Esta noche barra libre. Navegad por ella y encontraréis una serie de mensajes que constituyen un completísimo repaso a la vida y la obra de este gran cantante que nos ha dejado en el día de hoy.

Os dejo un Nessun dorma que cantó D. Luciano en un recital dado en Nueva York en enero de 1980, encontrado en Youtube:



4.9.07

Raros y rarezas: Charles-Valentin Alkan


"Fue necesario que muriese para que muchos sospechasen de su existencia". Así se expresaban los periódicos al reseñar el fallecimiento de Charles-Valentin Alkan, un compositor casi ignoto para el gran público pero conocido por muchos pianistas por la gran dificultad de la música que escribió para el instrumento.

Yo supe de Alkan gracias a mi estimado contertulio Scriabinian -al igual que de Scriabin y Bill Evans, lo cual siempre le agradeceré-, pianista y médico barcelonés de Sevilla o sevillano de Barcelona, que debe de andar terminando su residencia en tierras asturianas.

Poco hay grabado de su obra; yo sólo conozco un doble álbum publicado por EMI y protagonizado por un pianista y estudioso de la música de Alkan, Ronald Smith.

Charles-Valentin Morhange nació en París el 30 de noviembre de 1813, en el seno de una familia judía. "Alkan" era el nombre de pila de su padre, que posteriormente adoptó como apellido. Fue un niño prodigio, pues a los seis años ingresó en el Conservatorio de su ciudad natal asombrando a propios y extraños por sus dotes, especialmente al director de la institución, Luigi Cherubini. A los doce años dio su primer recital público y con 14 publicó sus primeras obras. Los elegantes salones de la emergente burguesía del París de Luis Felipe le celebraron como un prodigio, pero también acabaron dándole de lado en favor de un Liszt tal vez más acostumbrado a la vida mundana. En 1833 obtuvo un gran éxito en Londres, en el que fue uno de los dos únicos viajes que hizo fuera de su ciudad a lo largo de su vida. Lógicamente, coincidió también con otro habitual de los salones, Chopin, con el que dio un memorable recital en 1838.

Poco después, Alkan desapareció. Desde entonces el devenir de su existencia fue una especie de Guadiana, entrado y saliendo de una extraña reclusión. Entre 1844 y 1853 se presentó de vez en cuando, pero luego no se supo nada de él en casi 20 años, cuando en algunos conciertos interpretó siempre música de otros. Incluso su muerte, acaecida el 29 de marzo de 1888, se vio rodeada de misterio, pues se extendió el bulo de que se debió a que se le cayó encima una librería de su biblioteca.

Alkan fue celebrado como uno de los mayores virtuosos de su tiempo y legó una más que interesante producción para piano. Muchas de sus obras tienen un carácter didáctico teñido tal vez de un cierto sadismo. No dejan nunca de imrpesionarme, por ejemplo, sus Tres grandes estudios para las dos manos separadas y reunidas, Op. 73, de los cuales el dedicado a la mano derecha (introducción, variaciones y finale) le dura a Ronald Smith en su grabación 22 minutos y 35 segundos... Pero de las obras que conozco, me quedo con su Gran Sonata Op. 33, titulada Las cuatro edades, cuyos movimientos se titulan: Veinte años, Treinta años: Quasi-Fausto, Cuarenta años: Un feliz matrimonio y Cincuenta años: Prometeo encadenado.

Para descubrir.

13.8.07

Los discos de la isla desierta: Bartók por Reiner


Bartók: Concerto for Orchestra - Music for Strings, Percussion, and Celesta - Hungarian Sketches
Fritz Reiner - Chicago Symphony Orchestra

RCA Victor Living Stereo 09026-61504-2

Grabado en 1955 y 1958

La serie "Living Stereo" de RCA es de las más buscadas por los audiófilos. Suele incluir grabaciones de la primera etapa del estéreo, pero tan bien realizadas que muchas veces suenan mejor que las DDD de hoy en día. Uno de los casos más significativos es el del disco que traigo hoy aquí, otro de los de la "isla desierta" por la música que incluye, por cómo está interpretada y por cómo suena.

Béla Bartók (1881-1945) y Fritz Reiner (1888-1963), dos grandes músicos húngaros que han dejado su huella en la historia musical del siglo XX, el uno como pedagogo, musicólogo y, sobre todo, compositor y el otro como director de orquesta. Ambos se conocieron en 1905, como estudiantes de música en Budapest. Bartók, que en 1907 se había convertido en profesor de la Academia de la capital húngara, recomendó una graduación con honores y firmó el diploma de Reiner cuando éste finalizó sus estudios en 1909. La amistad que surgió entre ambos duraría hasta la muerte de Bartók, si bien Reiner perdió el contacto personal -pero no el epistolar- con el compositor cuando en 1910 se le nombró director musical de la ópera de Laybach (hoy Ljubljana) y, posteriormente, en Dresde (1914), ciudad en la que por primera vez interpretó música del paisano y amigo. En 1922 marchó a los Estados Unidos, donde también se dedicó a estrenar obras de Bartók y donde por fin se encontró de nuevo con él cuando en 1927 realizó una gira como pianista en aquel país.

Cuando en 1940 Bartók volvió, esta vez como exiliado, fue Reiner quien firmó la recomendación para que se le concediese el permiso de residencia y en 1943 instó a la fundación Koussevitzky, bien conocida por sus encargos a músicos contemporáneos, que pidiese a Bartók que compusiese una obra (ya que reiteradamente rechazaba todo ofreciemiento de ayuda que aliviase algo su existencia, marcada por la enfermedad y las penurias). El resultado fue el Concierto para Orquesta que, doce años después, el 22 de octubre de 1955, grabó Reiner con su orquesta de Chicago en una lectura que para muchos permanece insuperada.

También se incluyen en este disco la célebre Música para cuerdas, percusión y celesta, que Bartók compuso en 1936 y que Reiner no interpretó por primera vez hasta diciembre de 1958, es decir, unos días antes de la grabación, que tuvo lugar los días 28 y 29 de ese mes. En la misma sesión se registraron las Escenas húngaras, una orquestación realizada en 1931 de piezas para piano escritas anteriormente que se debe a la mano del propio Bartók y que también estrenó Reiner en Estados Unidos, en su época de director invitado de la Orquesta de Filadelfia (1931-38).

Un disfrute para los sentidos, en definitiva

1.8.07

Un repaso a mis ídolos: Wilhelm Pitz


Los coros desempeñan un papel importantísimo en muchas obras musicales. A pesar de ello, en raras ocasiones se recuerda a quienes los preparan o dirigen. Yo quiero salirme un poco de la norma al situar dentro del grupo de mis ídolos a quien tal vez haya sido el mejor director de coros del siglo XX, el alemán Wilhelm Pitz.

La prueba de la poca importancia que se da a los directores de coro la podréis tener si buscáis el nombre de Pitz en Google. Apenas una breve entrada en la Wikipedia alemana y todo lo demás enlaces a grabaciones o a instituciones cuya sede está en calles dedicadas a nuestro protagonista...

Aunque se le recuerda fundamentalmente por su papel en Bayreuth, no hay que olvidar que a él se deben muchas de las magníficas grabaciones protagonizadas por el coro Philharmonia y Nuevo Philharmonia en los años 50 y 60. Cualquier formación que él tocase se convertía en un coro de elevadísima calidad.

Pero como digo, su fama se cimenta en ser quien sentó las bases de los coros en el Nuevo Bayreuth, tanto que durante los 20 años que allí reinó, consiguió que esas voces, consideradas el mejor conjunto del mundo, se llegasen a conocer como los "pitzianer".

Cuando los hermanos Wieland y Wolfgang Wagner intentaban poner de nuevo en pie el colosal monumento del festival de Bayreuth, procuraron por todos los medios evitar a quienes pudieran recordar el nefasto pasado reciente que tanto ligó a su abuelo con el nazismo. Sólo pudieron contar con dos directores digamos "limpios" para su primer festival de 1951: Hans Knappertsbusch (que en 1935 había tenido una algarada con las autoridades nazis, a pesar de lo cual permaneció en Alemania) y Herbert von Karajan, que aún guardaba celosamente secretos sus pasados coqueteos con el nazismo. Fue Karajan, entonces director musical en Aachen, quien recomendó a los Wagner que llamasen a Pitz para formar y preparar los coros de Bayreuth. Y a fe que hizo una buena sugerencia.

Pitz, que había nacido en Breining en 1897, trabajaba entonces con el coro masculino de Colonia (Kölner Männer-Gesang-Verein), puesto que mantuvo hasta 1957. Asumió la dirección coral del Festival el año del "resurgimiento", 1951, y no la dejó hasta su retirada en 1971. Dos años después, el 21 de noviembre de 1973, murió en Aachen.

En el foro os dejo un ejemplo de su buen hacer.

11.7.07

Los discos de la isla desierta: Séptima de Bruckner por Karajan (1989)


Anton Bruckner: Symphonie No. 7
Wiener Philharmoniker - Herbert von Karajan

Deutsche Grammophon 439 037-2 (Karajan Gold)

Grabado en abril de 1989

Convergen en esta grabación varios aspectos digamos "históricos" de mi afición por la buena música. En mis tiempos de novato (¡andá! ¿Acaso han terminado?) Karajan y el sello amarillo eran sinónimo inmediato de calidad. Daba igual que interpretase una sinfonía de Beethoven, un poema sinfónico de Liszt, una suite orquestal de Grieg o incluso ¡una misa de Bach! Más adelante, cuando entré en contacto con el mundillo de quienes gustan de esta música, descubrí que Karajan tenía casi más detractores que seguidores (e incluso llegué a pensar que había algunos que hacían sinónimo de ser "entendido" el meterse con D. Heriberto). Que si soberbio, que si ponía antes el lujo sonoro que la profundidad, que si endiosado, que si pilotaba su mismo avión e iba siempre a toda pastilla con un deportivo... Y hasta su pasado nazi. Sin embargo, siempre se alababa una primera época, antes de hacerse con las riendas de la Filarmónica de Berlín, en la que había hecho grandes cosas dignas de ser recordadas y, sobre todo, escuchadas.

Pues ni tanto ni tan calvo. Karajan tuvo grandes logros a lo largo de toda su carrera, junto con otras interpretaciones grabadas que fueron más producto de la mercadotecnia que nada. Sea como sea, no creo que las casas discográficas con las que trabajó, y especialmente Deutsche Grammophon, tengan nada que reprocharle...

La grabación de la que hoy hablo es una clara muestra de que Karajan no olvidó el buen hacer una vez pasados los años 50. Se trata de lo último que registró, una Séptima de Bruckner intensa y emocionante dirigida en la Gran Sala de la Musikverein de Viena en abril de 1989, tres meses antes de su muerte. Siendo la séptima una de las sinfonías que más me agradan del maestro de Ansfelden, siempre escucho esta grabación con enorme placer, pues quizá sea mi favorita (junto con la de Celibidache en Múnich, la que más me gusta de entre las interpretaciones brucknerianas del maestro rumano).

Mi relación con Bruckner también es curiosa, puesto que vino casi por casualidad. He de confesar que se debió a una efusión mahleriana y ello a pesar de que yo rechazo ese emparejamiento Bruckner-Mahler que suele ser tan habitual. A medida que me compraba más discos de Mahler leía más sobre Bruckner y recuerdo que en una ocasión vi en cierta revista, a propósito de la enésima grabación de alguna obrita menor pero muy popular, que era imposible encontrar una séptima o una octava de Bruckner fuera de las integrales que ya había en el mercado ("para millonarios" se decía entonces). Lo bueno fue que precisamente las dos primeras sinfonías de Bruckner de las que compré grabaciones fueron una séptima y una octava...

29.6.07

Raros y rarezas: Henri Duparc


La autocrítica es buena, aunque en algunos casos se exacerba tanto que aniquila. Conocido es el caso de Sibelius y la (más que probable) destrucción de su octava sinfonía. También las anécdotas de Brahms rompiendo sus manuscritos tras interpretar obras de sus ídolos. Pero quizá el caso más extremo sea el de Henri Duparc, un compositor que tal vez suene mucho entre los amantes de la mélodie (la forma francesa de lied, con cultivadores tan célebres como Saint-Saëns, Fauré, Debussy o Poulenc), pero que pasa desapercibido para el gran público.

Caso raro y curioso el de un autor que por apenas 17 canciones conservadas se haya hecho con un hueco en la historia de la música y sea de cita imprescindible cuando se habla de mélodies. ¿Equiparable a Webern o Varèse? Si nos atenemos a la importancia relativa de una obra tan breve, ¿por qué no?

Marie Eugène Henri Fouques-Duparc nació en París el 21 de enero de 1848 (el "acortamiento" de su nombre fue aconsejado por un editor musical) y estudió en un colegio de jesuitas donde el profesor de música era Cesar Franck. El gran compositor franco-belga fue quien animó a Duparc para estudiar música al vislumbrar su enorme talento, ya que él estaba más interesado por el derecho que por los pentagramas.

Franck llegó a considerarle el más dotado de sus alumnos; una visita a Múnich en 1870 junto con Saint-Saëns para asistir a una representación de Die Walküre le ganó para la causa del wagnerismo.

En 1875 compuso su poema sinfónico Léonore, que ha quedado como su única obra orquestal. Destruyó gran parte de lo que compuso y además dejó de escribir música a los 35 años. Una extraña enfermedad nerviosa le fue dejando ciego poco a poco y pasó los últimos años de su vida sumido en una especie de resignación religiosa que incluyó varios viajes a Lourdes en busca de un milagro que le restituyese la salud. Murió en Mont-de-Marsan el 12 de marzo de 1933. Lo mejor de su música lo había escrito entre 1869 y 1884. Dejó escrito: La pérdida de mi vista y de lo que ha sido mi vida -música y pintura, sobre todo la música- es una pena tal para mí que sólo Dios puede consolarme por ello dándoseme a Sí mismo: eso es lo que ha hecho y, lejos de reprocharle nada, le doy gracias. Los gozos de la música no son nada en comparación con la paz que Él da. Y además, los ojos del alma ven cosas más elevadas que los del cuerpo...

Ejemplos en el foro.

15.6.07

Un repaso a mis ídolos: Anne Sofie von Otter


Mi admiración por la gran mezzosoprano sueca Anne Sofie von Otter es relativamente reciente. Si embargo su maravillosa voz y, sobre todo, su gran versatilidad la hacen para mí merecedora de formar parte de este mi Olimpo particular.

Nacida en Estocolmo el 9 de mayo de 1955, es hija de un diplomático, por lo cual viajó mucho en su infancia. Sus estudios musicales los realizó en Gran Bretaña. Su carrera profesional comenzó en 1983, en la ópera de Basilea, con un repertorio que ya empezaba a ser amplísimo, de Händel a Humperdinck, de Gluck a Richard Strauss. Su relación profesional con el director John Eliot Gardiner es la "culpable" de su participación en numerosas representaciones y grabaciones de óperas barrocas y del primer clasicismo.

También es una consumada intérprete de lieder (entre otros, perfeccionó su técnica con Geoffrey Parsons) y en sus primeros años de carrera no tuvo inconveniente en exprimir al máximo su voz, de un rango que le permitía llegar a registros muy agudos. Sin embargo, ella misma ha reconocido que estos "excesos" han perjudicado su voz y poco a poco ha ido desterrando tales prácticas.

En definitiva, nos encontramos ante una de las pocas cantantes que puede interpretar igual de bien un madrigal de Monteverdi, un papel operístico de Händel, Gluck o Mozart o un lied de Grieg, Mahler o Alban Berg. Un prodigio.

En el foro os pongo algún ejemplo.

5.6.07

Raros y rarezas: Scriabin

Parece ya una tradición encabezar los mensajes de este tipo por un "¿raro Scriabin?" No, Scriabin no es un compositor que me parezca "raro" por ser poco conocido (aunque tampoco sea el más famoso del mundo), sino por lo "rarito" que llegó a ser como persona.

(Y no, no me he confundido con la foto que encabeza este texto, es que como el rostro de Scriabin está ya algo visto, he preferido poner aquí a su sobrina nieta Nicole)

Estricto contemporáneo de Rajmáninov, Alexander Scriabin nació en Moscú el 6 de enero de 1872; ambos fueron discípulos en el Conservatorio de Arensky y Taneyev. Fue un pianista excepcional cuya carrera se vio en cierto modo marcada por una temprana lesión en la mano que le hizo temer que tuviera que abandonar. A quienes sí abandonó fue a su mujer y a sus cuatro hijos para fugarse con una admiradora y viajar por Europa. A la vez, abrazó las exóticas y extrañas ideas teosóficas de Mme. Blavatsky, que marcaron su vida y su música.

Scriabin pasó de ser un compositor netamente influido por Chopin a crear un lenguaje propio y con grandes pretensiones. Creyó estar situado en una especie de centro del universo desde el que tenía que crear una obra que ayudase a los hombres a ponerse en contacto con la divinidad. Su último proyecto, que su muerte truncó, era una obra colosal que iba a llamar Mysterium, que comenzaría con algo así como un "repique de campanas sobre el Himalaya" y duraría siete días.

Esta y otras megalomanías han llevado a algunos a escribir, con respecto a Scriabin, que "el límite entre el genio y la locura es muy tenue". Sin embargo, parece que eso no se aplica a algún que otro creador que también escribe obras que duran siete días y que incluyen cuartetos de cuerda tocados desde helicópteros... Pero ya lo decía el poeta: "En este mundo traidor / nada es verdad ni es mentira / todo es del mismo color / del cristal con que se mira..."

Hasta podríamos calificar como "extraña" su muerte, que se produjo prematuramente en Moscú el 27 de abril de 1915, pues se debió a una septicemia contagiada por una mosca que le picó en el labio...

Haciendo abstracción de estas extravagancias, Scriabin es un compositor sumamente interesante, especialmente en su obra para piano donde se aprecia una enorme evolución desde un romanticismo chopiniano hasta una sensualidad y un éxtasis que algunos han situado dentro del impresionismo. En sus últimas obras Scriabin traspasó la frontera de la atonalidad, pero lo hizo de una forma tan tenue, tan suave, que yo me atrevería a recomendársela a aquellos que, sin estar acostumbrados, tengan curiosidad por saber cómo suena la música totalmente cromática. De todos modos hay quien opina que nunca cruzó el límite, sino que creó una suerte de nuevo sistema basado en un acorde que él llamó "místico" (do-fa sostenido-si bemol-mi-la-re).

No terminaré sin agradecer a mi amigo Enrique (Scriabinian) el haberme hecho descubrir la obra de este creador único.

Algún ejemplito pondré en el foro.

25.5.07

Del 10 al 1: Beethoven


Y con Beethoven termino este repaso "del 10 al 1" que casi me ha llevado dos añitos. Beethoven es el tercero en la lista, pero el primero en mis preferencias. ¿Por qué? Contestar a eso sería como encontrar la solución al tópico dilema "¿a quién quieres más, a mamá o a papá?"

Mis primeros discos fueron un grupo de siete comprados en algo semejante a esas mesas que en las rebajas se ven rodeadas de señoras a la busca de gangas que no se andan con chiquitas. Era una oferta de "7 discos 100 pesetas", y entre esos siete había cuatro de Beethoven, que aún conservo. Eran la 5ª dirigida por Hans Swarowski, un notable maestro de directores no tan notable como director él mismo y la 9ª por Horenstein, tan revalorizado últimamente. Ambos discos son del sello Marfer, ligado a una célebre y desaparecida cadena de tiendas de discos llamada MF, que los de mi edad tal vez recordarán con cierta nostalgia. Además, una 3ª y una 5ª por directores "ficticios" que aún no he podido averiguar de quién son en realidad, aunque podría tratarse de Eugen Jochum. El sello es Doblón.

Con esos comienzos no fue difícil colocar a Beethoven en el centro de mi afición. Creedme si os digo que me llevé un disgusto cuando vi que Mozart le superaba en número de obras dentro de mi fonoteca. Para mí era hasta entonces como la Basílica de San Pedro, que marca lo más grande que puede ser un templo católico. Nadie podía estar mejor representado que Beethoven... Pero bueno, no hay torre que por muy alta que sea no acabe cayendo. Y, en todo caso, el número total de obras es un dato muy engañoso, como dije al comenzar esta serie. Tener casi 200 obras de Bach puede parecer mucho, pero no lo es si se compara con las 1.200 que componen su catálogo. Sin embargo, tener 32 obras de Webern, 11 de Varèse ó 19 de Mahler puede significar casi el 100% de su producción.

Cuando me planteé escribir este mensaje me propuse no decir nada de Beethoven. Y lo he conseguido. Como curiosidad, terminaré con la situación de este "cuadro de honor" tal y como está hoy, 25 de mayo de 2007. Ha habido algunos cambios:

1- Mozart (326)
2- Haydn (274)
3- Beethoven (255)
4- Bach (196)
5- Schubert (146)
6- Poulenc (144)
7- Fauré (106)
8- Reger (101)
9- Brahms (98)
10- Händel (93)

(Se cayó Schumann y entró Reger...)

16.5.07

¿Compuso Holst algo además de "Los planetas"? (Raros y rarezas)


Muchos son los compositores a los que sólo se conoce por una obra y esa celebridad oscurece el resto de su producción. Uno de los casos más claros es el de Gustav Holst, el autor de la celebérrima suite Los planetas.

Ni que fuese lo único que escribió. Ni siquiera es, para muchos comentaristas, lo mejor que escribió.

Holst nació el 21 de septiembre de 1874 en Cheltenham, Inglaterra, en el seno de una familia de músicos de origen ruso-germánico, concretamente de la ciudad de Riga que, aun perteneciendo a Rusia albergaba una importante colonia de origen alemán. Su bisabuelo fue músico de la corte imperial rusa. Las primeras lecciones musicales las recibió de su padre, Adolph Holst, que era profesor de piano. Además de en ese instrumento también le enseñó a tocar el violín y el trombón. En 1893 ingresó en el Royal College of Music; allí conoció a Vaugham Williams, con quien estableció una duradera amistad. Entre 1898 y 1903 trabajó como pianista de ensayos en la compañía de ópera Carla Rosa; posteriormente los puestos que ocupó fueron sobre todo docentes. También realizó numerosas giras por el extranjero. Murió, a causa de una úlcera duodenal, en Londres el 25 de mayo de 1934.

La mala salud (una neuritis en el brazo) le impidió seguir una carrera como concertista. Fue un compositor de evolución lenta y sólo alcanzó la madurez como tal pasados los 40 años de edad. Se interesó por la filosofía oriental y la literatura sánscrita, que influyeron poderosamente en muchas de sus obras.

De su matrimonio con Emily Isobel Harrison tuvo a su hija Imogen (1907-1984), que se convertiría en catalogadora de la obra de su padre, pero también en su crítica más implacable; llegó a impedir en ocasiones que se grabaran e incluso se sacaran del olvido diversas obras de Gustav que no merecían su aprobación.

En mi fonoteca poseo grabaciones de 18 obras de Holst. Yo recomendaría prácticamente todas, pero si hubiese que seleccinar sólo dos de ellas, me quedaría con Egdon Heath, Op. 47/H. 172, de 1927 y, sobre todo, con The Hymn of Jesus, Op. 37/H. 140, de 1917, que para muchos es su obra maestra.

Más información y algún ejemplo en el foro.

10.5.07

Los discos de la isla desierta: Rajmáninov por Byron Janis


Byron Janis: Rachmaninoff: Piano Concerto no. 2 - Piano Concerto no. 3
Antal Dorati - Minneapolis Symphony Orchestra - London Symphony Orchestra
Prelude in C-sharp minor - Prelude in E-flat major

Mercury Living Presence 432 759-2

Grabado en 1960-61

Rajmáninov es un compositor "atípico", que siguió utilizando un lenguaje plenamente romántico bien avanzado el siglo XX. Según su propia definición, no pertenecía "ni a su tiempo ni a su país", aunque lo segundo habría que verlo. La nostalgia del exiliado marca profundamente su obra, de eso no hay duda.

El Segundo Concierto para piano, junto con la Rapsodia Paganini tal vez sean sus obras más célebres. Sin embargo, de sus cuatro conciertos mi preferido es el denso Tercero; el comienzo de este concierto es uno de los más memorables de los que he escuchado (y no son pocos).

Por eso he querido poner en esta sección de los discos de la isla desierta una grabación que me gusta especialmente de este Tercer concierto de Rajmáninov. Se debe a un pianista que no es muy conocido para el aficionado medio, Byron Janis, que tal vez merecería más fama aunque sólo fuese por lo interesante de su vida.

Janis nació en Pennsylvania en marzo de 1928 y se puede decir que fue un "niño prodigio", pues su primera actuación pública tuvo lugar en la radio cuando sólo tenía cinco años. Tuvo varios maestros; el más célebre de todos fue Vladimir Horowitz, que lo tomó bajo su tutela (fue su primer alumno) de una forma curiosa porque no fue el principiante quien fue a buscar al maestro, sino al revés. El 20 de febrero de 1944 Janis tocó el Concierto nº 2 de Rajmáninov con la Orquesta de Pittsburg (a la que dirigía un joven de 14 años llamado Lorin Maazel) y entre la audiencia estaba el gran pianista, que pidió al joven talento que estudiase con él.

Tras su primer recital en el Carnegie Hall, en 1948, empezó su carrera internacional; uno de sus puntos álgidos tuvo lugar en 1960, cuando se convirtió en el primer artista estadounidense en traspasar el "telón de acero" al viajar a la URSS en el marco del primer programa de intercambio cultural entre ambos países (programa que también supuso, por ejemplo, que Sviatoslav Richter se presentase en Estados Unidos y realizase allí su mítica grabación del Segundo Concierto de Brahms con Chicago y Leinsdorf). Volvió en 1962 y allí se realizaron las primeras grabaciones hechas totalmente por técnicos y equipos norteamericanos en la Unión Soviética, técnicos y equipos del sello Mercury (hoy propiedad de Universal por medio de Philips), que también es el editor de la grabación que nos ocupa.

También realizó labores de investigación musicológica y se le debe el descubrimiento de varios manuscritos inéditos de Chopin en Francia y Estados Unidos. Su carrera se ha visto muy afectada por la enfermedad: una artritis psoriática que padece desde 1973 y que le afecta a las articulaciones de muñeca y dedos; en 1985 la Primera Dama de los Estados Unidos, Nancy Reagan, le presentó como embajador para las artes de la Fundación de la Artritis.

Actualmente vive en Nueva York, junto con su esposa, la pintora María Cooper Janis, hija del gran actor Gary Cooper. Su página Web oficial está en construcción. Tal vez pronto se pueda encontrar allí jugosa información sobre él y sus actividades.

Os espero en el foro.

27.4.07

Rostropovich


Desaparece otra gran figura musical. Justo el día que cumplía 80 años y un mes ha muerto en Moscú uno de los mejores violonchelistas del siglo XX, más que un músico, un símbolo de la disidencia ante el régimen soviético, que le llegó a despojar de su nacionalidad. Pero al margen de la política, un tañedor de un instrumento de sonido cálido, envolvente como la caricia de una abuela, gran intérprete de las piezas más habituales de su repertorio y promotor también de nuevas obras que encargó a músicos contemporáneos. Dejémonos de frases hechas y disfrutemos de su legado discográfico. Es en estos momentos en los que uno se alegra de que existan las grabaciones...

En el foro encontraréis un pequeño homenaje.

25.4.07

Las sinfonías de Beethoven: la Novena (y III)


Con este mensaje no sólo termino los comentarios sobre la Novena Sinfonía de Beethoven, sino todo el ciclo de las sinfonías de nuestro genial sordo. Pensaba hacer una especie de descripción de la obra, pero luego he pensado que sería algo fútil por lo conocida que es y porque yo no soy quién para describir piezas musicales (eso ha de ser tarea de alguien que sepa). Así que he pensado que no habría mejor colofón que lo siguiente, unas imágenes que aunque sean muy conocidas creo que vienen perfectas. Se trata de los últimos compases de la Novena, en una filmación que data probablemente del 19 de abril de 1942. Un documento impresionante, repleto de heridos de guerra, de jerarcas nazis, pero sobre todo de música. Una muestra de la velocidad enloquecida que Furtwängler imprimía al final de esta obra:


No quiero terminar sin un agradecimiento a mi amigo Antonio (Alkazaba); tal vez él no lo recuerde, pero fue quien más me animó para llegar al final de esta serie de las sinfonías de Beethoven.

Como siempre, habrá algún ejemplo en el foro.

9.4.07

Raros y rarezas: el piano de Sibelius

Este año se conmemora el cincuentenario de la muerte de Jean Sibelius y por eso no está de más hablar de él en esta sección aun cuando ya había aparecido en un mensaje anterior, a causa de su "exótico" bolero, música difícil de relacionar con un compositor tan nórdico.

Hablando de relacionar, a Sibelius siempre le recordamos como un gran compositor para la orquesta. Sus sinfonías, sus poemas sinfónicos y su concierto para violín son bastante conocidos para el aficionado medio. Sin embargo, otros aspectos de su producción permanecen ocultos. Sus numerosos lieder, sus cuartetos o su música para piano no son tan habitualmente escuchados. Especialmente esta última, quizá algo "problemática".

Problemática porque de ella se dice que está escrita por un compositor que siempre tenía la orquesta en mente a la hora de escribir música. Hay quien opina, pues, que sus piezas para piano parecen más bien transcripciones de obras orquestales más que obras pensadas para ese instrumento.

Sibelius era violinista; el piano no era su instrumento. Sin embargo se le deben más de cien piezas para teclado. Si bien no siempre consiguió que la calidad de estas obras fuese elevada (muchas las escribió meramente por motivos económicos -cierta vez le dijo a su hija que las componía para que "en su pan hubiese también mantequilla"-, para vendérselas a editores locales con la esperanza de que no salieran de su país), algunas de ellas eran para él dignas de ser recordadas e intentó que contuvieran un estilo elevado. Y a pesar de que tuvo esperanzas de que estas composiciones al final lograsen algún tipo de consideración, no fue así y siguen siendo una rareza dentro de su ingente obra.

Si queréis alguna muestra, os espero en el foro.

27.3.07

Los discos de la isla desierta: el "Barbazul" de Süsskind


The Finest Records Of Walter Süsskind Vol. 1. Béla Bartók: Bluebeard Castle: Hellwig-Koreh; Wooden Prince; Cantata Profana: Lewis-Rothmüller. New Symphony Orchestra and Chorus of London

Arlecchino ARL 81-82 (Great Forgotten Conductors)

Grabado en 1953

Cuando leí sobre esta versión que era uno de los grandes logros del mundo de la ópera grabada junto con el Tristán de Furtwängler-Flagstad y la Tosca de de Sabata-Callas, me lancé a buscarla como loco. Me costó: el sello es raro, de distribución errática y debía de estar descatalogado desde tiempo inmemorial. Sin embargo lo conseguí y ha sido uno de mis mayores logros de audiófilo compulsivo, más aún cuando la adqusición vino en plena fiebre Bartók.

El húngaro era un compositor de los que me daba miedo, en la época en la que toda disonancia me daba pánico. Sólo leer la palabra "percusión" en el título de alguna de sus obras importantes ya me echaba para atrás. Sin embargo, cuando, de la mano de Furtwängler y su grabación con Menuhin del segundo concierto para violín, me lancé sobre la música de Bartók no pude dejarlo. Hoy lo puedo contar entre mis compositores favoritos y, dentro de su obra, su única ópera es también una pieza de las que más aprecio. Una de sus escasas composiciones dramáticas, centrada, como las otras (El mandarín maravilloso, El príncipe de madera) en el aislamiento y la soledad del hombre, el drama de alguien que aunque no lo desee siempre habrá de estar solo. Barbazul parece haber encontrado la felicidad con Judith y a cambio de darle todo sólo le pide que no quiera saber nada, pero su curiosidad la puede y al final provoca su desgracia y la de Barbazul.

Es una obra breve, en un acto, dividida en un prólogo hablado y una acción que se centra en la apertura por Judith de diferentes puertas del castillo, en cada una de las cuales se va encontrando un aspecto de la personalidad de su esposo, cada vez más terrible. Especialmente emocionante es la apertura de la quinta, cuando la orquesta libera toda la tensión acumulada hasta entonces tapando el grito entre asombrado y pavoroso de Judith. Finalmente, ésta ha de acompañar, tras abrir la última puerta, a las otras esposas de Barbazul dejándole desolado.

Cuando me llegó el disco me llamó la atención que perteneciese a una serie dedicada a "directores olvidados". No es que me sonase mucho el nombre de Süsskind, pero ¿cómo era posible que un director "olvidado" hubiese firmado esta magnífica grabación? Tal vez porque fue el típico "currante", alejado del divismo de otros. Nació en Praga el 1 de mayo de 1918; estudió composición con Josef Suk y Alois Haba y piano con Karel Hoffmeister. Compartió con Georg Szell la dirección de la Orquesta de la Academia Alemana de Música de la capital checa; Süsskind recibió una enorme influencia del gran director húngaro, al que le unió una duradera amistad. La presentación de Süsskind como director tuvo lugar en la Ópera Alemana de Praga con La Traviata, en 1934. En 1938 huyó de Checoslovaquia y se estableció en Londres, donde actuó como músico de cámara y en 1941 volvió a la tarea de director. Desde 1945 Walter Legge le llamó en repetidas ocasiones para realizar grabaciones con grandes solistas como Ginette Neveu, Arthur Schnabel o Szymon Goldberg, sin embargo le relegó al papel de acompañante de grandes cantantes o instrumentistas. Fue en otros sellos donde realizó algunas grabaciones antológicas, como la que aquí comento.

Entre 1945 y 1952 trabajó en Australia y en 1956 se le nombró director de la Orquesta Sinfónica de Toronto, que convirtió en uno de los mejores conjuntos de América del Norte. Su último cargo fue el de director de la Sinfónica de St. Louis, entre 1968 y 1975. Murió prematuramente, en Berkeley, el 25 de marzo de 1980.

Para esta grabación, cuyo ingeniero de sonido no fue otro que Peter Bartók, hijo del compositor, Süsskind eligió dos grandes cantantes. Endre Koreh (1906-1960) fue, junto con Mihály Szekely el mejor Barbazul del siglo. La cantante eslovaca Judith Hellwig (1906-1993) parecía una apuesta más arriesgada; era una cantante cuyo nombre aparecía con frecuencia en papeles wagnerianos secundarios y además no conocía el idioma. Sin embargo, finalmente se mostró como la mejor Judith, insuperada hasta la fecha.

Más información en el foro.

12.3.07

Un repaso a mis ídolos: Dietrich Fischer-Dieskau


Resulta curioso que a estas alturas el nombre de Dietrich Fischer-Dieskau sea el que más abunda entre mis discos. Más que nada porque en principio los repertorios en los que él se maneja no eran precisamente los que más frecuentaba yo. El lied no era la forma musical que más me interesaba, pero cuando empezó a hacerlo era irremediable que el mejor cantante de lieder del siglo XX empezase a repetirse en las diferentes obras que yo iba conociendo.

En la era del vinilo fue cuando entré en contacto por primera vez con él; fue en concreto en un doble álbum que contiene la 7ª sinfonía de Mahler y, de "relleno", unos Kindertotenlieder dirigidos por Karl Böhm (un director que creo no se prodigó mucho con D. Gustav) y cantados con la exquisitez habitual por Fischer-Dieskau. Después, cuando empecé a profundizar en la creación liederística de compositores como Schubert, Schumann, Brahms o Wolf, el referente fue siempre D. Dietrich. Porque nadie mejor que él ha cantado el lied germánico, de Schubert a Berg.

Pero no todo queda ahí. También en la ópera dejó su impronta, especialmente también en la germánica. Mozart, Beethoven, Schumann, Wagner, Richard Strauss, Berg... En las obras para la escena de estos grandes compositores también es irremediable la cita a Fischer-Dieskau como uno de sus más finos intérpretes, ya como el conde de Le nozze di Figaro, como el Don Fernando de Fidelio, el Siegfried de Genoveva, el Wolfram de Tannhäuser, el Telramund de Lohengrin, el Kurwenal de Tristan, el Hans Sachs de Die Meistersinger, el Anfortas de Parsifal, el Robert Storch de Intermezzo o el Olivier de Capriccio, por solo citar papeles que le he escuchado cantar. Como tampoco se puede eludir su grandiosa entrada en la grabación de la 9ª de Beethoven dirigida por Ferenc Fricsay y que cité en la entrada anterior de esta bitácora.

Su amplísimo repertorio no le impidió dedicarse asimismo a otros menesteres como la dirección orquestal. Sobre este aspecto se suele contar una conocida y graciosa anécdota que le sucedió con el gran Otto Klemperer. Fischer-Dieskau invitó al anciano maestro a un concierto en el que iba a actuar como director. D. Otto le contestó: "lo siento, no puedo ir porque tengo que ir a otro concierto a cantar el Winterreise". Zapatero a tus zapatos...

Unos breves datos biográficos, como es habitual, tomados de AllMusic. Nació en Berlín el 28 de mayo de 1925. Comenzó sus estudios de canto en 1941, pero poco después tuvo que ingresar en la Wehrmacht. Fue prisionero de guerra dos años y cuando volvió a Alemania dio comienzo a su carrera de cantante. Su primer papel operístico fue el de Posa, en el Don Carlo de Verdi. Entró en la plantilla de la Ópera de Berlín y apareció como artista invitado en numerosos teatros de ópera; su relación con Bayreuth data casi de la reapartura de los festivales y se prolongó casi diez años.

En 1948 dio su primer recital de lieder, con una interpretación del Winterreise y también comenzó su relación con Gerald Moore, tal vez el mejor pianista acompañante del siglo pasado, aunque no se puede decir precisamente que Fischer-Dieskau fuese un cantante de un solo pianista. Nombres como los de Barenboim, Richter, Ashkenazy o Demus también están ligados a él y a sus grandes interpretaciones.

Más información y ejemplos en el foro.

6.3.07

Los "discos de la isla desierta"


(Se me acaban las secciones. Sólo queda un mensaje de "Las sinfonías de Beethoven" y el próximo "Del 10 al 1" será el último. Así que me tengo que inventar otras...)

Hace años, cuando empecé a participar en foros de música clásica en la Red, me llamó la atención que muchos contertulios nuevos parecían sentir la obligación de estrenarse en tales ágoras con el tópico "¿qué discos os llevaríais a una isla desierta?" Pregunta a la que muchos, con cierta guasa, contestaban que para qué querían esos discos sin un generador eléctrico y un equipo de música...

Sea como sea tanto en los foros como en alguna publicación especializada se suele tener la costumbre de preguntar por esos discos favoritos, lo que en ese lenguaje hortera que se disfraza de culto se llama un "must have". Yo tengo muchos y creo que no estará mal compartir ese gusto con quienes quieran leer estos garabatos. Y como creo que es mejor no perderse en preámbulos, empezemos con uno, que no elijo de forma casual, sino que se corresponde con una de mis versiones favoritas de la que tal vez sea mi obra favorita de mi compositor favorito:


Ludwig van Beethoven: Symphonie No. 9; Overtüre "Egmont". Dirigent: Ferenc Fricsay; Berliner Philharmoniker; Irmgard Seefried - Maureen Forrester - Ernst Haefliger - Dietrich Fischer-Dieskau; Chor der St.-Hedwigs-Kathedrale

Deustche Grammophon 463 626-2 (The Originals)

Grabado en 1958

Ya os digo: una versión impresionante de la Novena. La Filarmónica de Berlín ya estaba en plena era Karajan, pero aún tenía muy reciente a Furtwängler, para quien la interpretación de esta obra era una especie de oficio litúrgico. El sonido es extraordinario, cuando el estéreo, si bien reciente, ya estaba bien consolidado (no siendo en mentes como la de Walter Legge). La verdad, sólamente por poder escuchar cómo hace Fischer-Dieskau el recitativo inicial (O Freunde, nicht diese Töne) ya merece la pena la compra de este disco. A más de uno he leído que esa entrada parece hecha con la "voz de Dios".

Además este disco tiene un complemento muy interesante: una de las mejores y más dramáticas oberturas de Beethoven, la de Egmont.

19.2.07

Del 10 al 1: Mozart


Con esta entrada debería terminar mi repaso a los diez compositores de los que tengo más obras en mi fonoteca, pero quien siga estos garabatos sabrá que hice trampa y este mensaje es el penúltimo de su clase (acabaré con Beethoven, que ocupa el tercer lugar de esta peculiar escala).

Mozart es el compositor del que más obras tengo. En concreto son 326, lo cual en realidad supone poco más de la mitad de las registradas en el catálogo Köchel (626). Tampoco es que sean realmente 326, pues muchas veces un solo número del índice incluye más de una obra. Sea como sea, Mozart es el nombre que más abunda en mis estanterías.

¿Quiere esto decir que sea mi compositor favorito? No necesariamente; hay compositores que fueron mucho menos prolíficos y quizá, en proporción, están mejor representados. Sí es cierto que siempre incluiría a Mozart en esas absurdas listas que de vez en cuando se piden... Sí, ésas de "¿cuáles son tus cinco compositores favoritos?" Por otra parte, a poco que uno sea un discófilo empedernido y guste de este tipo de música, difícil será que Mozart no ocupe un lugar importante en sus anaqueles.

En la foto que encabeza este texto aparece el primer disco que me compré de Mozart (además de algunos de los libros que sobré él repaso de vez en cuando): las dos últimas sinfonías dirigidas por Fricsay. De Mozart también es el último disco de vinilo que adquirí (en concreto uno que lleva la kleine Nachtmusik y la serenata Corneta de postillón dirigidas por Böhm).

Releo lo escrito y veo que estoy desvariando: lleno la pantalla de letras sin decir nada. Pero es que hablar de un músico tan archipopular es difícil. O se escribe una biografía enorme o mejor no decir nada. O dejar hablar a la música. Para eso, ya sabemos que tengo el mini-foro.

Aunque al menos dos datos biográficos daré, aunque sólo sea por no perder la costumbre. Nació en Salzburgo el 27 de enero de 1756; su padre, un consumado violinista que escribió un tratado sobre este instrumento muy valorado en su época, sacrificó su carrera por el genio de su hijo. Viajaron por toda Europa mostrando la increíble capacidad de Mozart para interpretar y componer música; en Londres conoció a Johann Christian Bach, una de sus principales influencias.

En Salzburgo trabajó para el arzobispo Colloredo, soberano de la ciudad, siempre de mala gana y siempre procurando viajar (en uno de estos periplos murió su madre, en concreto en París y en 1778). Hasta que salió del servicio del arzobispo, en 1781 y con "una patada en el culo", no se sintió libre.

Marchó a Viena, donde se casó en 1782, y en contra de los deseos de su padre, con Constanze Weber, a la sazón hermana de Aloysia Weber, el verdadero amor de la vida de Mozart. En Viena vivió por libre, aunque siempre pasando privaciones debidas a la mala cabeza de ambos cónyuges. Murió pobre y solo en la capital imperial el 5 de diciembre de 1791.

6.2.07

Raros y rarezas: Alexander von Zemlinsky


Quizá empieza a ser más conocido ahora, pero hasta hace no muchos años el compositor austríaco Alexander von Zemlinsky estaba casi completamente olvidado. Creo que es una gran injusticia, pues no sólo se trata de una figura musical que se relacionó muy íntimamente con algunos de los nombres que sí que suenan mucho de la vida musical de principios del siglo XX, sino que se le debe una obra que podrían disfrutar hasta aquellos que reniegan de la música más "moderna" (esto es, la del siglo pasado) porbablemente porque creen que se reduce a Schoenberg y seguidores y a las vanguardias posteriores a la segunda guerra mundial, cuyo dogmatismo tanto daño ha hecho a la difusión de la música contemporánea.

Zemlinsky es un compositor tonal, si bien lleva la armonía tradicional hasta sus mismos límites, sin traspasarlos. Es un ejemplo paradigmático de compositor post-romántico, con densas orquestaciones, melodías infinitas y exacerbado cromatismo.

Quizá la difusión algo mayor que hoy en día tiene su obra se deba a una casualidad. James Conlon, que en su etapa como director de la Orquesta Filarmónica Gürzenich de Colonia ha sido un paladín de la música de D. Alexander, que ha grabado con profusión para el sello EMI, descubrió esta música por azar, al poner un día la radio del coche mientras volvía a casa tras un ensayo. Lo que escuchó le fascinó (creo que era el poema sinfónico Die Seejungfrau) y desde ese momento supo que tenía que interpretar esa música.

Como antes he dicho, Zemlinsky tuvo relación con figuras importantes de la vida musical de su época. Schoenberg no sólo fue discípulo suyo, también emparentaron, pues D. Arnold se casó con una hermana de D. Alexander. Esta relación sirvió para unirlos y también para distanciarlos, pues nuestro compositor se metió por medio de los problemas matrimoniales del "inventor" del serialismo, lógicamente tomando partido por la hermana, que al parecer era la culpable de la crisis.

Zemlinsky, que era más feo que un rayo (parece ser que su ópera Der Zwerg es un reflejo de los sentimientos que en él provocaba su aspecto -véase la foto que encabeza este texto-, que "tiraba para atrás" a las damas antes de que comprobasen siquiera que era buena persona), se enamoró de Alma Schindler, que, como sabemos, finalmente se casó con Mahler. Sí, don Gustav quitó la novia a D. Alexander. Un triángulo amoroso que muy bien pudo inspirar otra de sus óperas: Eine florentinische Tragödie que precisamente trata de eso, de un triángulo amoroso formado por la dama, el amante y el marido engañado que finalmente acaba matando al galán y perdonando a la adúltera... Siempre me ha llamado la atención cómo se refleja Zemlinsky en su obra, es uno de los compositores que en este aspecto es más "transparente".

Demos, como siempre, unos breves datos biográficos, adaptados de lo que hay en AllMusic: nació en Viena el 14 de octubre de 1871, en el seno de una familia judía de origen polaco. Estudió en el Conservatorio de su ciudad entre 1887 y 1892. Desde 1895 dio clases de contrapunto a Schoenberg y de esa manera se convirtió en el único maestro que tuvo D. Arnold. En principio se dejó influir por Brahms (que recomendó al editor Simrock la publicación del trío Op. 3 de Zemlinsky). El estreno de su segunda sinfonía (1897) y la representación de su ópera Es war einmal, dirigida por Mahler (1900) le crearon un nombre en la escena musical vienesa.

Compatibilizó la composición con tareas de dirección musical, primero en el Carlstheater de Viena (1899-1906), luego en la Volksoper de la misma ciudad (1906-11), en el Teatro Alemán de Praga (1911-27, allí estrenó, en 1924, la ópera Erwartung, de su cuñado, tras su reconciliación) y el la ópera Kroll de Berlín, donde estuvo a las órdenes de Otto Klemperer. En la capital alemana fue también profesor de la Hochschule für Musik. Lógicamente hubo de marcharse tras el advenimiento del nazismo; volvió a su ciudad natal, en la que permaneció hasta que en 1938 hubo de exiliarse a Estados Unidos. Murió en Larchmont, estado de Nueva York, el 15 de marzo de 1942.

Más información y ejemplos en el foro.