(Foto de Tino Barindelli)
La semana pasada recordé por aquí a otro gran director, Jean Martinon, quien, curiosamente comparte año de nacimiento y muerte con el que traigo hoy a estas líneas. Rudolf Kempe, que vino al mundo en la localidad sajona de Niederpoyritz el 14 de junio de 1910, estudió música en Dresde, de cuya escuela superior salió como intérprete de oboe. Como tal se incorporó a la orquesta de la Ópera de Dortmund y, al poco tiempo, a la Gewandhaus de Leipzig. Su presentación como director fue en 1935 en la ópera de aquella ciudad. Aunque fue movilizado en 1942 siguió dirigiendo los ensayos de la ópera de Chemnitz, de la que fue director después de la guerra. Luego ocupó el mismo cargo en diversos lugares; su carrera internacional comenzó en 1953, cuando se presentó en el Covent Garden, donde volvió en numerosas ocasiones. En el Metropolitan de Nueva York dirigió por primera vez en 1954 y en Bayreuth en 1960. Murió en Zúrich el 12 de mayo de 1976; por lo tanto, acaban de cumplirse 50 años de su partida para el Walhalla.
Y no lo digo por decir; muchos lo consideran un intérprete wagneriano de primer orden. Yo, sin embargo, lo asocio más a Richard Strauss, quizá porque hace bastante tiempo que me hice con la cajita del añorado sello EMI que contenía la grabación de sus obras orquestales completas dirigidas por Kempe. Y eso es lo que os traigo hoy, uno de los poemas sinfónicos más célebres de D. Richard dirigido por D. Rudolf.

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