Retrato de Carl Maria von Weber, por Caroline Bardua
(Alte Nationalgalerie, Berlín)
Esta vez no me equivoco ni tengo dudas. En 2026 se cumplirán doscientos años de la muerte de Carl Maria von Weber, el creador de la ópera romántica alemana y precedente de Wagner en la idea del drama musical como "obra de arte total".
Weber perteneció a una familia de músicos. Su padre, Franz Anton, fue violinista y trabajó en diferentes teatros como director y su prima Constanze, cantante, se casó con Mozart. Carl Maria, nacido en Eutin (en Holstein, al norte de Alemania) probablemente el 18 de noviembre de 1786, estudió, entre otros, con Michael Haydn (en Salzburgo) y el abate Vogler (en Viena). Fue director de la ópera de Praga entre 1813 y 1816 y en 1817 obtuvo el puesto de Kapellmeister real en Sajonia. Esto le permitió emprender las reformas necesarias para lograr que la ópera alemana tuviese la entidad que se le negaba desde las filas de los partidarios de la italiana, para muchos considerada por entonces como el canon del género. Y es que Weber no solo se preocupó del idioma en que se cantase, sino también de aspectos como la escenografía, la iluminación y otras cuestiones menos poéticas como el sueldo que se pagaba a los miembros de la orquesta y la compañía.
Paradójicamente, no voy a ilustrar esta primera entrada dedicada a Weber con algún fragmento de sus óperas, sino con una pieza dedicada a un instrumento que trató muy bien, el clarinete. En concreto, el primer concierto que escribió para él (mejor dicho, para el célebre clarinetista Heinrich Joseph Bärmann), en 1811.

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